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Cambios

El presente de la revista porteña

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Artistas que transitaron este género teatral aseguran que mutó en algunos aspectos que la definían, como la presencia del humor político, las jerarquías y la fusión entre los cuadros

Por   | LA NACION

 
 

La revista porteña se inscribe en la historia de nuestro teatro como uno de los géneros genuinamente argentinos. Vio brillar a figuras como Nélida Roca, Nélida Lobato, Zulma Faiad, Adolfo Stray, Alfredo Barbieri, Alberto Olmedo, las hermanas Ethel y Gogó Rojo, Moria Casán, Miguel Ángel Cherutti, Nito Artaza y Carmen Barbieri, entre tantísimas otras, y guarda en su historia un sinnúmero de mitos y leyendas.

 
Moria Casán, junto a Cherutti y Artaza. 
 

Pero pese a que en su apogeo fue sinónimo del teatro popular, los protagonistas y testigos de sus transformaciones aseguran que hoy son pocos, o casi nulos, los espectáculos que respetan todas las convenciones que distinguían al género tradicionalmente.

Sus jerarquías, la presencia del humor político, los grandes despliegues de producción y la fusión entre los cuadros que componen a una obra son sólo algunas de las características de la revista que se disiparon o fueron tomando otras formas con el tiempo y la llevaron a adoptar nuevos elementos que la acercaron, cada vez más, a otros géneros, como el music hall.

 
La vedette tiene varias formas. 
 

"Para mí, la revista tradicional casi no existe más, la que intenta ser revista es music hall arrevistado", observó Moria Casán, en diálogo con LA NACION meses atrás. La vedette y capocómica, que hoy encabeza una revista "con modernidad" junto a Carmen Barbieri, cuenta que surgió de la mano de Carlos A. Petit, "el zar de la revista", en los años setenta y sostiene que lo que define a la revista tradicional son sus jerarquías.

"Había una jerarquización en los elencos: estaban las coristas, que podían llevar la cola destapada, las modelos, que solamente desfilaban y mostraban sus pechos en topless , las bailarinas, que no llevaban las colas destapadas y ponían su virtuosismo. Después, se traen las bluebell girls , que hacían topless sin pezoneras. Luego, dentro de las vedettes, estaban las medias vedettes, que hacían una breve aparición en el cuadro de la segunda vedette. La segunda vedette, que tenía su cuadro y algunos sketchs, y la primera vedette, que tenía el cuadro principal, el sketch principal y el final-explica Casán.- Ahora, esa jerarquización no existe."

La fusión con el music hall

A lo largo de los años, la línea que divide a la revista del music hall se ha vuelto algo más que difusa y casi todas las propuestas de hoy son, en esencia, híbridos.

Pero si bien resulta algo difícil dilucidar las fronteras que la separan del music hall, los puristas de la revista aseguran que son muy distintos en su concepción. Carmen Barbieri, declarada defensora de la revista "clásica", e hija de una leyenda del género, sostiene que "la diferencia entre la revista y el music hall es que la revista es más fusionada". En la revista, según explica Barbieri, "hay una presentación con todo el elenco y un primer cuadro y un final con escaleras, también con todo el elenco". En el mismo sentido, Casán explica: "El music hall es más apiñado, más videoclip. No hay algo de fusión, tiene eso de la dinámica de la televisión, donde pasa de una cosa a otra".

Nito Artaza, un capocómico de larga trayectoria, asegura que en la cartelera porteña "la revista en sí no está" y añade que, a su entender, quien mantiene las convenciones más tradicionales del género es Carmen Barbieri.

 
Las plumas, símbolo distintivo del género. 
 

Pero para Artaza son precisamente esos permanentes cambios en la concepción de los espectáculos los que permiten que el género perdure, aun cuando se aleja de su esencia. El cómico asegura que la modernización de la revista implica incluir nuevas figuras y dinámicas de otros géneros. "Desde el 98 en adelante, mis producciones trataron de modernizarla. Le hemos incorporado la tecnología que teníamos, sobre todo darles un protagonismo mayor a los bailarines y, con la incorporación de Flavio Mendoza, sumamos también la acrobacia-dice-. En su momento, incluso, trajimos a Eleonora Cassano a que haga las coreografías y convocamos a figuras como Graciela Borges y Nicole Neumann, que eran insólitas para la revista."

En su análisis de las transformaciones del género, Artaza atribuye algunos de los cambios a que prevalece la dinámica televisiva: "La revista va a seguir existiendo, siempre y cuando le des una novedad -dice-. Ahora no se puede mantener mucho tiempo un sketch , porque la gente está acostumbrada al ritmo del zapping ".

Humor político: gran ausente

El tipo de humor con fuerte contenido político ha sido uno de los sellos distintivos de la revista, pero también un elemento que progresivamente perdió presencia y fue reemplazado por las referencias y parodias del mundo de los medios y el espectáculo. "La revista tiene que tener humor político y un título político. Hoy se hace muy poco humor político, hay un humor más autorreferencial -asegura Artaza-. Hoy hay un humor más vacío, porque los productores tienen miedo de que no guste el humor político, cuando en realidad debería estar en el tapete la política."

También Moria Casán coincide en marcar la gran ausencia del humor político en la revista actual: "Los tiempos han cambiado, la política ha cambiado y también cambió el humor", observa la vedette.

Los estigmas del escándalo

La ecuación que combina a una gran figura con la chica del momento (en general, surgida de uno o varios escándalos mediáticos) no siempre da los resultados que se esperan y, según algunas de las leyendas del género, esta fórmula ha abonado muchos de los estigmas que persiguen a la revista y que la llevan a ser considerada, por muchos, un género menor.

 
Su último momento de esplendor fue en los años 70. 
 

Frente a los prejuicios, Moria Casán asegura que la revista ha sido "bastardeada" por la propia gente que hace el género. "A mí me parece que se ha basado en el escándalo -opina-. Poner una chica en bikini no es hacer revista."

Pese a que tiende a creerse que los escándalos son casi parte del folclore de este género teatral y que buena parte del éxito de un espectáculo descansa en la vigencia televisiva de las figuras, los productores y creadores que recorrieron el género coinciden en que esto no basta para sostener un espectáculo y que la saturación de la presencia televisiva puede, incluso, jugar en contra.

"La figura que tiene vigencia en televisión tiene que sustentarse también con su actuación en un escenario", asegura Artaza. "Las exigencias para estar en un escenario hoy son muchas: las chicas tienen que actuar, bailar, hacer acrobacia."

Por su parte, Casán asegura: "La gente de teatro va a ver otra cosa. La televisión te puede servir para la popularidad, pero es muy cara la entrada, y la gente no va a pagar para ver algo que ya vio".

 
 

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