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Cómo convivir en vacaciones

Sociedad

Pasar los días de descanso con la familia, con amigos o en pareja genera situaciones muchas veces no contempladas; cómo tener en cuenta posibles cortocircuitos de la convivencia lejos de casa para pasarla bien

Por   | 

 
Foto: LA NACION / Carlos Bonardi
 

En vacaciones todos estamos pendientes del pronóstico del tiempo, pero desconocemos u olvidamos que todo puede terminar en "temporal con granizo y sol" si no tenemos cuenta otros "tiempos" de los que deberíamos ocuparnos.

El tiempo con la pareja, con los hijos, con los amigos, con los padres, con los suegros. El tiempo con los otros veraneantes, con los vendedores y "buscas", con los oriundos del lugar. El tiempo lejos del trabajo; en otro departamento o casa, en un hotel.

Definitivamente, los "tiempos" de veraneo no se parecen en nada a los otros tiempos y espacios del resto del año.

No está demás consultar a nuestro termómetro interior para, lo más objetivos posibles, poder identificar con quiénes o con qué situaciones estamos en alerta meteorológico permanente. con tormentas aisladas, parcialmente nublados. con vientos del norte o sudestada.

Algunos tiempos a considerar:

El tiempo "productivo/improductivo". La mayoría de nosotros trabajamos y, en estos tiempos de exigencias y "falta" (cual fuere), solemos trabajar más horas, más días a la semana o tener más de un trabajo o responsabilidad. A lo largo del año nos toma por asalto la producción, el rédito y el deseo de éxito (económico y/o profesional).

¿Qué pasa cuando paramos la máquina? Unos se enferman al bajar las defensas; otros entran en abstinencia (con todo lo que implica una adicción); otros viven on line y creen que ese paisaje que los rodea es que cambiaron los cuadros de la oficina.; otros se paralizan frente al reclamo de hijos y esposa, que durante el año estuvieron ahí, así como el mobiliario de la empresa.

El tiempo con la pareja. El tiempo de "a dos" no es poca cosa; sobre todo cuando nos esperan largos días, todo el tiempo juntos. Esto de convivir una semana, 15 días (o lo que dure el viaje) es una modificación inevitable de la rutina, inclusive para los que conviven bajo un mismo techo cada día del año. Diálogo, flexibilidad y actitud positiva pueden ser las herramientas oportunas para "compartir" sin deseos de ahogarla/o en el mar. Es buen consejo, de ser necesario, encontrar espacios para estar a solas: salir a caminar o correr, leer un libro sin interrupciones, tomar una clase de gym en el balneario o jugar un partido de fútbol, truco o "tejo". El otro debe entendernos. Esto no es abandono ni desinterés.

Están los que creen que las vacaciones pueden salvar un vínculo. Nuestras relaciones ya tienen una historia hasta minutos antes de llegar. Nada cambia por arte de magia con trucos de agua y sal. Habrá que tener una actitud más que comprometida y tolerante para reencontrarse. Si es lo que se desea, evitar cualquier discusión o pase de facturas. Si no hay solución, mantengan la calma y pacten cuándo volver y cómo convivir hasta entonces; sobre todo si hay chicos en la familia.

Para los que han perdido el ritmo, si los hijos lo permiten (o pensamos estrategias posibles), es verdad que al tener más tiempo libre y reducir los niveles de estrés y ansiedad mejoran los encuentros sexuales. Seguramente conocerán a más de uno que cumpla años en septiembre u octubre.

El tiempo con los hijos. Por naturaleza, los hijos siempre reclaman presencia. Eso es deseo de afecto, aceptación, seguridad. Si el pedido de atención o demás demandas es caprichoso o poco saludable, aceptar que algo tendremos que ver con este estilo de comunicación. Tal vez el año que comienza podamos considerar repartir con mejores resultados el tiempo entre el trabajo y la paternidad (o maternidad; hoy no hay diferencias); pero, mientras tanto, habrá que animársele al tiempo de pelota, paleta, castillos de arena, karting o shopping de playa. de nada servirá poner los límites de "fondo y forma". Un chico no modifica sus hábitos en un solo verano. Pero algo habrá aprendido.

El tiempo con padres/suegros. ¿Quién invitó a quién y por qué? ¿Los hijos a los padres? ¿Los padres a los hijos? ¿Para cuidar a los chicos? ¿Porque los hijos no tenían dinero para irse de vacaciones? . ¿Porque la pasamos bien juntos? Según el motivo, puede que haya vientos cruzados como si fuese un choque de corrientes. Aunque resulte extremo, están quienes piensan (o dicen abiertamente): "Si yo pagué, hacemos lo que yo diga". Si no te "bancás" a tu suegro/a, padre/madre, yerno/nuera, y resolviste llevarlos (o no te quedó otra), es momento de bandera blanca. Respiración para hacer posible la tregua y salir a caminar antes de que todo explote. Tratemos de que ambas partes se comprometan para que no falle el pronóstico. Si el otro no cumple, pensar o decir por lo bajo: "lo hablamos a la vuelta. no me vas a joder las vacaciones".

El tiempo con los amigos. Nada mejor que ir de vacaciones con amigos; pero, así como con la pareja y demás vínculos, habrá que estar atento a que los tiempos tampoco son los mismos. Una cosa es encontrarnos una vez por semana y coincidir en el plan y otra, muy distinta, estar 12 horas al día eligiendo dónde comer, qué comprar en el súper, cómo administrar los gastos, quién cocina, a qué hora bajar a la playa, dónde clavar la sombrilla, cómo ponerle un límite al capricho del hijo de los otros o a la pelea entre los hijos de ambos. Estaría bueno, antes de partir, o a poco de llegar, establecer reglas: "qué te gustaría", "en esta no me prendo", "no me enojo sino te prendés", "che, no te enojes pero.", "no estemos pegados, creo que es importante cuidar los espacios y locuras de cada uno". Si no entienden, no te fuiste de vacaciones con amigos sino con afectos circunstanciales de la vida. Generalmente, no es fácil irse de vacaciones largas con amigos cuando previamente no se intentó con probar un fin de semana, tres o cuatro días. Tenerlo en cuenta para los próximos veranos.

No es que estos y los otros tiempos que nos quedaron pendientes en el pronóstico extendido (ya vendrán otras notas en próximos días), sean un estado de "alerta" o bandera roja permanente.

Este artículo no tiene la más mínima intención de ser una proyección meteorológica fatalista. Por el contrario. Tan sólo, pensando en las mejores vacaciones, podemos estar atentos y protegernos de los rayos ultravioletas y la actitud/"energía" de cada día. Felices vacaciones! (es posible).

*Eduardo Chaktoura es psicólogo y periodista. Twitter: @echaktoura.

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