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Punto de vista

Gravedad institucional es lo que abunda

Enfoques

Por   | Para LA NACION

Uno de los principales ejes de la primera campaña presidencial de Cristina Kirchner se refería a la calidad institucional. Era su gran promesa. Pero eso sucedió hace cinco años. Con el tiempo la expresión cayó en desuso, digamos que pasó de moda, y apareció otra, que suena muy parecido, aunque significa algo distinto: gravedad institucional.

Ahora la gravedad institucional es el último grito, está por todas partes. Un incauto pensaría que la usan los enemigos de la democracia para menear una supuesta descomposición del sistema y para reponer el lenguaje mesiánico de las proclamas golpistas: "Vista la gravedad institucional.". Pero no. Quien desarrolló una extraña adicción al concepto es el propio kirchnerismo.

En el término de una semana la gravedad institucional ya animó tres votaciones legislativas. Primero, los diputados y senadores oficialistas aprobaron de sopetón la ley que permite saltearse una instancia y poner un litigio directamente en manos de la Corte Suprema, asunto conocido incluso en los barrios por su nombre en latín, per saltum. ¿Cuándo se aplica? Cuando hay "notoria gravedad institucional".

Luego, el Congreso fue invitado de súbito por el oficialismo a declarar "de gravedad institucional" el fallo del juez norteamericano Thomas Griesa que les había alegrado el día -ellos creyeron que también el mes y el año- a los fondos buitre. Acá no fue una ley sino una compleja movida político-administrativa, destinada a comprometer a la cabeza del Poder Judicial en la guerra contra el buitrismo (los presidentes de ambas cámaras fueron autorizados a solicitar una declaración de certeza de la Corte Suprema sobre lo que se pagaría por los bonos no reestructurados).

Casi en simultáneo, el Senado bonaerense, con los votos kirchneristas, pero no los sciolistas, aprobó un proyecto de ley por el cual los intendentes sospechados de corrupción por sus concejos deliberantes sólo podrán ser destituidos por negligencias o faltas "que importen gravedad institucional". La idea la impulsó el vicegobernador Gabriel Mariotto, inspirado en las desventuras de su alfil Horacio Tellechea, quien si bien seguirá rimando con Necochea no es seguro que la siga gobernando, porque los concejales locales lo investigan por supuestas irregularidades con una licitación de aparatología médica.

No está muy claro qué cosa es la gravedad institucional, pero al menos sabemos de su versatilidad. La guerra con Clarín, obvio, es de gravedad institucional, la que libramos con los buitres, ni hablar, y tal vez podría sumarse próximamente la estabilidad del intendente de Necochea.

A no asustarse. El tremendismo de la prosa jurídica mantiene lubricada la flema abogadil, pero no siempre martiriza a los ciudadanos. Si es por las leyes, vivimos en emergencia económica y el país no para de crecer. Entre nosotros la regla es lo excepcional. ¡Dios nos libre de la normalidad! ¡Queremos excepciones y más plasticidad normativa!

Igual es una lástima que el kirchnerismo haya dado por superado el objetivo de la calidad institucional, porque a ésa, si alguna vez llegaba, cualquier Carlitos iba a poder reconocerla..

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