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Spleen santafesino y picaresca guaraní

Las novelas cortas ganadoras del Concurso Provincial de Literatura "Ciudad de Rosario" 2012 deslumbran por la conjunción de economía narrativa e intensidad poética

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LA NACION
Viernes 07 de diciembre de 2012
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En los suburbios de la ciudad de Santa Fe, una pareja de jóvenes, Leo e Isa, quiere comprar un Taunus. El negocio no prospera, pero vuelven con Doly, la vieja perra del dueño del auto, para la hija, que ama a los perros. Al mes siguiente, ya separado, Leo alquila una casita con un fondo que da al río, al lado de otra idéntica. Allí vive Nacho, quien una tarde, para vencer las burlas de los amigos, con la excusa de buscar hielo invade la casa semivacía del vecino. La pátina de realismo que recubre los episodios impregna las acciones, las promesas y el paisaje invernal que, como agente de la situación social que los personajes padecen, parece perenne. En Tambor de arranque no hay sol suficiente para entibiar la casa, ni gas conectado ni dinero que alcance. La solución de la crisis matrimonial parece esconderse en objetos materiales, e incluso la palabra de los diferentes narradores se reviste con la muda conciencia de las cosas: "Isa estaba dormida esa noche pero, como estaba diciendo, la canilla del baño no paraba de gotear. Era la única parte de la casa que seguía con vida".

La escritura de Francisco Bitar (Santa Fe, 1981), autor de libros de poesía, avanza por sustracción, raspando el drama de los acontecimientos, sólo retrospectivamente definidos como tales: la separación recién es un hecho en pleno desarrollo del relato; la decisión de Robles de vender el auto, su única propiedad, actúa apenas como canción de cuna de Isa a su madre, en Concepción. Este efecto residual del tiempo comprime la novela en la que, más que los personajes humanos o animales, son las cosas (el Taunus, el vino, la jirafa de plush de Doly, la cubetera de hielo que migra de una a otra casa) las que narran.

El mosto y la queresa, de Mario Castells (Rosario, 1975), cuenta la historia de un donjuán paraguayo en la época previa al ocaso de Stroessner. Con una lengua que entremezcla la fluidez de un español poco ortodoxo con la dulzura del guaraní, el narrador, hermano menor de Emigdio Rivarola, sigue las aventuras del galán de Laureles, pueblo de campesinos y pequeños comerciantes. Enamorado de Reina Irala, la prometida del heredero de Plutarco Toñanez, un tránsfuga capaz de venderle "parcelas" del río Paraná a un coronel paraguayo, Emigdio intenta, con mentiras o armas de fuego, cruzar la frontera de clases. Gracias a la mirada fascinada del niño –que sin embargo comienza a sospechar de la fatuidad de su hermano, de los Irala y del pueblo entero, poblado de bufones que festejan a los tiros la Nochebuena y suscriben cualquier farsa nacionalista–, el montaje de episodios con la voz directa de los personajes, de cartas de amor con digresiones sobre la cultura popular ("en nuestro país no se pondera la cursilería ni causa risa…"), de humor macarrónico con sentencias ("redundar en la suerte es gastarla", "no hay enemigo débil"), el universo de un pueblito perdido en los pantanos adquiere la estatura de un escenario universal.

Tambor de arranque

Francisco Bitar Editorial Municipal de Rosario110 páginas$ 40

El mosto y la queresa

Mario Castells Editorial Municipal de Rosario114 páginas$ 40

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