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Chile

El conflicto mapuche, una antigua herida lejos de cicatrizar

El Mundo

Las razones detrás de la peor ola de ataques que vive el país en mucho tiempo

Por   | LA NACION

SANTIAGO, Chile.- Hay quienes comparan el carácter mapuche con el de los volcanes: permanecen inactivos durante largo tiempo, incluso años, para un buen día, y de forma intempestiva, desatar toda su eruptiva furia.

La nueva espiral de violencia, definida por muchos como la más grave del último tiempo, ya registra al menos ocho atentados incendiarios en la llamada "zona roja" del conflicto mapuche en el sur de Chile, incluido el que terminó con la vida de un matrimonio de descendientes suizos, los Luchsinger-MacKay.

En la zona, donde habita casi un millón de mapuches, reina la confusión, la desconfianza y el desaliento. Se instaló la sensación de que se pelea contra un enemigo invisible. Tanto los blancos que habitan la zona como numerosas comunidades indígenas viven bajo el temor de los incendios y las agresiones perpetradas por pequeños grupos que consiguieron desestabilizar la región.

Los latifundistas hablan de hordas de mapuches armados, en tanto que numerosos testigos dan cuenta de un misterioso comando paramilitar de corte fascista que persigue a los indígenas, sin que la justicia consiga dar con los responsables.

En los últimos años, hubo 15 muertos por el conflicto, la mayoría de ellos eran mapuches que murieron en manos de carabineros.

El contexto es cruel y mezquino, explican distintos actores sociales: por lejos, la Araucanía sigue siendo la región más miserable de Chile, con el 22,5% de su población en estado de pobreza, y con índices de desempleo del 12,1 por ciento.

A las promesas incumplidas de reconocimiento constitucional y otras, que hizo el ex presidente Patricio Aylwin, se sumó la progresiva militarización de sus tierras durante la Concertación, junto con una equívoca política de entrega de tierras a cambio de paz social.

Demandas diversas

Los analistas insisten en que quizás uno de los problemas esenciales sea la ausencia de un representante que aúne todas las voluntades del pueblo mapuche. Por esa misma razón, el presidente Sebastián Piñera desistió de asistir a la gran cumbre mapuche del próximo 16 de enero en el cerro Ñielol.

Las demandas son tan diversas como los clanes que las exigen. Entre otras, incluyen la pretensión de autonomía, la recuperación de tierras ancestrales que estiman "usurpadas" y la defensa de su cultura.

Se trata no de una guerra entre indios y blancos, sino de la imposibilidad de cicatrizar heridas que se arrastran desde la segunda parte del siglo XIX, cuando el Estado chileno llevó a sus tropas a "pacificar" la Araucanía, impulsando el desplazamiento de los indígenas y fomentando la colonización extranjera con colonos italianos, españoles, alemanes y hasta bóeres holandeses.

En tiempos del ex presidente Ricardo Lagos y al alero de una nueva y desencantada generación, marcada por el fracaso de la ley indígena, nació la conflictiva Coordinadora Arauco-Malleco, calificada como organización terrorista, cuyos dirigentes están hoy presos.

Diversos expertos en el tema mapuche consultados por LA NACION coinciden en la fuerte influencia que tuvo el contexto internacional de la época, con la irrupción del ejército guerrillero Túpac Katari, en Bolivia; el Zapatismo, en México; el Premio Nobel de la Paz a la guatemalteca, Rigoberta Menchú, y las celebraciones oficiales del Quinto Centenario en toda América latina.

A la vez, el neoliberalismo maduró en la zona a través de las industrias forestales, fomentadas durante la dictadura de Augusto Pinochet. Otro punto de inflexión fue la construcción, en los 90, de la central hidroeléctrica Ralco, por parte de la española Endesa, en el sector del Alto Bío Bío, que inundó miles de hectáreas y sitios considerados sagrados por esta etnia.

El vigoroso discurso oficialista apuntó ayer y hoy a nexos entre los grupos mapuches violentos, la ultraizquierda y organizaciones extranjeras. Entre éstos, se cuenta el grupo chileno Lautaro, el movimiento vasco Azkapena, grupos insurgentes de la Argentina y un nunca probado convenio de colaboración con las FARC colombianas, surgido a partir de supuestos correos electrónicos hallados en la computadora del fallecido líder Luis Edgar Devia, alias "Raúl Reyes", sobre el adiestramiento de los mapuches en tácticas guerrilleras.

Un informe de inteligencia, filtrado ayer por la radio Bío Bío, especifica que "el objetivo de las acciones es lograr un impacto político con miras a la cumbre CELAC-EU", que se realiza a fines de mes en Chile.

Mientras literalmente aún no se apaga el fuego del conflicto en la Araucanía, cunde el pesimismo.

"Hoy no existe solución, hay que construirla. [...] Ni siquiera el cumplimiento de todas las demandas de tierras o autonomía que reclaman algunos dirigentes mapuches resolvería la violencia que llegó para quedarse", razonó el diputado oficialista por la zona, Gonzalo Arenas.

Una disputa que crece

  • Reclamo ancestral
    Los mapuches reclaman que se reconozcan sus derechos sobre sus tierras ancestrales, una protesta que en los últimos años se hizo más activa y condujo al arresto de indígenas y a huelgas de hambre
  • Escalada
    El viernes pasado un grupo de activistas encapuchados atacó e incendió una estancia y el casco donde vivían los dos propietarios, una pareja de ancianos agricultores que murieron carbonizados
  • Ola de incendios
    Desde entonces, se registraron atentados incendiarios casi a diario contra estancias e incluso una escuela rural, pese al refuerzo de policías. El ministro del Interior, Andrés Chadwick, propuso un acuerdo sobre el conflicto a legisladores de la región
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