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Editorial I

Los jóvenes y la noche, una responsabilidad compartida

Opinión

Comerciantes, autoridades y padres debemos trabajar en forma conjunta para que los chicos se diviertan sin recurrir a los excesos que tanto mal les hacen

Con el fin del período lectivo, el comienzo de las vacaciones y la mayor disponibilidad que empiezan a tener los jóvenes por estos días para dedicar a la diversión, solos o en grupos, se aceleran los tiempos para poner en práctica las necesarias medidas que les permitan gozar de este período de disfrute con la mayor de las seguridades.

Como ocurre todos los años, esta época de más reuniones de adolescentes en diversos tipos de boliches nocturnos representa un desafío para las autoridades, que deben agudizar los controles y hacer respetar las normas, como para los comerciantes a quienes se deberá exigir responsabilidad en el estricto cumplimiento de las disposiciones como, por ejemplo, las que impiden la venta de alcohol a determinadas horas y a menores de edad.

Por el hecho de que cada distrito tiene sus propias normas, es necesaria también una mayor comunicación entre las comunas, especialmente las del área metropolitana, ya que los chicos suelen desplazarse de un municipio a otro en busca de diversión.

En este punto vale la pena destacar acciones que han venido desarrollando algunas comunas, con la mira puesta en la seguridad de los jóvenes. Controlar con rigurosidad que no se sobrepase la capacidad de los boliches, que los comerciantes acaten la prohibición de venta de alcohol dentro y fuera de ellos, evitar la violencia muchas veces derivada de discrecionales sistemas de admisión a los comercios y, básicamente, desalentar cualquier acto violento son pasos fundamentales para garantizar ese disfrute.

Según se ha publicado en las últimas semanas, municipios como San Miguel, La Plata y Lomas de Zamora han tomado la delantera en el control de la nocturnidad.

En San Miguel, por ejemplo, donde se viene trabajando desde hace varios años para alentar una buena relación entre la noche y los jóvenes, se han adoptado las "salidas escalonadas" de los boliches de modo de evitar la enorme concentración de chicos por las calles. Paralelamente, se han reforzado los controles sobre la venta de alcohol y sobre la prohibición del ingreso de menores a locales donde les está vedado hacerlo.

Uno de los aspectos más interesantes adoptados por algunas otras comunas como la de San Miguel es precisamente el contacto frecuente de las autoridades con la policía, los empresarios, las bandas musicales y, fundamentalmente, con los padres. Se los convoca a participar aportando ideas y generando soluciones a los principales problemas a los que se enfrentan los chicos a la hora de salir de noche.

Curiosamente, uno de los más graves ocurre con antelación a la salida de los jóvenes a los centros de diversión. Son las denominadas "previas" realizadas por grupos de amigos en casas particulares, donde se suele consumir alcohol sin ningún tipo de restricción, ya sea porque hay bebidas de ese tipo en los domicilios o porque las adquieren mediante deliveries o en quioscos y almacenes que no controlan la edad de los compradores o que, a pesar de conocerla, les venden las bebidas en forma camuflada. De ahí a los explosivos y dañinos cócteles como la "jarra loca" hay apenas un paso.

Por esa razón, el control de los padres resulta fundamental en la larga cadena de actores con responsabilidad en la conducta de los jóvenes.

Otro ejemplo de cómo se ha venido trabajando en el tema lo representa la comuna de La Plata, con su registro para padres interesados en sumarse a mesas de diálogo con las autoridades para establecer reglas de juego claras y controles efectivos.

También Lomas de Zamora ha encarado distintas medidas, como puntos fijos de controles callejeros cercanos a los boliches y controles para que no se exceda su capacidad física.

Por su parte, algunos boliches del conurbano comenzaron a realizar una prueba piloto voluntaria de control de alcoholemia a clientes que quieran ingresar en locales de diversión nocturna. Lo hacen en forma sorpresiva en puestos sanitarios del Ministerio de Salud bonaerense. Los jóvenes pueden negarse pero, si aceptan y tienen mayor graduación de alcohol en sangre que la permitida, se les prohíbe el ingreso al local.

En tanto, en la ciudad de Buenos Aires hubo el año pasado diversas acciones coordinadas con otros distritos para ejercer un mayor y mejor control de la nocturnidad.

También son para destacar las acciones de la ONG Divertite sin Alcohol, con su constante prédica para que los chicos tomen conciencia de los efectos del consumo desmedido y de que no es necesario recurrir a esas prácticas para poder disfrutar.

La cuestión, en definitiva, no pasa por prohibirles que salgan a divertirse ni asfixiarlos con normas de objetivos difusos, sino apoyar lo que muchos han denominado una "diversión controlada". Los jóvenes deben internalizar el concepto de disfrute sin alcohol ni drogas. Bien se sabe que la noche urbana es lamentablemente generosa en la provisión de estas sustancias cuyo consumo puede resultar mortal o derivar en no pocos accidentes que, como tales, deben ser evitados.

Las autoridades tienen un papel fundamental en este tipo de controles, pero de lo que se trata, sin dudas, es de un cambio cultural profundo, del que debemos participar todos..

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