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Las chicas de los setenta: la emancipación económica, ¿es igual que la mental?

Opinión

Las chicas de los setenta teníamos una concepción diferente del dinero del que tienen las mujeres en la actualidad. En general el dinero tenía mala prensa, por lo tanto nuestro objetivo no era acumularlo, sino que era una forma de pasaporte a la independencia económica. No queríamos ser millonarias queríamos ser libres de cualquier dependencia. "Liberación o dependencia" era la consigna política de la época. Esa también era una consigna válida para nosotras. Queríamos ganarnos nuestro dinero para no depender de nuestros padres ni de nuestros maridos. Porque teníamos muy en claro que sin la independencia económica iba a ser muy difícil la independencia mental. Esperar el semanal o la mensualidad de un marido o de un padre nos resultaba, muchas veces, humillante. Porque era una manera muy sutil de obligarnos a rendir cuentas y siempre rendir cuentas limita. La mayoría de las muchachas de mi época solía separar "en secreto" y hábilmente una partecita de lo que le entregaban. Esta cuota o bonus resultaba una reivindicación pequeña, e inocente del control masculino. Y esta práctica tan común, la compartían mujeres de todas las clases sociales que tenían un hombre "proveedor". Muchas de nosotras habíamos leído con fruición El sexo oculto del dinero, de Clara Coria y lo tomábamos al pie de la letra. Ella, nunca sabrá lo sanador que fue para nosotros su trabajo. Ella confesó que cada vez que tenía que hablar de dinero, reclamar una deuda, tenía taquicardias inesperadas. Nosotras, aún hoy, padecemos inseguridades y ataques de angustia cuando tenemos que defender nuestro dinero. Coria sigue afirmando: "El dinero, que siempre fue público, escapaba al alcance de las mujeres recluidas en el supuestamente protector, acolchonado y a menudo asfixiante ámbito doméstico. Ahora, que la separación entre dichos ámbitos no es tan extrema el dinero sigue siéndoles esquivo porque, entre otras cosas, es uno de los instrumentos privilegiados del poder. Y el poder no suele ser muy democrático...".

Desde la más humilde de las mujeres hasta la más poderosa sabe que para tomar decisiones tiene que tener con qué respaldarlas. Por eso las chicas de los setenta aún hoy, ya grandes y con tanto camino transitado, somos a veces personajes incómodos para la sociedad, porque hemos sido testigos calificadas de muchas batallas. Y como dice Santiago Gamboa el poeta colombiano en Las mujeres de mi generación: "Ellas adoraban la libertad, algo que hoy le inculcan a sus hijos, lo que nos hace prever tiempos mejores" Un amigo..

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