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La negociación eterna: política y burocracia

La próxima cumbre Mercosur-UE reaviva el debate sobre los verdaderos intereses de los protagonistas

Martes 18 de diciembre de 2012
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LA NACION
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Algunas negociaciones comerciales parece que sólo se sostienen para justificar los sueldos de unos cuántos diplomáticos porque llevan años y no conducen a ninguna parte. Sin embargo, detrás de esas conversaciones infructuosas hay empresarios que presionan para que se arribe a un acuerdo o para que fracase. Aunque muchos sindicatos no les prestan atención, hay puestos de trabajo en juego. Es el caso de la negociación del acuerdo de asociación (de libre comercio, cooperación y político) entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), que comenzó en 1999, se interrumpió en 2004, se resucitó en 2010 por impulso de la Argentina y España, pero ha vuelto a aletargarse.

El mes próximo, más precisamente el 26 y el 27, se celebrará en Santiago de Chile la cumbre bienal entre jefes de Estado y de Gobierno de América latina, el Caribe y la UE y será una nueva oportunidad para que la negociación entre el Viejo Continente y el Mercosur sea otra vez noticia.

La burocracia de la UE siempre quiere dialogar sobre el tema, más allá de que después plantee sus reparos a la hora de abrir sus mercados de materias primas agrícolas y de alimentos elaborados.

Del otro lado, Brasil y Uruguay levantan un discurso muy favorable a revivir el diálogo, pero la Argentina y Venezuela ponen reparos, según fuentes oficiales brasileñas. Paraguay, mientras tanto, se encuentra suspendido del bloque después de que la polémica destitución de Fernando Lugo de la presidencia pusiera en tela de juicio la vigencia de la democracia en ese país, según la apreciación de los otros socios del Mercosur.

En el gobierno de Dilma Rousseff niegan versiones que dicen que su país quiera negociar un pacto directo con la UE, por fuera del Mercosur.

Antes de la cumbre de Chile, habrá una entre Brasil y la UE en Brasilia el 24 de enero, en la que participarán Rousseff y sus pares de la Comisión Europea (jefe de Gobierno), José Manuel Durao Barroso, y del Consejo de Europa (jefe de Estado), Herman van Rompuy, y el comisario (ministro) europeo de Comercio, Karel de Gucht.

Fuentes oficiales europeas reconocen que tanto a la UE como a Estados Unidos o a China les gustaría entablar un diálogo directo con el gigante sudamericano, sin mediación del Mercosur, porque consideran que así sería más fácil avanzar hacia un pacto, pero reconocen que esa opción es imposible mientras el Partido de los Trabajadores (PT) siga en el Ejecutivo.

Culpas ajenas

Brasil, potencia emergente y cada vez más global, tiene claro que su inserción en el mundo es través del bloque. Sin embargo, sus funcionarios no ocultan su preocupación porque dicen que ellos quieren avanzar en las negociaciones con la UE para acabar con 13 años de resultados frustrantes, al tiempo que responsabilizan a los gobiernos de Cristina Kirchner y de Hugo Chávez de las pocas ganas de continuar con el diálogo. Empresarios brasileños, sobre todo en el sector de alimentos, quieren penetrar más en el mercado europeo, de modo de compensar con exportaciones el pobre crecimiento actual de su país.

En el gobierno argentino no rechazan sentarse a conversar con la UE, pero recuerdan que su intención prioritaria radica en reconstruir el tejido industrial propio y en ese sentido no están dispuestos a aceptar que Europa vuelque en el mercado local lo que no puede colocar en el suyo por la recesión que se extiende año a año en varios de sus países.

Fuentes oficiales de la UE reconocen que las barreras generalizadas de la Argentina a la importación no colaboran con un acuerdo, pero advierten de que también Brasil las ha aumentado, aunque no tanto, y que muchas veces culpa a sus socios de la falta de avances en el diálogo birregional cuando en realidad también esconde peros a la apertura. Así como los 27 socios europeos ofrecen resistencia a la liberalización agrícola, Brasil y la Argentina ponen reparos al libre comercio industrial.

Venezuela, que se incorporó a la unión aduanera en julio pasado, supone otro factor de complicación para el diálogo con la UE dado que este país caribeño aboga por el socialismo del siglo XXI, alejado del libre comercio, y porque, al igual que los otros miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), critica los acuerdos entre naciones del Norte y del Sur por considerarlos desequilibrados y desfavorables para los segundos.

