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Testimonio

Se puede disfrutar desde la cocina

Sábado

Por   | Para LA NACION

Nochebuena, Navidad y Año nuevo. Pero también el Día del Padre o el propio cumpleaños. Con 10 años ya dentro de la cocina, uno se acostumbra y hasta pude disfrutar de pasar las Fiestas trabajando en una tarea que uno ha elegido y que ha tenido la suerte de poder desarrollar. Y que es la de dar un servicio que permita a los huéspedes disfrutar de esos días tan especiales.

Al igual que para las personas que disfrutan de las fiestas de diciembre en familia y en sus casas, en nuestro caso los preparativos comienzan varios días antes, en la elaboración del menú y en la logística que nos permite asegurar que el 24 de diciembre, a primera hora, estaremos recibiendo todos los productos que, durante el transcurso de la tarde, se convertirán en los platos que habrán de servirse durante la noche.

La adrenalina es la de todas las noches de servicio, pero claramente potenciada por la emotividad de la fecha. Todo debe estar en su lugar para que, a las 21, cuando el primer comensal arribe al restaurante, todo se encuentre impecable y la comida sea servida sin demoras.

Como chef, el momento que más espero llega cuando los platos comienzan a ser servidos. Me gusta entonces estar ahí presente, para ver la expresiones que se dibujan en los rostros con el primer bocado. Pero es sólo un momento, en medio de la corrida del servicio, que se extiende durante toda la noche. En el caso de Nochebuena, el festejo suele extenderse hasta la una de la mañana, momento en que los huéspedes del hotel suben a sus habitaciones y los que no están aquí alojados vuelven a sus casas o siguen con el festejo en otra parte. En Año Nuevo, el festejo se extiende habitualmente hasta las dos de la madrugada, y también muchos extienden el festejo más allá de la hora en otro sitio.

Quienes deciden pasar con nosotros las Fiestas generalmente lo hacen porque necesitan cierta tranquilidad, sentirse bien atendidos o buscan algo distinto. Para otros no es una elección, ya que no son pocos los huéspedes que se encuentran alojados por motivos de trabajo, lejos de sus familias.

En estos casos, sentimos la necesidad de descomprimir esa situación que no es la deseada, lo que nos lleva a nosotros y al personal de servicio a tratar de que la persona se sienta acompañada. Esa misma necesidad es la que, con el tiempo, nos lleva a quienes trabajamos en días festivos a sentir que con nuestros compañeros de trabajo formamos también una familia.

Este año, en el que trabajaré el 24 y el 25 de corrido, es también un diciembre especial para mí, ya que es el primero en el que podré compartir las Fiestas con mi hijo, Benicio, de 4 meses. Digo compartir porque él y su mamá estarán en una de las mesas del restaurante, esperando a que sean las 12 para que brindemos los tres juntos..

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