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¿Cómo llegó Cámpora a la presidencia?

Opinión

Por   | Para LA NACION

Hoy se cumplen cuarenta años del día en que Perón catapultó a Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación. El 15 de diciembre de 1972 tuvo su inicio el experimento "Cámpora al gobierno, Perón al poder", cuya traumática puesta en práctica enseñó que un injerto de monarquía en el presidencialismo argentino no es recomendable. Si no funciona cuando se combina al mayor líder del país con el arquetipo de virrey más servil es difícil pensar que algún día pueda permitirle a líderes de menor carisma, como la actual presidenta, controlar a un sucesor digitado.

El 15 de diciembre de 1972 tuvo su inicio el experimento "Cámpora al gobierno, Perón al poder"

Tampoco es muy probable que los jóvenes cristinistas que tienen a Cámpora por prócer estén predispuestos a emocionarse con este aniversario. Lo que ellos admiran de "el Tío" no es la proverbial lealtad a Perón que a comienzos de los setenta le valió una promoción como reemplazante de Jorge Daniel Paladino en el estratégico puesto de "delegado", sino justo lo opuesto, la súbita emancipación: su metamorfosis en anfitrión pasivo de la izquierda peronista a partir del mismísimo 25 de mayo de 1973, cuando se acomodó en el llamado Sillón de Rivadavia, que apenas retendría 48 días más. Siete semanas bien agitadas. En especial por las ocupaciones juveniles de decenas de reparticiones del Estado, determinantes del clima de época.

Con Perón mascullando tras la Masacre de Ezeiza su disgusto en las sombras, al gobierno camporista lo fulminó un golpe palaciego ejecutado por José López Rega, quien empeoró los discutibles criterios de selección del general al sentar como nuevo presidente a su propio yerno, el opaco (salvo por sus corbatas) Raúl Lastiri, previamente estacionado en la presidencia de la Cámara de Diputados. Recuérdese que fue necesario mandar de viaje en cinco minutos al presidente provisional del Senado, un verdadero paso de comedia. López Rega, versión esotérica de Rasputín criollo, ya estaba en el centro del escenario gracias a la lapicera de Cámpora, que hizo del mayordomo de la Residencia de Puerta de Hierro un ministro de Bienestar Social, si bien se dice que esa designación (como la de José Gelbard) fue por expreso pedido de Perón.

A Cámpora el sector de la Tendencia, los Montoneros y otros grupos radicalizados le tomó prestado el gobierno -hoy se diría que lo cooptaron- en gran parte debido a la dificultad con la que el peronismo metabolizó en el verano 72-73 la sorpresiva decisión de Perón de hacerlo presidente. Que un político de extracción conservadora como Cámpora (cuya carrera política arrancó cuando el dictador nacionalista Pedro Pablo Ramírez lo nombró comisionado municipal en San Andrés de Giles), escoltado en la fórmula por un veterano de la llamada década infame (Solano Lima, conservador popular, ministro de Gobierno bonaerense en la época del fraude) hayan configurado el más izquierdista de los gobiernos peronistas, sugiere un malentendido formidable. El más grande, pero no el último: hoy venera a Cámpora la juventud de un gobierno kirchnerista que, por decisión del vicepresidente, otrora devoto de Alvaro Alsogaray, echó a la calle al respetado jurisconsulto Esteban Righi, ministro del Interior de Cámpora, su materia gris, el último sobreviviente de aquella "gesta".

En un vuelo comercial, el 14 de diciembre de 1972 Perón, Isabel, López Rega y Cámpora viajaron de Buenos Aires a Asunción. Perón quería abrazar a su viejo amigo Alfredo Stroessner, quien lo había rescatado en 1955 de la cañonera y que seguía como dictador de Paraguay (más aún, era el dictador decano del continente). Con ese viaje Perón cerraba su primer retorno al país, donde había estrenado el 17 de noviembre la casa de la calle Gaspar Campos, en Vicente López, adquirida antes por Isabel, y se había reconciliado con Ricardo Balbín. Con un pie en el avión, Perón declinó el ofrecimiento simbólico del FREJULI de la candidatura presidencial. En realidad la dictadura de Alejandro Lanusse lo había puesto fuera de juego, mediante una disposición caprichosa que obligaba a los candidatos a estar en el país el 25 de agosto de 1972. El ilustre exiliado, a propósito, había vuelto de España dos meses después del plazo.

