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Bailar en silencio, una forma de celebrar que gana adeptos

El sábado pasado se realizó frente al Planetario el Silent Day, en el que se implementó en forma abierta y al aire libre una fiesta silenciosa

Sábado 22 de diciembre de 2012
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LA NACION
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Algunos bailan, otros hablan y otros miran a los que bailan. Los primeros se dejan llevar por un ritmo que no es el de las voces de los segundos, mientras que los terceros se preguntan de qué va la cosa. Es que claramente pueden verse parlantes a ambos lados del escenario montado delante del Planetario, en el que Cata Spinetta se encuentra abocada a su tarea de DJ, pero lo único que emiten esas enormes cajas negras es silencio.

"Me imagino que para los que miran desde afuera debe ser muy loco ver a alguien bailando sin ningún tipo de sonido", dice Heber Samaniego, de 32 años, para luego volver a colocarse unos auriculares blancos. No es el único que ostenta auriculares: fueron unas 700 personas las que a lo largo de todo el anochecer del sábado pasado participaron del Silent Day, organizado por la empresa Sony Argentina, y en el que la música fue transmitida por una frecuencia de FM.

"Fue una propuesta divertida, distinta e innovadora, pero a la vez fue todo un desafío, porque al principio era algo que parte de la gente que se acercaba no entendía", comenta Luciano Pizzi, marketing manager de Sony Argentina. Es que si bien las llamadas silent parties -fiestas silenciosas- han obtenido cierta popularidad en lugares como Inglaterra o en Ibiza, en la Argentina son un fenómeno incipiente.

De ahí que durante la primera hora del evento, en la que los concurrentes se acercaban -tímidamente- y eran pertrechados con auriculares ya presintonizados, los parlantes trabajaban a todo volumen, con la intención de atraer curiosos que, sumados a quienes habían sido convocados por medio de las redes sociales, formaran una masa crítica apta para nutrir la pista de baile.

"Me enteré por Twitter -cuenta Germán Laffue, de 29 años, en una impasse , mientras mantiene sus auriculares a la distancia justa de sus oídos que le permite conversar con este cronista sin perder el ritmo-. Es increíble la sensación de que te sacás los auriculares y no hay nada, y después te metés con los auriculares, y es como que estás volando en tu mundo."

Para entonces, ya son las 19, una hora ha transcurrido del comienzo del evento, el sol que hasta hace minutos caía perpendicularmente sobre los presentes ahora se oculta tras los árboles de Palermo, y los parlantes se han callado. El silencio envuelve a los primeros, que se dejan llevar por la música que comparten a través de los auriculares.

En este aspecto, la fiesta silenciosa del Silent Day difiere de otras fiestas silenciosas que desde hace poco más de un año se realizan en la Argentina. "En nuestras fiestas hay dos canales a través de los cuáles se transmiten distintos tipos de música: en uno, música para cantar y bailar; en el otro, sólo música para bailar, para que se marque bien la diferencia y la gente pueda disfrutar de dos estilos distintos, para experimentar al mismo tiempo de lo visual y lo auditivo", comenta Andrés Schnayman, cuya productora Pez Líquido ( www.pezliquido.com.ar ) organiza fiestas silenciosas.

Esta modalidad de celebración de a poco se va haciendo lugar en sitios tan disímiles como lo es un evento corporativo o una fiesta privada en un domicilio particular. "En barrios privados, por ejemplo, en los que no se puede pasar música fuerte después de determinada hora, las fiestas silenciosas ofrecen la posibilidad de poder celebrar sin molestar al otro. Y la gente lo superacepta", agrega Andrés, que señala que si bien en Europa la música electrónica es sinónimo de fiestas silenciosas (también llamadas headphones parties ), en la Argentina suelen colarse otros ritmos más latinos en los auriculares.

"Además de disfrutar sin molestar a los demás, es más saludable, ya que uno puede regular el propio volumen de la música -sostiene Luciano Pizzi-. Por otro lado, si uno quiere parar de bailar y ponerse a charlar, basta con sacarse los auriculares. Creo que lejos de fomentar el aislamiento, la idea de una fiesta en la que los participantes escuchan la música a través de los auriculares es algo más sociable de lo que puede parecer a primera vista."

"Para el que no está acostumbrado a estas fiestas, al principio resulta un poco raro, porque uno no siente la vibración de los parlantes que está acostumbrado a sentir -cuenta Heber Samaniego-. Cuesta un poco más entrar en ritmo, pero es una innovación interesante, vaya uno a saber qué saldrá de todo esto."

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