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Ecoturismo

El despertar de la selva Misiones

Turismo

Un nuevo circuito para atravesar la tierra colorada y descubrir un mundo de helechos, orquídeas, animales diversos y cascadas escondidas, más allá de las cataratas del Iguazú

Por   | LA NACION

PUERTO LIBERTAD.- El púlpito está junto a la puerta de la capilla, del lado de afuera. Tiene vista al río. El cura solía ofrecer misa desde ahí también para los paraguayos, que se sentaban en la colina de enfrente, del otro lado del Paraná. No necesitaba forzar su voz. La acústica es perfecta y, cuando nadie habla, se oye sólo el piropeo de los pájaros y el avanzar lento del agua, barranca abajo.

Estamos en Puerto Libertad, una población de 7000 habitantes a 30 km de las Cataratas del Iguazú. Francisco Bemberg es quien nos recibe en lo que hoy es una reserva natural y también posada, Puerto Bemberg, donde sus antepasados tuvieron la mayor plantación de yerba mate del país. Desde aquí partiremos hacia el interior de Misiones para conocer la porción argentina de la poco promocionada (hasta ahora) selva atlántica, que también cubre regiones de Brasil y Paraguay. El circuito será por bosques protegidos y poblaciones rurales a través de rutas en buenas condiciones y caminos de tierra colorada, para sumergirnos en el llamado corredor verde que, desde agosto último, tiene también una marca turística: la Ruta de la selva misionera-guaraní.

"Todas las selvas tienen algo misterioso, mágico. A diferencia de la amazónica, la nuestra es subtropical, de manera que incluso puede hacer frío algunas noches y las aguas no son de color chocolate, sino cristalinas. La selva atlántica es una de las menos hostiles. Uno se encuentra con cascadas entre los helechos, una imagen mucho más parecida al paraíso que la de una playa en el Caribe", dice el fotógrafo naturalista Emilio White, que oficia de guía por los senderos de esta región. La primera caminata es por un bosque de laurel y guatambú, uno de los tres subambientes de la selva paranaense; los otros son de araucaria, y de palmito y palo rosa.

 
 
Para recuperar especies nativas, en Puerto Bemberg crearon un vivero. Allí, junto a la capilla restaurada (sin misas regulares los domingos, pero con ceremonias de vez en cuando), Robertos Ríos nos convida tereré, preparado con guarapo de caña exprimido en el momento. Ya hace años que él no cruza al Paraguay para cosechar algodón. Casi nadie lo hace, desde que la soja ganó terreno también del otro lado de la frontera. Robertos aporta su conocimiento en plantas endémicas y ayuda con el turismo, que aumenta en la zona gracias a las Cataratas del Iguazú.

El parque nacional recibirá cerca de 1,3 millón de turistas este año. La nueva maravilla natural no tiene problemas de promoción, por eso el objetivo de la nueva ruta turística es potenciar otras zonas de gran belleza y lograr que el turismo se quede más días y beneficie a más comunidades de la región.

En Misiones queda 1,1 millón de hectáreas de selva. En peligro de extinción permanente por los desmontes, aún ocupa gran parte del territorio provincial, desde Iguazú hasta Aristóbulo del Valle. Es un ambiente que pocos asocian con nuestro país -no se cruzan muchos gauchos de a caballo-, pero es un paisaje muy argentino que se puede visitar también en verano.

Entre los ríos Uruguay y Paraná, ofrece parques nacionales y provinciales abiertos al público, como también reservas privadas. Propone caminatas en el bosque, algo de aventura, avistaje de fauna autóctona (hay 450 especies de aves), hospedaje de todos los niveles -incluidos unos diez lodges de selva- y contacto con la cultura guaraní, que se combina con la criolla y la de inmigrantes europeos y de países vecinos.

La región tiene cientos de cascadas, como la Yasí, a 20 minutos en lancha de Puerto Libertad. En el trayecto nos cruzamos con sólo dos canoas de pescadores, casi pegadas a la orilla del Paraguay. Llegamos por un arroyo hasta un pozón de escasa profundidad, para nadar y quedar directamente dentro del salto de casi veinte metros. La ducha es un masaje natural y baño de bienvenida, para sentir la energía de la selva en completa soledad.

Salto en alto

Tiene su carácter doña Helga, quien anda con los cartuchos siempre a mano. "Dos veces yo pregunto: ¿quién anda ahí? Si no contesta, meto bala", dice la mujer y se ríe, mientras señala con sus ojos azules la escopeta que esconde detrás de su ventana.

