Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Perspectivas

La riesgosa apuesta al poder popular

Enfoques

La calle ha vuelto a ser el escenario en el que se exponen y se dirimen, de manera cada vez más airada, las contradicciones, las falencias y el deterioro de las instituciones políticas argentinas.

Después de 29 años de democracia ininterrumpida, de 10 años de crecimiento sostenido a tasas nunca vistas y de nueve años y medio de predominio absoluto de una fuerza política, en los últimos tres meses la sociedad regresó al espacio público a canalizar sus demandas y, especialmente, a expresar sus enojos con inusual fuerza.

Salvo las recientes excepciones, las manifestaciones han transcurrido sin graves incidentes, pero no sin expresiones simbólicas de odio o violencia verbal. Todas las marchas callejeras, sin excepción, han tenido un enemigo identificado al que enfrentar.

En medio de esa creciente ebullición, Cristina Kirchner consideró oportuno y eficiente trasladar a la gente la solución de problemas institucionales que el Gobierno parece no haber sabido o podido resolver, pese al poder acumulado en estos 9 años y medio, fruto del favor popular, la defección constante de la oposición y la cooptación o división de factores de poder y de presión, incapaces e impotentes para imponer traba alguna al ejercicio efectivo (y muchas veces discrecional) de la voluntad presidencial.

Por eso, en estos momentos, el empoderamiento popular puede sonar atractivo, aunque no deja de resultar una apuesta llamativa, por riesgosa, para un gobierno cuya popularidad ha comenzado a decrecer sostenidamente desde hace varios meses y que durante el año perdió el dominio hegemónico de la calle sin conseguir disimularlo con la movilización organizada de sus seguidores.

A eso deberíá sumar las señales de deterioro creciente de la economía, las urgencias de caja de los Estados provinciales y municipales, y el inminente comienzo de un decisivo año electoral, que no sólo definirá la composición del Congreso, sino los próximos tres años del gobierno nacional.

Si el cristinismo por decisión o por defecto, por convicción o mala praxis, parecía haberse decidido a romper o modificar aspectos sustanciales del modelo de Néstor Kirchner, las últimas decisiones ya no dejan dudas.

El padre del proyecto tuvo por objetivo desde el primer día concentrar el poder, reunir la mayor cantidad de apoyos de todos los sectores posibles, mantener, a fuerza de algunas concesiones y mucho ejercicio de convencimiento (algunos lo llamaban aprietes) el control de la calle y, por lo tanto, no empoderar a nadie a quien no pudiera controlar o a quien no se asegurara de que tributaría siempre a su proyecto.

Kirchner sabía tanto lo ignífuga que puede ser la insatisfacción social como lo limitados que pueden ser los recursos para satisfacer demandas. También conocía tanto lo ilimitada que puede ser la ambición de la dirigencia peronista como lo limitada que puede ser la lealtad a otro proyecto que no sea el propio.

Kirchner nunca olvidó que el origen de su proyección nacional fue la reacción popular que, con el estímulo y el impulso del peronismo, puso fin a toda una era de la política nacional..

REDES SOCIALES
 

TEMAS DE HOYArgentina en defaultInflación y preciosLey de abastecimientoConflicto en Medio Oriente