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Dinero y herencia: ¿qué hacer para evitar problemas?

Opinión

En un mundo volátil y cambiante, donde lo que ayer se creía como seguro hoy es motivo de duda, la única certeza que tenemos, desde el día en que nacemos, es que nos vamos a morir. Y así y todo, cuando de dinero se trata, la muerte de una persona (aún cuando se encuentre transitando la tercera edad) suele destapar la improvisación que la gran mayoría elige conciente o inconcientemente y que será luego motivo de conflictos profundos entre los herederos.

Esta situación, que muchas veces deriva en rupturas familiares, peleas de por vida y resentimientos profundos, se debe a múltiples razones, pero la más importante es que son pocos los que se atreven a hablar de la muerte propia o de la otra persona de manera honesta, franca y directa. Para abordar con más detalle este tema sobre el cual existe muy poca literatura (tal es el tabú al que nos enfrentamos), comenzaremos separando las instancias en tres partes.

Primer problema: de eso no se habla

Una situación habitual: los padres se encuentran transitando su sexta década y ya son abuelos. Son dueños de la casa en la que viven, un departamento en la costa, un auto, una cuenta en el exterior con una indemnización cobrada que se preserva como ahorro y un par de cocheras compradas como inversión. Tienen tres hijos con los cuales nunca han hablado seriamente del tema de la muerte y la herencia.

¿A quién le correspondería romper el hielo? Los padres/abuelos no lo hacen porque sienten que con ello "llamarían a la muerte", porque no quieren que sus hijos se preocupen al pensar que tienen alguna enfermedad y por ello el planteo, o simplemente porque se sienten jóvenes aún y ven la muerte como algo lejano.

Por su parte, los hijos (por más que lo hablaron entre ellos en algunas oportunidades) se llaman a silencio porque no quieren que sus padres piensen que les están "contando las costillas", porque sienten que sus progenitores deberían ser quienes encaren el tema o porque directamente no se animan. A veces son todas estas razones juntas.

La primera solución a este problema es hablar del tema de manera abierta, reconociendo que nadie es inmortal y planificando el aspecto legal y sucesorio

Cuestión: nadie habla de ello, los padres se mueren 15 años más tarde, y los hijos afrontan gastos cuantiosos que se podrían haber evitado (veremos más adelante cómo) al tener que pagar los costos de la sucesión, tasa de justicia, inscripción y demás. Los ahorros que sus padres tenían en EE.UU. son grabados con alicuota que va del 30% al 50% en concepto de tax witholding (tal es el impuesto a la herencia que se paga en ese país para ciudadanos no americanos), dinero que queda en las arcas del fisco norteamericano. Como si fuese poco, surgen peleas porque la madre habló en privado con uno de los hijos y le dijo que le correspondería quedarse con más herencia que los otros porque en vida lo habían ayudado menos, pero no existe ninguna prueba de ello.

La primera solución a este problema es hablar del tema de manera abierta, reconociendo que nadie es inmortal y planificando el aspecto legal y sucesorio a fin de evitar gastos innecesarios.

La segunda solución (que es mejor que la primera) es no solo hablar sino dejar asentado de manera escrita cuáles son los bienes, ahorros, y demás pertenencias con las cuales se cuenta y si existe algún deseo de reparto especial entre los herederos que no sea en partes equitativas. Esto se puede hacer mediante un acta ante escribano o de manera más informal, pero con todas las partes involucradas presentes y con dos testigos de confianza de la familia.

Segundo Problema: Ahora que lo hablamos, ¿Qué nos conviene hacer?

Una vez que se decide hablar del tema entre los integrantes de la familia, viene el siguiente paso referido a cuál es la estructura legal más beneficiosa para todas las partes. En caso de no hacer nada y luego, ante el deceso de los padres, tener que encarar la sucesión, los costos relacionados más importantes son: 10% del VIR (Valor Inmobiliario de Referencia) para el abogado que la lleve adelante, 1,5% de tasa de justicia (sobre la valuación fiscal del inmueble) y el gasto de inscripción en el registro de propiedades. Una sucesión puede durar varios años y generar importantes gastos de mantenimiento de los bienes involucrados en la herencia. La solución más conocida es el usufructo donde los padres donan en vida a sus hijos el bien que habitan pero se reservan el derecho de usufructuar (usar libremente) el mismo hasta que se mueran. Al respecto, la abogada Carla Fioroni, especialista en sucesiones, advierte: "El usufructo puede también generar problemas a los beneficiarios. Por ejemplo, los futuros herederos son los responsables del pago de ABL y demás impuestos del bien, además de tener que inscribirlo en Bienes Personales".

La letrada se refiere al hecho de que al establecer la donación (o venta) y posterior usufructo, el bien en cuestión deja de formar parte del patrimonio del usufructuario (en el ejemplo visto anteriormente, los padres). Igualmente, son siempre los usufructuarios los que siguen pagando los impuestos porque, si bien a fines legales el bien ya no les pertenece, si tienen el derecho del uso del mismo, ello lleva consigo también ciertas obligaciones morales.

Fiorini agrega otra alternativa más: "Hacer un inventario de los bienes y luego poner todo a nombre de una sociedad creada a nombre de los herederos para tal fin suele ser una opción inteligente y cada vez más usada, siempre que la situación lo amerite".

Tercer problema: la culpa y las malas inversiones

Pasemos ahora a una tercera instancia donde finalmente lo heredado llega a los beneficiarios, luego de gastos e interminables trámites.

Es muy común escuchar historias de personas que han malgastado o perdido toda su herencia al manejarla de manera irresponsable, quizá por la culpa de disfrutar o gastar bienes o dinero de una persona muy querida que ya no está.

En mi rol de asesor financiero, siempre advierto lo mismo a la gente que me consulta sobre dónde invertir el dinero proveniente de una herencia: los recaudos a tomar deben ser dobles, es decir, se deben buscar inversiones mucho más conservadoras que lo habitual, habida cuenta de la facilidad con la que muchos ponen en riesgo ese capital.

Conclusión

La herencia que pasa de padres a hijos es, de alguna manera, uno de los pilares del capitalismo: si no existiese, perdería sentido el acumular bienes y hasta gran parte de la propiedad privada.

Pero a la vez, a pesar de ser tan importante, el involucrar a la muerte hace que se convierta en un tema poco estudiado y muy tabú, favoreciendo a toda una industria que se aprovecha de esta situación y termina apropiándose de una parte importante de la misma.

En determinados casos, convendrá establecer un usufructo. Quizá en otros, lo mejor sea una sociedad o alcance con un testamento. Pero siempre habrá mejores caminos que terminen beneficiando a los herederos (y a los que dejan la herencia también, ya que se aseguran que sus seres queridos reciban lo que les corresponde) si el tema se habla sin tapujos entre todas las partes involucradas. Abandonar los falsos prejuicios y ordenar y planificar para el día en el cual ya no estamos surge como una obligación de todos..

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