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Detalles inesperados de las Invasiones Inglesas

Opinión

Últimamente, se han conocido detalles inesperados de las Invasiones Inglesas. Sobre todo, gracias a las investigaciones realizadas en los propios archivos británicos por autores argentinos como Carlos Roberts y Rodolfo Terragno. El tema es vasto, lleno de conquistas y reconquistas, cambios de táctica, correos secretos, conspiraciones, movidas internacionales, fugas de película y batallas desiguales. No pretendemos agotarlo sino sólo rescatar algunas perlas en homenaje a la publicación del extraordinario libro de Bernardo Lozier Almazán: William Carr Beresford, gobernador de Buenos Aires.

Básicamente, hubo dos invasiones inglesas. La primera en 1806, encabezada por el general Beresford y el almirante Home Riggs Popham. Esta operación tuvo éxito: a pesar de su reducida tropa (1.700 hombres), la ciudad fue tomada, se izó la bandera inglesa y Beresford se convirtió en gobernador, cargo que ejerció durante 46 días, desde el 27 de junio hasta el 12 de agosto. En uso de sus facultades por derecho de conquista (el mismo que tuvieran, antes, los españoles) recibió al obispo, prometió libertad de culto y respeto a las costumbres hispanas, requirió y obtuvo de numerosos personajes el juramento de obediencia y lealtad a Su Majestad Británica, y hasta elaboró un plan de rediseño de la ciudad con rotondas y plazoletas, saliendo de la tradicional concepción de la ciudad hispanoamericana en damero cuadriculado. Beresford cambió radicalmente el cuadro de tasas e impuestos a la importación, al tiempo que más de 100 barcos ingleses abarrotados de mercaderías arribaban al puerto de Buenos Aires. Fue el comienzo de una larga era de comercio británico, en Buenos Aires y Montevideo.

Es interesante recorrer las conclusiones de los británicos cuando supieron que la expedición de Whitelocke, lejos de consolidar al gobierno de Beresford, había terminado en fracaso total

Este gobierno dura apenas un mes y medio: luego se produce la Reconquista encabezada por Santiago de Liniers. Beresford es alojado, como oficial prisionero, en una casa de Luján, junto a su amigo el teniente coronel Dennis Pack.

Al año siguiente (1807) se produce la segunda invasión, encabezada por John Whitelocke, mucho más importante desde el ángulo militar: 11.000 hombres, respaldados por 23 naves de guerra. Sin embargo, fracasa estrepitosamente. Al año siguiente se proyectaba una tercera invasión, la de 1808, con las tropas ya embarcadas en el puerto de Cork, cuando España se levanta en armas contra Napoleón (alzamiento del 2 de mayo, una guerra en la que actuaría José de San Martín como oficial español) y los ingleses optan por dirigir sus fuerzas hacia la Península, intentando vencer al enemigo principal (Francia-Napoléon) y convirtiéndose en aliados de España. Renuncian pues, de momento, a quitarle sus colonias a la corona española.

Es interesante recorrer las conclusiones de los británicos cuando supieron que la expedición de Whitelocke, lejos de consolidar al gobierno de Beresford (que, entre tanto, ya había sido depuesto, pero claro. las noticias viajaban lentamente en 1807) había terminado en fracaso total.

Nota de George Canning, titular del Foreign Office, a Lord Boringdon: "Esta expedición ha concluido y, si no fuera por las pérdidas que ha causado, le diría que, a mi juicio, es mejor así.¡Pero por favor, no comente mi opinión a nadie!"

The Times, sábado 14 de septiembre de 1807, "Evacuation of South America": "El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que haya sufrido nuestro país en toda su historia, fueron publicados ayer en un número extraordinario. El comandante Whitelocke parece haber estado en la más perfecta ignorancia, tanto acerca del país invadido como sobre la resistencia que cabía esperar.Las columnas británicas se encontraron con una oposición decidida, en cada calle, desde cada casa.La actitud fue tan resuelta y gallarda como pocas veces se ha visto".

Bell´s Weekly Messenger: "Nuestro orgullo nacional ha sido mancillado. Los mulatos españoles han aprendido a despreciarnos. Un ejército de efectivos suficientes, de alta disciplina y espíritu de lucha, ha sido dispersado por una turba sudamericana. Hemos sido burlados de la forma más vergonzosa".

Sir Walter Scott: "Nuestros principales mercaderes industriales habían imaginado negocios ilimitados en el Río de la Plata. Resultó que las inmensas llanuras que rodean a Buenos Aires estaban pobladas por una suerte de cristianos salvajes llamados gauchos, cuyo principal moblaje consiste en cráneos de caballo, cuyo único alimento es carne cruda y agua, cuyo empleo es atrapar ganado salvaje. y cuya diversión máxima es cabalgar en caballos salvajes hasta reventarlos. Bien: los soldados ingleses descubrieron que estos hombres preferían su independencia nacional a los algodones y muselinas." (que pretendían vender los comerciantes ingleses, agregamos nosotros).