Algunos gobiernos europeos han alertado abiertamente sobre los posibles obstáculos que Caracas pueda interponer en un convenio. Sin embargo, funcionarios de Bruselas aseguran que en la actualidad Venezuela aún se encuentra discutiendo con sus socios del Mercosur el cronograma de adecuación de su economía a la zona de libre comercio y a la unión aduanera regional, con lo que todavía no está claro si participará o no del diálogo entre el bloque y la UE.

Las mismas fuentes comentan que en el gobierno de Rousseff la incorporación de Venezuela y la suspensión de Paraguay recibieron apoyos de Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) y críticas del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, siempre más deseoso de abrir mercados. La Federación de las Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp) comparte las inquietudes de la cartera de Desarrollo. Pero el canciller brasileño, Antonio Patriota, también ha dicho que el statu quo en la negociación con la UE representaría un retroceso, porque en 2014 Europa eliminará las ventajas arancelarias que otorga en forma unilateral a su país, la Argentina, Uruguay y Venezuela a ciertos productos.

El 7-D, en la última cumbre del Mercosur, en Brasilia, Cristina Kirchner dejó clara la posición argentina frente a la UE: "Estamos cansados de que nos tilde de proteccionistas, cuando Europa tiene décadas de proteccionismo. Estamos dispuestos a ser socios, pero no depositarios de mercadería de sobra. Cuando hablemos con Europa, como decían Dilma y Pepe (José Mujica, presidente de Uruguay) tenemos que preguntar bien qué quieren y qué ofrecen. Yo quiero saber el grado de protección que hoy tiene cada uno de los productos de Europa y qué están dispuestos a ofrecer".

La jefa de Estado sorprendió al señalar que "el problema es que la Argentina tiene aranceles de importación muy bajos históricamente, que no superan el 35%; por lo tanto, bajarlos a un 19% o un 20%, es absolutamente ruinoso". La Presidenta pidió que se comenzara hablar "de igual a igual" con los inversores extranjeros y se quejó de que las automotrices multinacionales sólo quieran proveerse en la Argentina de autopartes de menor valor agregado y que los modelos y piezas más sofisticados sean importados.

La misma semana de la reunión del bloque fue aquella en la que la Argentina presentó quejas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) por trabas de Estados Unidos al limón y las carnes y contra la UE por barreras al biodiesel, sobre todo de España, que adoptó restricciones como represalias por la nacionalización de YPF, pero después se arrepintió por el perjuicio que esas medidas trajeron para sus consumidores de ese combustible, los agricultores.

Ante esa protesta, la UE, Estados Unidos y Japón respondieron pidiéndole a la OMC un panel de arbitraje sobre las barreras generalizadas de la Argentina a la importación, seis meses después de que se presentara la primera queja y habida cuenta de que se había agotado el plazo procesal para llegar a un acuerdo amistoso.

Cristina Kirchner se refirió en Brasilia a la demanda contra la UE y Estados Unidos. "Debemos ir con buenos modales, con buen lenguaje y con números. No estamos hablando de cuestiones ideológicas, porque ya estamos grandes. Ya hemos hecho muchas cosas de jóvenes. Se nos pasó la juventud a todos. Por lo tanto, vamos hablar de números", propuso la jefa del Estado.

Cuando faltan pocas semanas para su encuentro con los máximos líderes europeos, la jefa del Estado se refirió en la cumbre del Mercosur una vez más a la crisis europea. Dijo que "se visualiza una manifiesta incapacidad de resolverla" por parte de los gobernantes de la UE y advirtió de que "van a intentar transferirla a los países emergentes". ¿Cómo? Una vía sería destinando sus productos a estos mercados. Otra, devaluando sus monedas, con lo que se encarecen los bienes argentinos, por ejemplo.

Mujica considera que precisamente la crisis europea representa una oportunidad para el acuerdo, y no sólo por la intención de la UE de exportar más sino por las restricciones presupuestarias que pueden derivar en un recorte de los famosos subsidios agrícolas, que tanto distorsionan el comercio y protegen a los productores europeos.

"Por la situación en Europa, probablemente quede la paradoja de que exista pronto una condición para intercambiar y negociar, sin aquellas viejas trabas de proteccionismo agrícola", opinó el presidente uruguayo. "Ahora probablemente haya clima más propicio", añadió Mujica. Sin embargo, a la hora de redactar el documento final del Mercosur, los presidentes, después de dedicar tres párrafos a destacar la relación con China, en el punto 50, sobre un total de 61, expresaron su "apoyo" a la negociación con la UE para arribar a un acuerdo integral y equilibrado".

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