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Ariel Pink

El rey del rock under, de visita en Buenos Aires

Espectáculos

El adalid de la música lo-fi y de las grabaciones caseras presentó sus particulares composiciones en Niceto Club

Por   | Para LA NACION

No es común que visite el país un músico innovador, clave en el rock contemporáneo y libre de menopausia artística. Esas tres condiciones se abroquelaron, a espaldas del silencio mediático, el miércoles último en Niceto Club. Y para los enterados fue el mejor regalo de fin de año. Ariel Pink (cuyo nom de guerre es Ariel Pink's Haunted Graffiti y su nombre real Ariel Rosenberg) empezó quemando sus propios CD-R de pésimo sonido y brillantes creaciones que ganaron la admiración del submundo pop en el pasado decenio; desde los vanguardistas Animal Collective hasta hipsters como MGMT y los grupos de la escena chillwave que aglutina el sello Carpark Records, todos reconocen su deuda.

Con pelo teñido de rubio, bermudas ajustadas, mocasines, medias blancas y antenas de coleóptero, Pink salió a escena y arrancó con "Kinski Assassin", el poderoso, psicodélico track apertura de Mature Themes , su nuevo disco, y continuó presentando temas de los dos últimos (y más promocionados) álbumes, que suenan como una afable pantomima del clásico Rumours , de Fleetwood Mac.

Cantar y bailar

La formación de Haunted Graffiti incluye a tres intérpretes en bajo, guitarra, teclados y batería, pero Pink, además de cantar y bailar (un dato no menor), sigue al pie de la letra el modus operandi de sus primeras actuaciones, manipulando pistas pregrabadas, caja de ritmos y efectos de voces en una consola que, irónicamente, conservaba el precinto de aduana.

Hacia la mitad del show el músico invocó una rebelión de acoples, ecos y delays de ultratumba que paralizaron el baile. Pink es un showman peculiar, un nigromante aniñado, sin prejuicios ni (y eso alimenta su transgresión) la intención de provocar escándalo. Sus influencias amalgaman todo lo que oyó en su California natal (especialmente, el soul blanco de Todd Rundgren y Prince), procesados por la corrosión punk y el glamour camp de Madonna. De hecho, durante el embrujo de aquellos instantes pareció la reencarnación de Leland Palmer, el asesino psicótico de Twin Peaks , jugando a ser la chica material. Después, sonó "Round And Round" y el clima festivo volvió a Niceto.

Para alguien que inició su carrera en aislamiento, haciendo grabaciones caseras (su musa fue y sigue siendo R. Stevie Moore, pionero del rock en baja fidelidad), Ariel Pink alcanzó estatus de performer cautivante; en la hora y media del show pegó brincos de colegiala, aulló, gimió y filtró su distintivo falsete por toda clase de efectos, en canciones pop de rítmica irreverente e irregular. Luego de viejos temas como "She's My Girl", "Beefbud" y la celestial "Among Dreams", el recital culminó veinte minutos pasada la medianoche del 12/12/12, un día particularmente agitado; broche de otra semana intensa en la binaria agenda local. Para los congregados, se vivió como un exorcismo..

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