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El FMI debería aplaudir a Cristina

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LA NACION
Lunes 10 de diciembre de 2012
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Durante años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sostuvo que en la Argentina los trabajadores pagaban muy poco por el impuesto a las ganancias y presionó para que se acrecentara la presión sobre quienes ya pagaban y para que más trabajadores fueran alcanzados. Los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa resistieron como pudieron y cedieron a regañadientes cuando necesitaron préstamos. Pero ni con la "tablita" de Machinea la presión llegó a alcanzar a tantos trabajadores como hoy. Es curioso, el Gobierno, que se jacta de haberse liberado del organismo y sus políticas, aplica sus recomendaciones mientras lo pelea en público.

También es curiosa la situación del FMI. A Menem lo elogiaban por tener de las mejores estadísticas públicas del mundo y lo criticaban por la escasa presión impositiva sobre el trabajo. A Cristina la critican por tener de las peores estadísticas estatales que pretenden enmascarar una de las inflaciones más altas del planeta. Parece injusto que no la elogien, según la ideología del organismo, por haber llevado la presión impositiva a niveles de récord histórico y hacer que Ganancias alcance a un porcentaje de los asalariados nunca visto.

Los argumentos del FMI fueron en su momento refutados desde lo que Gobierno llama "la derecha". Roberto Alemann decía que era cierto en los años 90 que salarios equivalentes pagaban Ganancias en los Estados Unidos y aquí no. Pero decía también que aquí el trabajo estaba gravado de otra manera, con mayores aportes patronales y personales. Y señalaba que el impuesto al trabajo aquí se llamaba aportes y contribuciones y en los Estados Unidos impuesto a las ganancias. Y que no había que confundirse.

También Alemann defendía la baja de los aportes patronales. Para él, los impuestos al salario siempre los paga el trabajador. "El empleador calcula cuánto le cuesta un asalariado, descuenta los impuestos patronales y personales, y le paga lo que queda: siempre paga el trabajador", afirmaba. El FMI criticaba la baja de contribuciones patronales y pedía subirlas de nuevo. Desde la izquierda, Claudio Lozano pedía lo mismo.

Desde 1998 la presión de Ganancias sobre el salario bruto promedio se multiplicó por seis, según el Ieral, de la Fundación Mediterránea. Este año, entre asalariados y jubilados, el impuesto a las ganancias alcanzó a más de dos millones de personas.

El Gobierno muchas veces amagó con hacer reformas para abarcar la renta financiera, exenta de muchas maneras. Pero puede ser un peligro. Con el Indec dibujando la inflación en niveles increíblemente bajos, los depósitos de los asalariados que logren cualquier rendimiento por encima del 10% anual podrían tener que pagar el tributo. Es decir, a un trabajador el sueldo se lo achicaría la inflación, el impuesto a las ganancias y, si le queda un ahorro en el banco, podrían también volver a sacarle una tajada diciendo que cualquier rendimiento por sobre la inflación oficial es "renta financiera".

Una buena parte del impuesto a las ganancias va a parar a la Anses, que tiene superávit y aun así hace todo lo que puede para no pagar las actualizaciones de haberes que ordena la Justicia.

Ricardo Arriazu sostiene que los cambios demográficos en el nivel mundial son un gran desafío para los sistemas jubilatorios y exigen a las sociedades ahorrar más. Cada vez se vive más tras el retiro. Los chinos tienen su fórmula. Guillermo Calvo dice que los trabajadores ahorran todo lo que pueden aun a tasas miserables para asegurarse la vida cuando llegue el retiro. Por eso no toleran la inflación. Deben cuidar su capital porque no hay cobertura pública ni siquiera más o menos razonable. Por eso, también, gastan poco. Guardan para la vejez.

Arriazu dice que algo así es el futuro de Occidente, en particular de Europa. Que no habrá más remedio que trabajar más años y ahorrar más durante la edad productiva y no usar los buenos ingresos para gastos superfluos.

No está mal entonces que un sistema jubilatorio público como el argentino ahorre. Es decir, tenga superávit. El problema es que lo logra acumulando sentencias que no cumple, es decir, endeudándose. Y la Administración Pública Nacional tiene déficit, es decir, desahorra. Y se financia con el superávit de la Anses. Es difícil prever qué pasará. Pero, como le gusta a Juan Carlos de Pablo, se puede decir qué pasó en el país cuando se hizo lo mismo. Cuando se usó el superávit del sistema jubilatorio para mantener tarifas públicas subsidiadas y financiar el déficit estatal: terminó con las empresas de servicios públicos destruidas, crisis energética, el Estado con un rojo histórico, una deuda colosal con los jubilados y, finalmente, con la hiperinflación.

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Equipo LN Data


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