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Entrelíneas

Madonna: fragmentos de una imagen

Espectáculos

Madonna dejará atrás el próximo sábado en Córdoba el tramo argentino del MDNA Tour después de haber sido vista por unas 160.000 personas. Pero su partida de la Argentina en vísperas de la Navidad no será completa. Se quedará entre nosotros un tiempo más gracias al cine, en la medida en que el interés del público local logre mantener en cartel la segunda película dirigida por la antigua chica material.

Los primeros números de El romance del siglo (W. E.) están lejos de indicar algún equilibrio y cierta proporcionalidad en el contacto entre la audiencia argentina y dos de las facetas artísticas que viene a regalarnos la artista que, por lo visto en el escenario, atraviesa en plenitud este tramo de su vida. Si, tal como lo indican las cifras de la consultora Ultracine, apenas 316 personas en 13 pantallas se decidieron a verla en el día de su estreno (el jueves último, jornada coincidente con el primero de sus dos conciertos en River), las proyecciones indican de un modo casi inexorable que El romance del siglo pasará muy pronto sin pena ni gloria por las salas de nuestro país.

Es posible que la distancia entre el estreno mundial del film (tuvo lugar hace más de un año en el hemisferio norte) haya influido más entre los potenciales espectadores que la búsqueda de oportunidad para el estreno en una fecha de exacta coincidencia con el concierto del jueves. Lo más probable es que la gran mayoría de esa multitud que soportó en el Monumental una larga demora antes de la llegada de Madonna a escena, si es consecuente con la carrera de su ídola, haya visto todo o parte del film en el largo trecho que medió entre el lanzamiento del film en los países centrales y el estreno local.

Pero aun reducido a un visible segundo plano, vale detenerse con atención y alguna profundidad en ese costado cinematográfico. Mucho más si lo vemos desde la ciudad en la que Madonna desembarcó hace casi 17 años, el 21 de enero de 1996, para ponerse al frente de uno de los rodajes internacionales más comentados y discutidos de la historia del cine en la Argentina. Había llegado para llevar a la pantalla grande la Evita concebida en clave musical por Andrew Lloyd Webber y Tim Rice.

Aquel ya lejano rodaje, que se recuerda sobre todo por algunas accidentadas y curiosas circunstancias de su desarrollo, no podría contrastar mejor que con la imagen idílica de James D'Arcy y Andrea Riseborough (Eduardo VIII y Wallis Simpson) en El romance del siglo que se proyectan en pantalla gigante durante uno de los tramos más reposados del concierto que acabamos de ver en River.

En ese momento, una muy relajada y sonriente Madonna, luciendo como el resto de sus bailarines una vistosa txapela (la clásica boina vasca), entona en compañía del fantástico trío vasco francés Kalakan una bella versión acústica de "Masterpiece", el tema central de El romance del siglo, que ganó hace un año el Globo de Oro. Si no fuera porque ella misma elige como leitmotiv de su nuevo espectáculo los múltiples rostros que a lo largo del tiempo funcionan como sucesivas manifestaciones de una misma identidad podría decirse que esa Madonna no tiene nada que ver con la que se había mostrado en público tan esquiva y desconfiada durante aquél caluroso verano de 1996.

Ahora queda un poco más claro que esa imagen funcionaba para Madonna como una suerte de coraza frente a la incomprensión que podía percibir en ese momento alrededor del proyecto que la tenía como figura central. No iba a ser su película (la dirigió Alan Parker), pero sí su Evita. Por eso algunas crónicas de LA NACION en su paso por la Argentina dieron cuenta de tardes enteras cocompartidas por Madonna e interlocutores clave que conocieron a Eva Perón y fueron dando respuestas a sus interrogantes sobre el personaje. Entre quienes procuraron satisfacer esa curiosidad estuvieron María Elena Walsh, el ex canciller de Perón Hipólito Jesús Paz y el periodista Enrique Oliva.

Lejos de esa disposición al diálogo estaban otras figuras de nota empeñadas por entonces, aunque hoy resulte casi anecdótico, en impedir que el proyecto se llevara a cabo. Una diputada peronista de La Rioja, Marta Rivadera, preparó por esos días un proyecto para declarar "personas no gratas" a Parker, Madonna y todo el elenco de Evita. "No puedo concebir que Madonna haga el papel de la Señora con mayúsculas. Esto es una ofensa", llegó a decir.

Desde el Frepaso, la entonces diputada Nilda Garré dijo por esas horas, mucho antes de que se filmara la película: "Por lo que ha trascendido es una versión distorsionada de la vida y la obra de Eva Perón. Me parece una falta de respeto que hiere la susceptibilidad del pueblo argentino". Y hasta el entonces vicepresidente Carlos Ruckauf invitó a los espectadores argentinos a no ver la película en el momento de su estreno.

Ruckauf llegó a ese lugar acompañando a Carlos Menem en su segundo período presidencial. Pero fue Menem quien ordenó que el segundo fin de semana de marzo de 1996 se cerrara el perímetro de la Plaza de Mayo para que Parker filmara a Madonna como Evita en el balcón de la Casa Rosada frente a unos 4000 extras. Más tarde, Madonna confesaría a LA NACION, en Los Angeles, que Menem le pareció "encantador y adorable, incluso en esa actitud de espiarme". Hablaba de cómo el ex presidente, al recibirla en la Casa Rosada, le había mirado sin disimulo un bretel y el corpiño que se asomaba por debajo de su vestido. Así lo reveló en un diario escrito por entonces para la revista Vanity Fair.

Con el tiempo, el episodio se con virtió apenas en un risueño recuerdo. Lo que más le interesaba a Madonna, según propia confesión, es dejar en claro que Buenos Aires le encantaba y que se habían malinterpretado algunas expresiones de disgusto incluidas en aquellos textos de Vanity Fair. "Es que resultaba difícil estar allí mientras filmaba", se defendió.

A 16 casi exactos años de distancia de este testimonio, Madonna volvió a la Argentina. Lejos de las querellas políticas, aunque resuelta a invocar el recuerdo de aquellos días de 1996. En River, tras el strip- tease con que acompaña la versión de "Human Nature", es la palabra "Eva" la que aparece inscripta en su espalda. A partir de allí se van hilvanando confusiones y ambigüedades: una versión acústica de "No llores por mí Argentina" coreografiada como una canción de cabaret en medio de alusiones sobre el lugar de la mujer y el rechazo a la violencia de género.

Nada que sorprenda. Al fin y al cabo, el ADN de Madonna es una suma de fragmentos que a primera vista pueden parecer contradictorios. En pocos días terminará el tramo argentino de su nueva gira sin alterar esa imagen. Ella lo quiere así..

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