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Chicas de los 70, "¡Felices Fiestas!, muchachas recicladas"

Viernes 21 de diciembre de 2012 • 00:16
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Acá estamos las chicas de los setenta, "vivitas y coleando". No nos rendimos a los pies de nadie, salvo ante nuestras propias debilidades que convertimos rápidamente en fortalezas. Nos mantenemos lúcidas, bah! bastante lúcidas. Ya aprendimos de Borges que la memoria elije lo que olvida, o sea que nuestra cabeza está bien sólo que tiene menos capacidad de almacenar información inútil. Tratamos de actualizarnos continuamente.

Hay algunos casos aislados de mujeres que aun se pelean con la tecnología. Pero más por ideología que por otra cosa. Mi amiga Chunchuna Villafañe siempre declara que ODIA EL CELULAR. Pero es una pose, porque tiene uno que usa cuando se acuerda dónde lo puso. Tan actualizadas estamos que hasta nos ponemos a escuchar a algunos grupos de rock sin entender nada. Nosotras preferimos los románticos. En la tarea de mantenernos actualizadas empezamos a vestirnos igual que nuestros hijos, hasta que nos dimos cuenta del error. No, la cosa no iba por ahí.

En esta misión de hacernos las modernas, hemos padecido problemas serios de audición en recitales en los que nos aburríamos soberanamente. Incluso ahora, muchas despedidas de fin de año se hacen en boliches, claro que muchos de los compañeros casi podrían ser nuestros hijos. Todo bien. Pero no es lo nuestro. Hay que llegar después de la una de la mañana, y nosotras a esa hora ya soñamos con estar en la cama, en casa. Esta manía de estar al día nos duró bastante. Nos costó dejar las polleras cortas, que había impuesto twigy, los pelos al estilo Los ángeles de Charly, el cuerpo que debía ser sexy y deportivo naturalmente. Nosotras pasamos del afro look a los pelos largos y lacios, los tacos aguja, los cuerpos súper voluptuosos. Allí fuimos con todo. Hasta que nos dimos cuenta de que no daba para más tanta exigencia. Dejamos de abusar de los jeans, para cederle espacio a los pantalones menos apretados. Para eso están las más jóvenes que se aprietan hasta el infinito. Nosotras, con la ropa nos permitimos estar más cómodas. La ropa habla. La mayoría de las chicas de los setenta decidimos dejar algunas prendas de lado. Por ejemplo, los tacos demasiado altos. Esos que nos van a hacer tropezar en las calles inciertas y hacen peligrar nuestra estabilidad. Y no fue fácil, porque sabemos que alarga la figura, atrae a los varones, y todo queda más estilizado. Pero no podemos correr el riesgo de rompernos un hueso. Todas nos hemos hecho densitometrías y sabemos que quien más quien menos anda con los huesos por la cornisa.

También aprendimos a maquillarnos menos, porque el exceso nos hace mayores. Esto sumado al hecho de que todas tenemos que usar anteojos para ver de cerca y de lejos. Ambos. O lentes de contacto o recurrir a alguna operación. Todas a la hora de mirarnos en ese espejo -el del baño de toda la vida- para saber bien cómo estamos ya no nos sirve. La mayoría ha incorporado un adminículo que se coloca sobre un costado de la bacha y que oficia de lupa con luz. Y hace posible que usar un delineador con pincel no sea una tarea insalubre. Todas tomamos antioxidantes o algo parecido. Además del calcio. Casi todas las que abusamos del sol, tenemos algunos lunares oscuros que el dermatólogo estudia sigilosamente. Y todas ya entendimos que el protector 40 es un básico en nuestra cartera, junto con los lentes para ver.

Hay una bandera que a algunas nos cuesta arriar y es el tema de los brazos. Sin mangas o con mangas, aun en pleno verano. Dilema complicado. Todas padecemos del efecto salero. El aspecto carterita o como se le diga a la parte de debajo del brazo que tiene ese colgajo desagradable. Ahí no hay dinero que lo solucione, ni suficiente gimnasia ni mancuernas que alcancen. Es nuestro punto débil. Para las chicas de los 70 hay cosas que ya no se discuten. Salvo excepciones. Claro que, están las que aún dependen de la mirada masculina y que siguen con las extensiones, el taco aguja y la falda apretada, y las otras que ya prefieren menos exigencia y más comodidad. Todas admiramos a Michele Bachelet pero nos cuesta adoptar su forma de vestir. Hemos recorrido un largo camino, pero aún no bajamos las persianas de la sexualidad. Eso sí, hemos negociado… y mucho. Ahora en vez de sexualidad hablamos de sensualidad. Y afirmamos con énfasis que es mejor sugerir que mostrar. Levantamos la bandera del glamour como dicen los expertos de la moda, para justificar que cada vez podemos exhibir menos. Esto deviene de que no estamos desesperadas por andar mostrando nuestro cuerpo que da señales evidentes de madurez. El también ha perdido la memoria. Por eso, con la pasión que nos caracteriza les deseo Felices Fiestas, chicas de los sesenta.

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