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Entrevista

Mario Riorda: "La política y la prensa son como hermanas siamesas que se dañan y se necesitan"

Enfoques

Mario Riorda da clases y escribe libros, como cualquier profesor, pero más llama la atención que se especialice en gestión de crisis políticas y que en su rol de consultor, sus consejos hayan sido tenidos en cuenta por distintos gobiernos latinoamericanos. También trabajó en un centenar de procesos electorales y es un estimable analista de estrategia y comunicación política. Con Marcela Farré publicó recientemente, en la editorial Biblos, ¡Ey, las ideologías existen!, un libro que dedica a "quienes hacen consultoría política, porque la fragilidad de los argumentos sólo produce diagnósticos apenas verosímiles y serios efectos políticos".

"Los consultores -opina- estamos llenos de afirmaciones que las construimos casi sin dogma y que muchas veces son egocéntricas porque las miramos nosotros y para nosotros y generan juicios desacertados, ya que con la verosimilitud no alcanza."

La traumática ruptura entre el ámbito político y el sistema de medios, que hasta no hace tanto funcionaban en compartimentos estancos respetando sus respectivas identidades y ahora se entremezclan y se repelen mutuamente, son parte de la conversación que sigue, a la luz de las consecuencias del mentado 7-D sobre la sociedad, el periodismo y la dirigencia.

La ideología, ¿es compatible con el marketing?

-Sí, totalmente. Me animo a decir incluso que hoy en América latina esta combinación de altos niveles de profesionalización con ideología es una tendencia dominante, sea por izquierda o por derecha. La política fue toda la vida personalista, pero antes eran partidos con candidatos mientras que hoy son candidatos con o sin partido.

¿Y qué cambió?

-Con la expansión de los medios, hay un mayor nivel de emotividad promedio en las campañas y también una carga de negatividad, en la que un candidato intenta diferenciarse del otro por medio del ataque directo, la comparación explícita o implícita y el miedo. Además, se agregan procesos novedosos como la comunicación directa, que implica saltearse a la prensa como entidad mediadora entre política y ciudadanía. Esto le da unos ribetes de espectacularidad diferentes: los consejos consultivos de participación de Uribe, las cadenas nacionales de Cristina Kirchner, el Twitter de Obama. Hay múltiples modos en los que el anterior proceso de mediación va quedando de lado.

-El declinar de la circulación de medios tradicionales va en paralelo al auge de las redes sociales y ésta, a su vez, es contemporánea a la ofensiva de los gobernantes autodenominados progresistas contra los medios. ¿Es esto una mera casualidad?

-No es nada casual, sino un proceso deliberado. A esto yo lo denomino conflicto controlado. El intento de ideologizar el ambiente en tanto y en cuanto a través de ese proceso se genera el contraste externo con el otro, genera una divisoria de aguas. En términos de efectividad, estos gobiernos, a lo largo del tiempo, han logrado muchas más victorias que derrotas. Forma parte de una triple tendencia: la comunicación no mediada por la prensa, su estigmatización y la modificación del mapa de actores, especialmente la composición accionaria de los medios de comunicación.

-Históricamente la izquierda ya tenía a la prensa tradicional en el foco de sus críticas y ahora que son gobierno, eso se ha acentuado.

-Totalmente, la política en estos momentos ha entendido cabalmente que en su ámbito no era un actor exclusivo y excluyente de otros, sino que otros actores, la prensa incluida, jugaban dentro de la política. La política también entiende que el sistema de medios tampoco es excluyente ni exclusivo de las empresas de comunicación, y por eso decidió jugar en ese terreno. Hay un ida y vuelta. En América latina se está dando algo más interesante que una mera confrontación, y es que hay un juego de cooperación entre alianzas de sectores de la política y de la prensa en contra de otros sectores de la prensa y la política. Son alianzas de pedazos de los sistemas que cooperan para enfrentarse a otra alianza de otro pedazo del sistema. No es tan lineal la confrontación. Son alianzas novedosas y complejas que se arman y se desarman y generan en la opinión pública una sobrecarga ideológica.

-La prensa proponía antes una suerte de "objetividad", algo así como mirar todo desde afuera y describirlo. Ahora tiende a descreerse de ese estado de "pureza". ¿Qué sucede cuando quien antes describía la actualidad también está metido adentro de la pelea política y es protagonista a la fuerza?