Llegamos a la colonia Cerro Moreno, muy cerca de Aristóbulo del Valle, en un viaje de dos horas desde Puerto Libertad, principalmente por la RN 14. Camino a la posada, pasamos a buscar dulce de leche por lo de Helga, nieta de inmigrantes polacos como gran parte de la población local. Ella habla español con tonada paraguaya y acento alemán, idioma que recuerda de niña y entiende sin problemas. Sólo le cuesta un poco hablarlo con gente que llega del Viejo Continente: su alemán es tan antiguo que, por ejemplo, no incluye la palabra avión ; en su lugar usa zeppelin.

 
Caminos de tierra colorada. 
 
El secreto de su dulce de leche es la paciencia. Lo hace a fuego lento, con leche que ordeña de sus dos vacas, todos los días. La mujer mantiene la chacra con ayuda de su nieto Maximiliano. Siempre se despiertan a las 6 y, después de unos mates, él va para la chacra y ella alimenta a los animales y limpia la huerta. Con sus patos suele hacer ricas empanadas y si las uvas salen buenas, también prepara unos pocos litros de vino.

La calle de tierra ("picada 15") que pasa por su casa nos lleva directo hasta la posada Tacuapí. En el camino atravesamos prolijas plantaciones de té negro y algunas de yerba. La cocinera, Mónica, nos recibe con chipá y una buena porción de fideos con mandioca. Por senderos de madera vamos hasta las cabañas, metidas en la jungla, pero con vista a un valle del Parque Provincial Salto Encantado.

Con el dueño del lodge, Julio Chapo, bajamos unos 400 metros hasta un arroyo, para una caminata con momentos de aventura. Además de un breve recorrido de canopy, lo más atractivo es meter los pies en el agua y subir por grandes piedras mojadas con ayuda de sogas. Al final, una mesa con frutas y jugos nos sorprende frente a un salto de agua de unos quince metros. También nos esperan más sogas, para hacer rapel junto a la cascada.

El circuito es de dos horas. Queda tiempo para ir hasta Salto Encantado, un parque provincial renovado con miradores y pasarelas para apreciar desde puntos diferentes una caída de agua de más de 60 metros. El salto, como casi todo en la región, tiene su leyenda, en este caso algo shakesperianos: dos jóvenes de tribus enemigas se enamoran; cuando la muchacha muere asesinada, las lágrimas del hombre forman la cascada, hoy visitada por unas cien personas por día. En el lugar abrirán un teleférico a principios de 2013, para ver el cañadón desde el aire.

 
Plantaciones de té. 
 
Un fogón encendido nos espera a la vuelta. Dos músicos combinan polkas con chamamés: el mayor de ellos, con una guitarra; el muchacho, con una verdulera, acordeón con dos hileras de botones que brinda un sonido típico de la región. El momento musical se interrumpe cuando aparece un alacrán junto a nuestros pies y la cocinera nos reta por estar con ojotas en el medio de la selva.

Mónica es de la zona y tiene sus resquemores. "A lo que más miedo le tengo es al yaguareté. Un señor vio uno muy cerca de aquí. Yo no le creía, hasta que me mostró las huellas. Es más peligroso de cachorro, cuando no mata por hambre, sino para aprender", cuenta la mujer. Las posibilidades de cruzarse con uno son escasas: sólo quedan 50 de estos jaguares en toda la provincia. Pero la mujer no deja de tomar sus precauciones. "No hay que confiarse", asegura.

Una gran falla geológica

A 180 km de Aristóbulo del Valle están los Saltos del Moconá, dentro de la Reserva de Biósfera Yabotí. A ellos se llega a través de la RN 14 y la RP 13, que alcanza El Soberbio, una pequeña ciudad con opciones de hospedaje. Por una ruta ahora asfaltada se alcanza el parque provincial Moconá, también en renovación: tendrá pasarelas para ver las cascadas, que hasta el momento sólo pueden apreciarse en lancha-gomón, o desde tierra, pero del lado brasileño (se puede cruzar en lancha de El Soberbio a Porto Soberbo y llegar hasta el parque Estadual Do Turvo).

En dos metros cuadrados de sombra, bajo una lona sostenida por parantes, dos lancheros esperan la llegada de turistas. Ellos están de guardia, ya que los días de semana hay poco movimiento y nosotros llegamos un martes. Los fines de semana y feriados pueden encontrarse hasta siete lancheros, que trabajan en cooperativa y esperan ser incorporadas al proyecto oficial del parque. Por ahora, con hasta veinte años de servicio, cuentan con permisos temporales.

