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Líder positivo

Domingo 23 de diciembre de 2012
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LA NACION
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La sociedad lo considera un cura bueno que ayuda a los pobres e intenta levantar a los que el consumo de paco voltea. Las instituciones lo distinguen como maestro, personalidad destacada o luchador incansable. Sus opiniones sobre la despenalización del consumo de drogas fueron aludidas, para apoyarlas o criticarlas, por todos los actores del reciente debate que se dio en el país.

El día en que cumplió 50 años, en mayo pasado, el padre Pepe Di Paola estaba en los Estados Unidos y apenas había finalizado el Programa de liderazgo de visitantes internacionales para el que había sido invitado por el gobierno de ese país. Entre los quince referentes latinoamericanos con los que compartió tres semanas, el sacerdote amenazado de muerte en 2009 por desconocidos vinculados con el negocio de la droga, fue automáticamente reconocido como líder del grupo.

Uno de sus primeros proyectos, apenas asumió como párroco de la Villa de Barracas en 1997 –por entonces mucho más peligrosa que hoy–, fue el que bautizó como de líderes positivos. "El líder negativo es el que da a un pibe un arma o una droga; el positivo lo invita a un campamento, a la murga, al apoyo escolar o a capacitarse", no se cansa de repetir.

Con marchas y contramarchas, momentos de lucidez y de confusión como cualquiera que se toma la vida en serio, José María Di Paola se convirtió en un líder positivo. ¿Por qué? Arriesgo una respuesta sobre la base de las afirmaciones de las 90 personas que entrevisté para el retrato que estoy escribiendo sobre él. Compartan o no sus posiciones, le reconocen autoridad porque dicen que, aun cuando por temperamento es ansioso, sabe escuchar y respetar los ritmos de los otros así como intuye las capacidades de sus colaboradores y se arriesga a potenciarlas. Porque trata a todos por lo que son –personas– y no por el puesto que ocupen en la sociedad. Porque no permite que lo traten a él por lo que no es, aun a costa de ser poco amable. Algunos dicen que es un caudillo por cómo toma las decisiones, las trasmite y busca que se cumplan. Porque se enfurece ante la injusticia o violencia que puede ejercer alguien más fuerte sobre uno más débil; se trate de un pibe, una autoridad o el Estado. Dicen que es líder porque es el primero en empezar a trabajar y el último en dejar de hacerlo, porque está con los amigos en las buenas y en las malas. Porque es de una sola pieza, es alegre y disfruta de las pequeñas cosas; no es un estoico al que la vida no lo lastima y porque no oculta ni escapa del dolor.

Acaba de cumplir 25 años de sacerdocio. Quizá justamente en esa vocación esté la clave del liderazgo y de lo que es José María Di Paola: un hombre que intenta imitar a Dios y, por eso, de comprender el corazón de los demás hombres.

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