-Lo primero que se produce es una desviación en el trípode del periodismo, en el que hay tres esferas que dialogan: primero describe, segundo explica, luego interpreta mediante la línea editorial. Cuando se produce un enfrentamiento, alguna de estas tres patas desaparece: o editorializa o describe por exceso, lo que provoca una baja de credibilidad en los medios, aunque sin mengua en el consumo. No hay pérdida de audiencia porque ésta se ha multiplicado en una suerte de zapping informativo.

-Hay, al mismo tiempo, como un juego en el individuo, la fantasía de creer que está interpelando a todos; el lector que era pasivo y mudo se convirtió en comentarista y se expresa fuerte en las redes sociales.

-Esto se denomina en ciencias políticas percepción de eficacia: es la percepción personal subjetiva de creer que mi voto y mi opinión valen y que contribuyen a la gestación de mayorías o minorías o cambios políticos. Las redes sociales han alterado la pasividad de quien a lo sumo podía indignarse frente a lo que veía en la TV, pero que no generaba interacción. No estoy tan convencido de que el paradigma comunicacional de pocos informando a muchos haya cambiado del todo, si bien hay circunstancias en las que se impone la ilusión de muchos informando a muchos -por ejemplo, en las manifestaciones producidas en el mundo árabe y aquí mismo- todavía el poder de agenda queda en los menos y no en los más.

-¿Quién debe fijar la agenda pública?

-Hoy ya no gana excluyentemente la prensa a la hora de fijar agenda pública, pero tampoco la política. A veces la agenda la impone una y otras veces la impone la otra. Es más equilibrado.

-La pelea entre la política y la gran prensa, ¿es definitiva?

-Es una relación y una tensión históricamente compleja. Son como hermanas siamesas que se hacen daño porque están pegadas, pero que al mismo tiempo son inseparables porque se necesitan una a la otra.

-¿Cómo conceptualiza el sistema de partidos actual?

-La Argentina tiene un sistema que yo defino como multipersonalista inestable, quizá con un liderazgo preponderante circunstancial. En las subas y bajas de los personalismos, también se constatan las subas y bajas de las identidades ciudadanas.

-¿Cuál es su opinión sobre el 7-D y los episodios colaterales aún en curso?

-Los diferentes episodios derivados de la aplicación de la promulgada ley de servicios de comunicación audiovisual forman parte de la política simbólica de mayor visibilidad del oficialismo, a juzgar por la intensidad de su apuesta. Como mínimo, para mí, hay tres esferas que explican esa actitud. La primera esfera es estructural y de largo plazo, derivada del intento de modificar un sistema concentrado y dotar de pluralidad de voces al sector no lucrativo en una situación actual que, aun modificándose en el tiempo, siempre tiene a actores con un poder público excesivamente asimétrico respecto de otros. Es una gran ley cuyo elemento más destacable son los cupos de contenido local y nacional. Pero esto no variará de un día para el otro y pasará tiempo hasta ver el sistema de medios modificado. El Estado, como lo viene siendo, será un gran promotor de esta transformación, tanto como en él estarán puestos las virtudes y los ojos críticos para que los tercios en los que se dividirá el sistema sean realmente tercios y lo público no sea siempre sinónimo de estatal, por ejemplo. La segunda esfera se corresponde con el debate ideológico, en donde la concepción del kirchnerismo representa una síntesis modelada y simplificada en la puja "Estado" versus "mercado". Vuelvo a aclarar que cuando hay pujas ideológicas fuertes, éstas suelen presentarse mayoritariamente en alianzas de sectores, frente a otras alianzas de sectores. Por eso estas pujas no tienen límites y penetran en todos los espectros de la sociedad. Esta puja no va a acabar, independientemente de la aplicación pronta o dilatada de la ley. La tercera es desde el uso del poder mismo, entendiendo que la comunicación política es el espacio operativo en donde se resuelve el control o la gestión de la agenda pública. Procurar menguar la posición dominante de un grupo mediático, simbólicamente y económicamente el más fuerte, es parte de una tensión que el Gobierno ha decidido dar. Aquí, enmarañada en el sistema judicial, la puja sonará aguda y fuerte, independientemente de lo poco o mucho que se avance. Esta puja será más ruidosa que operativa en el corto plazo.

La propia Presidenta en su discurso del domingo último asimiló los "fierros mediáticos" a los "fierros judiciales". ¿Se vislumbra un nuevo escenario donde el Ejecutivo antagoniza con otro poder, tan luego el Judicial? ¿Vamos a un sistema de un solo poder, si tenemos en cuenta que ya el Legislativo suele funcionar como mera escribanía?