 
La casa de doña Helga. 
 
Bajo el toldo escuchan una radio que transmite en portugués. "Para cualquiera de esta zona es fácil entenderlo", asegura uno los hombres. Junto a ellos están los chalecos salvavidas, colgados de una soga. Se secan enseguida: al sol, la temperatura supera sin problema los 35°C.

El recorrido es de unos veinte minutos río arriba. Navegamos junto a un interminable salto de agua, producto de una falla geológica única en el mundo. Es, sin duda, uno de los mayores atractivos naturales del país. Las cataratas, de unos 10 m de altura (varía según el caudal), se extienden por 3 km del Uruguay. La curiosidad es que no son interrupciones transversales al curso del agua, sino un quiebre del terreno que hace que el río avance en dos niveles. Esa diferencia de altura genera el extraordinario salto longitudinal.

El canal donde navegamos es más profundo de lo imaginado. Alcanza, en algunos lugares, los 150 metros. No es casual que le hayan puesto el nombre moconá los habitantes originarios: significa el que todo lo traga . Hay una piedra en la zona, llamada Bugre, muy especial según los lugareños: no sólo servía para cruzar de lado a lado, sino también para resolver diferencias entre los caciques. Allí discutían, hasta que una caía al agua y perdía. Son leyendas.

El turismo sustentable y la conservación

Cuentan que antes de los desmontes, se podía unir Aristóbulo del Valle (Misiones) con Salvador de Bahía (Brasil) sin abandonar prácticamente la selva. Sólo queda un 25 por ciento de bosque atlántico y sigue en riesgo de desaparecer. La mayor parte de bosque continuo se mantiene en Misiones y eso permite una biodiversidad única, que el turismo puede ayudar a conservar, si lo programan y controlan para que sea ecológico y sustentable.

La Ruta de la Selva, impulsada por la Subsecretaría de Ecoturismo de la provincia, propone recorrer diferentes puntos de seis departamentos y diez municipios, para unir las Cataratas de Iguazú, las ruinas jesuíticas de San Ignacio y los Saltos del Moconá con otros menos conocidos, como los parques provinciales Cuñapirú y Urugua-í, la Reserva Biósfera Yabotí, las minas artesanales de Wanda, la ruta panorámica que une Bernardo de Irigoyen con Andresito (RN 101), la ruta costera Park Way o la reserva privada San Jorge, que ofrece una experiencia selvática inigualable muy cerca de Parque Iguazú por senderos de palo rosa y palmitos.

La ruta abrirá un centro de capacitación en turismo aventura y ecoturismo y una tecnicatura en turismo sustentable para jóvenes mbya guaraníes.

DATOS ÚTILES

Cómo llegar

  • Vuelos. De Buenos Aires a Puerto Iguazú, hay pasajes áereos de ida y vuelta desde $1200. Se puede volar a Posadas, con menos frecuencias.
  • Por ruta. Desde Buenos Aires hay 1287 km hasta Iguazú. Si uno va en ómnibus o avión hasta Iguazú o Posadas, una buena opción es alquilar un auto en una de estas dos ciudades y devolverlo en la otra.
  • Dónde dormir
  • Posada Puerto Bemberg: con desayuno, en temporada alta (hasta el 14/3), desde $625 por persona.La Casa Bemberg (caserón independiente del hotel) cuesta $6750 por noche para seis personas. Más, en www.puertobemberg.com
  • Tacuapí Lodge: la cabaña doble con media pensión, desde $460 por persona. Con pensión completa, desde 510. Hay también cabañas triples y cuádruples. www.tacuapi.com.ar
  • Qué hacer
  • Parque Provincial Moconá: ingreso, 15 pesos adultos argentinos. Paseo en lancha, 70 pesos por persona.
  • Parque Salto Encantado: $ 7. Se llega por la RN 14 hasta el empalme de la RP 220, y por ella hasta el parque.
  • Puerto Bemberg: visita guiada, almuerzo o cena, 430 pesos por persona. La navegación hasta la cascada, $ 340 por persona.
  • Reserva San Jorge: consultar por visitas guiadas, al (3757) 470900.
  • Más información

Subsecretaría de Ecoturismo de Misiones. (376) 4447719. subecoturismomisiones@gmail.com.

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