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La TV testimonial aprovechó su talento

Dejó su sello en ciclos como Nosotros y los miedos, De fulanas y menganas y Atreverse

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LA NACION
Domingo 16 de diciembre de 2012
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A diferencia de muchas grandes figuras del cine de su tiempo, Olga Zubarry no tuvo que enfrentar un tiempo de declinación artística cuando la estrella de aquellas grandes películas que llegó a protagonizar comenzó a apagarse. Con inteligencia y una notable capacidad para encontrar siempre su lugar, el que mejor la aprovechaba, fue instalándose de a poco en el mundo televisivo a partir de la década del 60. Y allí perduró sin necesidad de apariciones permanentes para conser var su vigencia y el reconocimiento popular hasta que avanzada la década del 90 eligió el retiro por propia decisión.

Comenzó en la pantalla chica de la mano de María Herminia Avellaneda en Una comedia en la noche, todo un indicio del tipo de programa al que mejor se adaptaría con el tiempo. De allí en adelante, su rostro aparecería sobre todo en comedias brillantes (Qué vida de locos, alguna temprana temporada de Matrimonios...y algo más), algún teleteatro (Tu rebelde ternura, con Alberto Migré), ciclos dramáticos o históricos ( Hombres en pugna, Alta comedia, La posada del sol, Nuestro encuentro, estos dos últimos junto a Duilio Marzio) y, sobre todo, en los ciclos testimoniales que sirvieron para que la TV viviera la transición de la última dictadura militar a los tiempos democráticos. El mejor ejemplo fue Nosotros y los miedos, aquel ciclo que desde 1982 revelaba desde la ficción todas las cuestiones silenciadas en los años previos. Allí, Zubarry integraba un elenco de gran jerarquía junto a Miguel Angel Solá, Ricardo Darín, Rodolfo Ranni y Graciela Dufau, entre otros, con dirección de Diana Álvarez.

Por ese tiempo también se lució en otro ciclo de unitarios, en este caso consagrados a la problemática femenina, De fulanas y menganas, en compañía de Noemí Frenkel y Marta Bianchi. Atreverse y Situación límite, otros dos ciclos esenciales de la televisión de esos años, supieron aprovechar su enorme y natural expresividad.

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