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Federer, víctima de una desorganización con acento argento

En su primera presentación en el país, Roger saltó a la cancha una hora después de lo previsto; el estadio no estuvo a la altura del evento y la improvisación delineó la jornada.

Jueves 13 de diciembre de 2012 • 10:51
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LA NACION
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Todo lo que rodea a Roger Federer parece estar hecho a la perfección, digno de la excelencia suiza. Sus movimientos, su entorno, su todo. En él, nada queda librado al azar. Nada. Pero su paso por la Argentina logró lo imposible. Pateó el tablero. Envolvió la figura del mejor jugador de todos los tiempos en una desorganización con acento argento.

La primera presentación de Federer en la Argentina, donde cayó ante Juan Martín del Potro en tres set, quedó marcada por el descontento de la gente, que no pudo disfrutar del espectáculo en los tiempos previstos y que casi protagoniza una catástrofe. Por suerte, para los organizadores, el suizo regalo destellos de toda su magia en la cancha que borraron del inconsciente colectivo el mal trago.

En la entrada a Tigre, todo hacía notar que sería una jornada sin inconvenientes. Sin embargo, ese sentimiento se iba invirtiendo, poco a poco, a medida que se acercaba al estacionamiento del Puerto de Frutos, donde se instaló el estadio Pipa Tigre. Este escenario fue construido especialmente para la ocasión, con una débil y poco atractiva estructura de caños. ¿El motivo? El partido, por cuestiones políticas, se debía jugar en Tigre, que no cuenta con un estadio para un evento de esta magnitud. ¿Una decisión acertada? No. Definitivamente no.

Entre empujones, una inmensa hilera era el único canal de acceso al predio. Una vez superada la espera, el público ingresaba a un playón donde, bajo un sol radiante, se podía disfrutar de los entretenimientos que ofrecían los auspiciantes del evento, escasos para las 20 mil personas que se acercaron al Pipa Tigre.

Luego, durante el duelo entre Guillermo Vilas y José Luis Clerc, que abrió la jornada a las 19, media hora más tarde de lo previsto, todo se desarrolló con normalidad. Aunque sólo fue una dulce calma que antecedió al huracán. Pasadas las 20.15, cuando empezó el espectáculo de baile protagonizado por Valeria Archimó, pareja de Guillermo Marín, responsable del evento, una tribuna se desplazó y despertó un caos popular. De allí en más, todo se hizo cuesta arriba para la organización.

Jorge Rial, presentador del evento, fue el encargado de tranquilizar al público, pero sólo despertó más descontento. Con el objetivo de calmar las aguas, la producción hizo que el conductor de Intrusos presente a Juan Martín del Potro. Los silbidos se cambiaron por aplausos y las luces comenzaron su juego. Pero no. Nada pasó. La Torre de Tandil no apareció por el túnel y el abucheo volvió a ser el único protagonista. Luego de cinco minutos, y con un animador al que se le acaban las palabras para llenar el bache, otro manotazo de ahogado salió al ruedo. Tras el gesto de una productora, se empezó a proyectar un video, previsto para más adelante.

En las imágenes, Gabriela Sabatini, Luciana Aymar, Agustín Pichot, Manu Ginóbili y hasta Diego Maradona, desde Dubai, enviaron sus mensajes a Federer y a Del Potro. Sin dudas, la figura de Diez fue la que más aplausos se llevó. "Roger, sos la máquina más perfecta que yo vi jugando al tenis", disparó Pelusa. Fue un pequeño respiro, pero la calma no se hizo presente.

Mientras Cacho Castaña, que luego cantó el himno nacional, esperaba a un costado del court, los minutos pasaban y las estrellas no aparecían. El clima, cada vez más tenso, era incontrolable. En total, fueron 40 minutos de larga agonía para la organización.

A las 21.29, Del Potro y Federer saltaron a escena. Entonces, todo lo sucedido se hundió en un recuerdo lejano, como si nada hubiese pasado. De allí en más, la gente vibró a la par del suizo durante toda la noche. Es que al verlo, todo lo que lo envuelve parece perfecto. Ni la argentinidad puede evitarlo.

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