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Editorial I

ADEPA: 50 años defendiendo la libertad de prensa

Opinión

La asociación que agrupa a las entidades periodísticas argentinas renovó su prédica por una prensa libre, al abogar por un país sin presiones ni mordazas

La ceremonia con que la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) celebró sus 50 años el miércoles pasado transmitió con absoluta fidelidad lo que esa entidad ha venido reflejando durante el último medio siglo. En el acto, un sacerdote de la Iglesia Católica, un rabino, un pastor protestante y un representante del islamismo hicieron una invocación común a los valores compartidos por las principales religiones monoteístas y exaltaron de ese modo el significado de la libertad de expresión y de prensa.

A pesar de la degradación incesante que sufre en muchos aspectos la sociedad argentina, sobre la que dejaron registro ese mismo miércoles los tan violentos como absurdos hechos callejeros producidos en el centro de esta ciudad, permanecen en pie valores en los que asentar nuevos esfuerzos de reconstrucción de la identidad colectiva.

De igual forma, a través de la defensa de la libertad de prensa y del compromiso con los principios éticos que legitiman el ejercicio periodístico, ADEPA ha agrupado en sus 50 años, sin distinciones ideológicas ni de ningún otro género, a la inmensa mayoría de los periódicos, diarios y revistas del país. Hoy mismo, actúan en su seno medios críticos del Gobierno y otros que respaldan su gestión.

Bastante antes de que se hablara de políticas antidiscriminatorias con rigor legal, y en medio de la hipocresía asombrosa de no pocas conductas oficiales, ADEPA ya practicaba hacia adentro los principios democráticos de igualdad y fraternidad que ha reclamado de los poderes públicos. En palabras del presidente de ADEPA, Carlos Jornet, director de La Voz del Interior, representó "una voz de aliento y esperanza" la presencia de centenares de personalidades de la vida pública para celebrar el cincuentenario de la entidad.

Jornet se lamentó de que el oficialismo haya estado ausente de una celebración a la que habían sido invitadas las más altas autoridades. Conmemoraciones de esta naturaleza suelen contar en el mundo, como una convención natural y de respaldo a instituciones de elevado prestigio, con la participación de figuras destacadas de los elencos gubernamentales de turno. Las cosas suceden a veces de otra manera en la Argentina. Podría recordarse, en ese sentido, que el teniente general Juan Carlos Onganía, que derrocó al gobierno constitucional de Arturo Illia con la complacencia entonces de algunos círculos pseudointelectuales e informativos que se prolongan en el kirchnerismo de hoy, desconoció, tanto como sus ministros, los centenarios de La Prensa, en 1969, y de LA NACION, en 1970. Fue la represalia de Onganía a las críticas a su administración.

El país siguió andando, de todas formas, con esa variedad extraordinaria de matices en su coloratura real, tan distinta de la antojadiza percepción autoritaria, sólo capaz de captar el blanco o el negro y de negar, en cambio, todo lo demás. Así suele hacerlo este gobierno surgido del voto popular.

"No hay censura dijo Jornet-, si entendemos por ella la prohibición de publicar informaciones por la prensa. Pero el hostigamiento a periodistas y medios, el ahogo económico, las persecuciones y trabas administrativas, la creación de causas judiciales por supuestos delitos, la sanción de leyes restrictivas y aplicadas con criterios discriminatorios, la reticencia a sancionar normas de acceso a la información pública, el montaje de un vasto y costoso bloque de medios paraoficiales con recursos del Estado son sólo algunos de los mecanismos de censura indirecta que se extienden por el país y la región, bajo el ropaje de fomentar mayor pluralismo."

En medio de tal situación, equivalente, dijo Jornet, a que medios y periodistas vivan "en libertad vigilada, en libertad condicional", la prensa argentina ha hecho saber una vez más que no cederá a las presiones y ataques, aunque algunos de éstos deriven en el agravio público y las agresiones físicas que tarde o temprano pueden llegar.

El cincuentenario que celebramos ha sido una oportunidad renovada para recordar a todos que una vez restringida la libertad de prensa quedan comprometidas todas las libertades. Ha sido, también, una manera de tener presente que luchar por ellas constituye un fenómeno colectivo de todos los días.

ADEPA ha honrado el papel que le fue asignado en un ya lejano 1962 en tan delicado campo para los intereses generales de la sociedad y sus valores democráticos y republicanos..

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