Como candidato para el regreso del peronismo al gobierno tras 17 años de proscripciones Perón había escogido a su delegado, el artífice de su retorno

Esa noche el rumor sacudió los mentideros políticos: como candidato para el regreso del peronismo al gobierno tras 17 años de proscripciones Perón había escogido a su delegado, el artífice de su retorno. En rigor, el dentista sin tropa política propia ni seguidores, un gran negociador, obsecuente impar con aureola de buena persona. Por neutro, no iba a desequilibrar la balanza del movimiento peronista, tenso abanico ideológico donde coexistían ultras y moderados de todos los colores. Bueno, coexistían hasta que se mataron, lo que sucedió sobre todo en Ezeiza el 20 de junio de 1973, durante el regreso definitivo de Perón, más o menos en el medio del período camporista.

Del acceso directo de Cámpora al líder recelaban protagonistas orgánicos como José Ignacio Rucci o Lorenzo Miguel. A la postre, el "Tío" se deslizaría hacia los brazos de quienes lo trataban con más afecto, el peronismo radicalizado y la guerrilla. Que a su vez encontró ahí la grieta ideal para practicar lo que luego se llamó el entrismo.

Cámpora volvió enseguida de Paraguay con una sonrisa de oreja a oreja y con otra orden del general, la nominación de Solano Lima para vice. La novedad de que él sería el candidato presidencial, consagrada al día siguiente por un congreso del PJ, estremeció a todos los sectores del movimiento. Muchos creían -o querían- que Perón hiciera la abdicación en favor de dirigentes peronistas de la talla de Antonio Cafiero, Alfredo Gómez Morales, Antonio Benítez o Jorge Taiana. Para Cafiero, que hoy tiene 90 años, esa fue, quizás, la vez que estuvo más cerca de la posibilidad de ser presidente. entre varias. La única vez, en todo caso, por el dedo de Perón, quien entre 1973 y 1974 puso tres presidentes: Cámpora en forma directa y Lastiri e Isabel (barra López Rega) en forma indirecta.

En la historia argentina hubo una docena de presidentes constitucionales puestos a dedo por su antecesor o por el hombre fuerte del momento. Así como Roca terció por su concuñado Miguel Juárez Celman y luego por Manuel Quintana, Yrigoyen por Marcelo T. de Alvear o Justo por Roberto Ortíz, Duhalde escogió a Néstor Kirchner y Kirchner a su esposa. Sólo se abortó este recurrente resorte de la democracia incompleta una vez, en 1943, cuando el Ejército dio el segundo golpe de estado y de ese modo le impidió al gobierno de Ramón Castillo imponer la candidatura de Robustiano Patrón Costas.

Sin embargo, el caso de Cámpora es diferente. Y eso se debe a varias razones. Primero que nada, a la dudosa estatura presidencial del delegado. Segundo, Perón no aceptó someterse a las reglas del general Lanusse y sólo pudo ser candidato cuando lo habilitó Lastiri. De allí que las renuncias de Cámpora y Solano Lima fueran presentadas en la historia oficial peronista como una heroica cesión de asiento -otro renunciamiento más- del lugarteniente al líder insustituible. Tercero, Perón pensaba que Cámpora iba a seguir siendo su delegado, pero ya en el acto de asunción el presidente quedó en manos de quienes, tras incendiar un par de autos y copar Plaza de Mayo, pintaron las paredes de la Casa Rosada con la leyenda "casa montonera".

En la historia argentina hubo una docena de presidentes constitucionales puestos a dedo por su antecesor o por el hombre fuerte del momento

Perón no sólo no hizo campaña por Cámpora sino que se volvió a Madrid y luego atravesó por primera vez la Cortina de Hierro para visitar a otro dictador, el rumano Nicolae Ceausescu, un precursor del sistema matrimonial de gobierno. En el primer acto de campaña, en San Andrés de Giles, ya hubo señales del devenir: la juventud coreaba la consigna del cinco por uno. La violencia guerrillera, que Perón alentaba o en el mejor de los casos dejaba correr, era el telón de fondo. El 31 de diciembre de 1972 declaraba en Madrid: "Si tuviera 50 años menos no sería incomprensible que anduviera colocando bombas o tomando justicia por mano propia".

Lo de "el 'Tío' al gobierno, Perón al poder" fue lanzado también en diciembre por la JP. Le decían "Tío" por una socialización. Al principio sólo lo llamaba así un miembro del comité de campaña: su sobrino. Como ex presidente se quedó en el lado izquierdo del peronismo, lo que le valió una póstuma mala relación con Perón y una severa persecución de la dictadura, que lo mantuvo encerrado más de tres años en la embajada de México, donde había pedido asilo junto al padre del actual jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. Los militares sólo le concedieron el salvoconducto cuando el cáncer que lo aquejaba estuvo avanzado. Murió en 1980, poco después de llegar a México. Quizás nunca soñó con que tres décadas más tarde una organización juvenil enancada en el Estado recordaría aquellas siete semanas a través de su nombre..

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