-Los presidencialismos ofertistas que tienen iniciativas impensadas y rompen con los statu quo suelen parecer agobiantes, pero se mueven con una lógica muy clara: todo actor que discuta política en el terreno de la política tendrá también al oficialismo compitiendo en su propio terreno. Por eso la política actúa en el sistema de medios o en tensión con la Justicia en este caso. Vale decir a favor de los oficialismos que jamás esos poderes, u otros, son neutrales ni inocentes en sus actos... pero nada de eso implica caer en las antinomias de la política transformadora antiinstitucional versus la política institucional antitransformadora, como sostiene Mangabeira Unger. Sería un reduccionismo. Lo cierto es que la política transforma y tiene el imperativo de hacerlo todo el tiempo. Pero también defiendo los controles y los límites. No creo que se vaya a una política de indivisión de poderes, sino de poderes en alta tensión. Que no haya contrapesos legislativos es un problema de la performance de la oposición y lo mismo sucede en cualquier gobierno provincial que tenga enfrente a oposiciones poco competitivas o bien con sistemas electorales diseñados para favorecer a los oficialismos. Ver el caso de Córdoba con un nuevo opositor que reclama constantemente calidad institucional alcanza en este sentido: el Ejecutivo le ha asignado el 0,55% del presupuesto provincial y casi en exclusividad sólo aprobó leyes que envió el gobernador. Además, siempre existió tensión entre poderes en ambientes de transformación. El país de hoy tiene algo menos de hipocresía que el país de ayer: discusiones ideológicas explícitas no son necesariamente algo malo. La Argentina, inmersa en una región que se plantea cuestiones similares, ve que el debate político -reclamado como necesario para una democracia de alta intensidad- está mostrando quién es quién y qué objetivos, ideologías y creencias hay detrás de cada postura. Luego, los ciudadanos elegirán...

¿Y a Clarín qué le espera?

-No creo que Clarín desaparezca en su peso de agenda pública ni creo que el Gobierno gane o pierda mucho más. Todo se va a generar más en el terreno de la política simbólica que en la realidad.

-¿Acaso el principal combustible del peronismo no es el conflicto agitado como bandera con el que, de paso, logra desplazar temas cotidianos más incómodos, como la inflación, el cepo cambiario y la inseguridad?

-Hoy creo que el intento de puja contra Clarín forma parte del conflicto controlado y por eso es algo simbólico.

¿Cuán cerca de lo religioso está esa simbología?

-Muy cerca, evidentemente. Se trabaja mucho desde posturas dogmáticas. Es un relato con carga ideológica que tiene anclaje en el pasado con dimensión hacia el futuro y que encuentra en lo simbólico un elemento aglutinante, porque el mito de gobierno más que hacia afuera es hacia adentro.

-La hegemonía del líder primero desmiembra a toda la oposición, pero finalmente también termina replicando hacia adentro porque las propias estructuras partidarias se asordinan o son muy débiles y no hay otro sucesor que no sea el mismo líder.

-Éste es uno de los riesgos del hiperpersonalismo. El mito se expande en tanto y en cuanto al líder le vaya bien y luego suelen descender en tanto y en cuanto al líder le vaya mal.

-Y luego choca contra una encerrona constitucional porque si no alcanza los votos suficientes para una reforma no hay reelección posible. Yendo al caso concreto del kirchnerismo, no hay otro candidato propio que se vislumbre, más allá de la Presidenta.

-Totalmente. Cuando un gobierno es medianamente eficaz en términos electorales suele constituirse en variable independiente y todo el resto de los actores depende de que le vaya mal o bien al oficialismo. Hasta el propio Daniel Scioli dijo que sería candidato sólo si la Presidenta no va por la re-reeleccion. Tanto adentro como afuera del oficialismo, todo se ordena en torno del personalismo de quien gestiona ese mito de gobierno como su síntesis.

-Utiliza en su último libro la palabra "infraideologización". Hay un énfasis fuerte hacia lo histriónico, pero cuando se analiza más a fondo, la ideología termina en un par de esloganes o en una foto.

-La ideología es más o menos seria o sofisticada de acuerdo con la calidad de los argumentos que la sostienen y es un debate no cerrado que de alguna manera genera posturas encontradas dentro de la academia. De hecho hay algunos autores que sostienen que la ideología representa una suerte de atajo a la información, una simplificación. Otros dicen que en tanto sea menos sofisticada más éxito tiene la ideologia en cuanto orienta con premisas menos complejas y sofisticadas, como una suerte de brújula, que orienta más que explica..

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