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Al margen de la semana

Una letra con significados diferentes

Economía

Hace exactamente once años, en diciembre de 2001, la Argentina enfrentaba la amenaza de las temibles "3 D" (letra inicial de default, devaluación y depósitos confiscados), que finalmente se transformaron en una dramática realidad tras el corralito y el posterior estallido de la convertibilidad, como preludio de aquella crisis política, económica y social de proporciones históricas.

El posterior despegue (otra letra "D") tuvo fases cambiantes. Desde el "trabajo sucio" del tándem Duhalde-Remes para salir del atolladero, hasta una política macroeconómica más previsible (apoyada en superávits gemelos -fiscal y externo- y tipo de cambio real alto), que inició el tándem Duhalde-Lavagna y continuó luego Néstor Kirchner con el mismo ministro de Economía hasta concretar el primer canje de la deuda pública en default y el pago por anticipado de la deuda con el FMI. En esos años, el PBI registró un espectacular crecimiento a tasas chinas, favorecido por un alineamiento planetario muy distinto al del próximo 21-D: una estrategia enunciada, pero orientada a impulsar la producción, recuperar salarios y reducir la pobreza con una inflación relativamente baja; la alta capacidad ociosa que había dejado la crisis previa y un marco externo excepcionalmente favorable. De ahí en más, en 2006/2007 el gobierno kirchnerista se engolosinó con la expansión de la economía basada en el creciente gasto público y el consumo interno, pero se desentendió de la inflación de dos dígitos (que pretendió camuflar con la intervención del Indec) y sus consecuencias. Entre ellas, la incipiente desmejora fiscal, que cubrió primero con la estatización de las AFJP y luego con dos aumentos de las retenciones, la última tras el fracaso de la resolución 125 que en 2008 gatilló el conflicto con el campo. Pudo superar rápidamente la recesión de 2009, provocada por la crisis global, gracias a esos "colchones"; pero mantuvo sin necesidad el acelerador a fondo en los dos años posteriores, a costa de más inflación, controles de precios, subsidios imparables, déficit energético y deterioro fiscal y cambiario, que acentuaron la desconfianza (otra vez la "D") y provocaron una fenomenal fuga de capitales. Hasta que después de ser reelecta, Cristina Kirchner produjo a fin de 2011 un giro de 180 grados en la política económica con el cepo cambiario; el uso abusivo de la "maquinita" y las reservas del Banco Central para financiar el bache fiscal; las trabas a las importaciones; la intempestiva expropiación de YPF y nuevos aumentos de la presión tributaria vía impuesto inflacionario.

Al final de esta parábola, el crecimiento del PBI será muy pobre en 2012 (entre 1,5 y 2%, según estimaciones privadas), sin que haya cedido la inflación y con un retroceso de la inversión privada que frenó la creación de empleos. Y la magnitud del repunte que se prevé para 2013 dependerá mayormente de la cosecha agrícola, los precios internacionales (en especial, soja y petróleo) y la reactivación de la economía brasileña. Para 2014, después de las elecciones legislativas, nadie se atreve a formular pronósticos: muchos empresarios y economistas auguran que la economía podría ingresar en una etapa de "2 D" (dimensión desconocida). Sobre todo, si el gobierno de CFK persiste en su enfoque ideológico y binario, con planteos a todo o nada y confrontación permanente con "enemigos" rotativos (y acumulativos).

Calendario con escollos

Esta forma de gobernar, con alta dosis de autocracia y cero de autocrítica, refuerza la "D" de desconfianza. Y afecta tanto las decisiones de inversión de las empresas como las expectativas de los consumidores.

Pero, además, en este mes de diciembre la letra "D" vuelve a cobrar vigencia y no sólo por simplificar los titulares periodísticos. Sin el significado dramático de hace once años, marca fechas convertidas en sucesivos e inciertos "tests" para el Gobierno.

La secuencia comenzó con el fracaso del 7-D, la fecha autoimpuesta por CFK en su batalla con el Grupo Clarín y que ahora probablemente ingresará en un campo judicial embarrado. Pero también habrá fechas clave en otros frentes durante las dos semanas que restan hasta fin de año.

Mañana es el 17-D, elegido por el FMI para difundir su evaluación sobre las estadísticas del Indec. Y aunque haya postergado hasta enero eventuales sanciones a la Argentina (la famosa "tarjeta roja"), en realidad, se trata de un problema que afecta a los argentinos más que al organismo. Lo que comenzó con la "avivada" de manipular el índice de precios al consumidor para reducir pagos de los títulos públicos ajustables por CER (equivalente del IPC) se transformó con los años -y una inflación de dos dígitos anuales- en una bola de nieve. Que desembocó en la ausencia de indicadores confiables y creíbles sobre la verdadera situación socioeconómica del país y también en una cadena de persecuciones a los consultores privados que miden la inflación real. Nada indica que exista voluntad política de terminar con este juego sucio, con tarjeta del Fondo o sin ella.

Al día siguiente -el 18-D-, la Presidenta recibirá a los obispos de la Conferencia Episcopal, que semanas atrás alertaron sobre dramas sociales que el oficialismo suele subestimar, como el alto número de jóvenes que no estudian ni trabajan o el avance del narcotráfico, además de reclamar diálogo para evitar que la sociedad se divida "en dos bandos irreconciliables". Una apelación incompatible con el discurso oficial que suele diferenciar a los argentinos entre "nosotros o ellos" y los coloca en veredas opuestas según apoyen o cuestionen al gobierno.

El miércoles 19-D habrá otro round de la fractura sindical, con la movilización a Plaza de Mayo del gremialismo opositor agrupado en la CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli. Una movida que el Gobierno busca neutralizar con un nuevo ensayo de Pacto Social entre la CGT de Antonio Caló y entidades empresarias y que tampoco tiene buenos augurios: no sólo porque plantea desindexar el mínimo no imponible de ganancias y las pautas salariales para 2013, sino porque estos acuerdos sólo pueden ser complemento y no sustituto de una política articulada para desacelerar gradualmente la inflación, que sigue brillando por su ausencia.

Y el viernes 28-D será el turno del gobierno argentino ante el tribunal de Nueva York que suspendió hasta fin de febrero el polémico fallo del juez Thomas Griesa a favor de los fondos buitre. Aunque ahora se descuenta una propuesta de pago con quita que equipare a quienes aceptaron los canjes de deuda y a quienes lo rechazaron, si se hubiera formulado meses atrás, tal vez, hubiera evitado el sobresalto de fin de noviembre.

Más allá de esta proliferación de letras "D" con diferente significado a lo largo once años, la conclusión es que, en su segundo mandato, el gobierno de CFK instaló una sensación de crisis que no se corresponde ni con los indicadores macroeconómicos (a pesar de su deterioro) ni con el potencial productivo de la Argentina. Tampoco con las oportunidades que el país podría aprovechar, incluso en un mundo complicado, si el Gobierno aceptara la realidad tal cual es y no como quisiera que fuera..

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