Capitán Parker Carroll: "Este país está maduro y obstinadamente decidido a convertirse en una nación independiente".

Cabe resaltar que los prisioneros de entonces, siendo oficiales, recibían sueldo y eran alojados en casas de familias respetables

Lord Castlereagh: "En adelante, Inglaterra debe favorecer la emancipación de estas colonias, para lo cual debemos presentarnos sólo en el rol de auxiliares o protectores. El interés principal de este asunto es quitar a nuestro enemigo (España) y abrir a nuestras manufacturas los mercados de ese gran continente".

Por aquellos tiempos, circulaba en Inglaterra un folleto deWilliam Burke, titulado "South American Independence": allí se proponía la emancipación de Hispanoamérica, enviando fuerzas navales al Río de la Plata, Chile, Perú y México. Decía a su vez el general francés Dumouriez, refugiado en Gran Bretaña: "La revolución de Buenos Aires está escrita en el libro de los destinos".

En la obra singular de Lozier Almazán se destacan algunas personalidades de perfil novelesco. Una de ellas es la de don Santiago de Liniers, el muy noble militar francés del Ancien Régime que sirvió a España hasta su muerte. Esta aconteció en 1810, cuando fue "arcabuceado" por conspirar contra la Primera Junta desde Alta Gracia, Córdoba. Liniers fue Conde de Buenos Aires.

Otra personalidad inusual es la del comerciante español don Martín de Alzaga (héroe de la Reconquista junto a Liniers) que, al parecer, estaba al tanto de las conspiraciones de Saturnino Rodríguez Peña, Manuel Aniceto Padilla, Hipólito Vieytes y Juan José Castelli con el propio Beresford, para establecer la emancipación de Buenos Aires con el apoyo discreto de Gran Bretaña.

En el caso de Beresford, prisionero en Luján durante meses, admiró un partido de "pato" y mostró a los criollos cómo los soldados ingleses jugaban al "cricket"

En cuanto a William Carr Beresford, cabe agregar algunos apuntes: en el momento de constituirse en gobernador de Buenos Aires, tenía sólo 37 años. Era soltero y portaba un ojo de vidrio, obtenido durante un accidente de caza en Canadá. Era hijo natural de George de la Poer Beresford, marqués de Waterford, propietario del suntuoso palacio de Curraghmore. Su madre habría sido la señorita Luisa Carr. No está probado, pero es verosímil, dada la costumbre de las familias británicas, que atribuían al hijo, como segundo nombre, el apellido de la madre: Carr. En su momento, William solicitó y obtuvo el derecho a usar el apellido Beresford. Después tuvo la mala suerte de enamorarse de una prima hermana, cuya mano no le fue concedida. Manuel Belgrano hablaba de él como el "bravo y honorable Beresford". Se desempeñó largamente al servicio de SMB, no sólo en el Río de la Plata sino también en la India, España, Portugal, Canadá y Brasil.

La fuga de Beresford, arreglada de antemano por medios misteriosos, con ayuda de Manuel Aniceto Padilla, Saturnino Rodríguez Peña y Guillermo Pío White, es un capítulo aparte en esta película de piratas. En un operativo sorpresa, cuando las autoridades de Buenos Aires intentaban sacarlo de su entretenida y muy sociable "prisión" en la Villa de Luján, para alojarlo en Catamarca, lejos del triángulo de las Invasiones Inglesas (Montevideo-Buenos Aires-Maldonado) el señor Beresford fue escamoteado de la galera. Lo escondieron en Buenos Aires, lo encaminaron de noche hasta las orillas de Quilmes y finalmente (casi muere ahogado) lo ayudaron a llegar, caminando con el agua al cuello, a una falúa que lo condujo a Montevideo. Y de allí, a Inglaterra.

Cabe resaltar que los prisioneros de entonces, siendo oficiales, recibían sueldo y eran alojados en casas de familias respetables. Estaban juramentados para no levantar las armas contra la corona que los había vencido y, por lo demás, se los autorizaba a portar sus armas, participar de cacerías, fiestas y tertulias. En el caso de Beresford, prisionero en Luján durante meses, admiró un partido de "pato" y mostró a los criollos cómo los soldados ingleses jugaban al "cricket".

Otros tiempos, otros códigos.

    Fuentes:
  • William Carr Beresford, gobernador de Buenos Aires. Bernardo Lozier Almazán, 2012.
  • Las invasiones inglesas, Carlos Roberts, 2000
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