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El medio es el mensaje

"Fiesta Patria Popular" que pagamos todos

Opinión

Uno le ordenaba al otro: a qué hora, dónde, con quién debía aparecer y cómo tenía que comportarse. Quien impartía las directivas era Javier Grosman, el "escenógrafo" de los grandes acontecimientos histriónicos del kirchnerismo -el Bicentenario, la transmisión de las exequias de Néstor Kirchner, Tecnópolis-, el otro no era su cadete, sino nada menos que el vicepresidente de la Nación. Las indicaciones claras y precisas le señalaban a Amado Boudou la tarde anterior, lo que se esperaba de él para la "Fiesta Patria Popular" que tuvo lugar el domingo pasado, pensada primero para celebrar la apoteosis desinversora del 7-D, que recién anteayer obtuvo su primera luz verde, y que después tan solo se presentó como celebración de los derechos humanos y los 29 años de democracia continuada.

La puesta en escena resultó un rotundo éxito en lo artístico: interminables números e intérpretes de primera calidad que siguieron haciendo música bien entrada la madrugada del lunes, Casa de Gobierno con mapping a full y su iluminación bolichera, todo en medio de un clima veraniego ideal que convirtió a la Plaza de Mayo en una suerte de discoteca a cielo abierto.

Por allí estuvo, siguiendo al pie de la letra las indicaciones que se le dieron, con su habitual sonrisa y repartiendo besos, quien feliz ya se cargó un procurador general de la Nación, un juez y un fiscal para que el caso Ciccone le siga siendo ajeno por completo.

Lo de Grosman no será barato, pero es muy profesional en lo suyo y el producto queda en pantalla más que bien plantado: armoniosa combinación de colores, ágil dirección de cámaras y una buscada atmósfera de buena onda. Fuera de cuadro (menos mal, porque restaba magia) estaba la 9 de Julio atestada de micros que, más allá de los muchos espontáneos que concurrieron, aportaron extras en cantidad a la lograda superproducción del Walt Disney del kirchnerismo.

El peronismo advirtió tempranamente que los artistas populares eran un poderoso imán de las masas que no sólo no debía desestimar, sino que había que cultivar.

"Los artistas de teatro, cine y radio piden la reelección del general Perón", reza un título de la revista Mundo Argentino, del 3 de octubre de 1951. Son varias páginas donde se ve a caras muy conocidas del mundillo del espectáculo local firmando un petitorio en apoyo a la continuidad del líder justicialista.

El jefe de prensa de Argentina Sono Film, Alejandro Apold, pasó a ser el pope de las comunicaciones, y Eva Perón no sólo prohijó un ateneo que llevaba su nombre y que tenía afiliadas a las principales figuras, sino que auspició el nacimiento de la TV argentina, pocos meses antes de su muerte.

Los políticos envidian la enorme popularidad de las megaestrellas que llenan estadios sin que nadie lleve a sus seguidores y encima pagando onerosas entradas.

A Cristina Kirchner le gusta cada vez más aparecer rodeada de artistas: como si no fuese suficiente el récord de votos que ostenta, de todos modos no desea prescindir de los efluvios benéficos que emanan de los astros amados por los públicos y por eso los elige como aplaudidores VIP en su locación preferida (el Museo del Bicentenario) o los lleva en avión hasta Mar del Plata para que como decorado viviente los acompañe y sean, a su vez, su propio y paradójico público.

Haber convertido a los actos K en atractivos festivales populares es un hallazgo que aleja el fantasma de concurrencias diezmadas al dejar atrás el formato de los aburridos mítines políticos a la vieja usanza.

No fue una excepción, en ese sentido, la colorida convocatoria oficialista del domingo. En cambio, a la oposición le está haciendo falta urgente algún discípulo de Grosman que los plante en un contexto más atractivo: la auspiciosa reunión multipartidaria por el 29° aniversario del regreso de la democracia en el comité nacional de la UCR se pareció a una sobremesa trasnochada de ex alumnos somnolientos tras el quinto café. Las formas también importan: bien lo sabía Raúl Alfonsín, cuya campaña a la presidencia, en 1983, estuvo en manos de un lúcido profesional de la comunicación publicitaria como David Ratto. Si la oposición insiste en agotarse sólo en un lamento continuo en entornos deprimentes, sus chances electorales seguirán siendo más que acotadas.

Con respecto a la polémica que se armó en torno de lo que Fito Páez cobró para presentarse, todavía estaba fresco el antecedente de los 425.000 pesos que recibió para sumar su voz al bicentenario de la creación de la Bandera, en el monumento que la recuerda, en Rosario, su ciudad natal.

Siendo últimamente tan militante del actual gobierno se esperaba que el autor de El amor después del amor actuase gratis en esta ocasión, cosa que salió primero a confirmar su novia panelista de programa K y después, el propio Páez, en declaraciones radiales. Hizo bien: quitó presión interna a su entorno, que empezaba a molestarse porque la intensa prédica política de su jefe pueda convivir con embolsar al mismo tiempo un grueso fajo de billetes. Quedó por saberse cuánto cobraron Charly García y los demás artistas.

Ya que los pagamos todos los contribuyentes, sería un lindo gesto democrático que el Gobierno colgase en Internet cuánto nos costó la "Fiesta Patria Popular"..

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