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Música popular

El de hoy, el de siempre

Espectáculos

Concierto del cantante y compositor brasileño Djavan. Músicos : Djavan (voz y guitarras), Torcuato Mariano (guitarras), Carlos Bala (batería), Glauton Campello (teclado), Paulo Calazans (teclado) Jesse Sadoc (trompeta), Marcelo Martins (saxos) y Marcelo Mariano (bajo) / Función: el jueves, en el Teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: muy bueno

Esta calle de los amores es bien conocida por Djavan. La ha venido recorriendo desde hace años, con la sensibilidad siempre alerta y la voluntad declarada de encontrar a cada paso imágenes nuevas, sensaciones distintas y sobre todo ecos musicales y poéticos de esos que definen su identidad y le son propios, personales, intransferibles. Un lenguaje colorido y metafórico que Djavan fue desarrollando desde que llegó a Río hace cuarenta años de su Maceió natal, que abreva en la riquísima y variada tradición afrobrasileña, pero también en la bossa nova, el blues, el soul, el funk, el jazz, y es tan rico y personal como para que Tarik de Souza, toda una autoridad en el terreno de la crítica musical, lo definiera como "el último mohicano del apogeo de la MPB".

Ninguna exageración en el juicio: a Djavan el patrimonio musical brasileño le debe joyas como "Sina", "Faltando um pedaço", "Açai", "Álibi", "Oceano". "Samurai". Ahora, a punto de cumplir 64 años, con su invariable apariencia juvenil, acompañado otra vez por casi toda la banda de espléndidos músicos con los que compartió algunos de sus mejores álbumes, está de regreso. Y con novedades: las que integran Rua dos amores y lo encuentran tan inspirado como en sus mejores momentos después de varios años sin grabar material nuevo (Matizes, de 2007, había sido su último disco de canciones inéditas).

En este caso, solamente una, y de las más bellas, "Vive", ya era conocida, en la voz de Bethânia (había sido compuesta a pedido de la bahiana), y funcionó un poco como detonante de esta nueva cosecha. Porque por increíble que parezca, el autocrítico artista alagoano tenía sus dudas acerca de si podría volver a componer sin caer en las repeticiones. "Vive" no sólo disipó esas dudas; también le demostró que la veta creativa estaba lejos de haberse agotado y que la especial atención a las armonías que muestra en este nuevo trabajo no opera en detrimento de las melodías: ahí está para corroborarlo la muy bella que acompaña el clima romántico de "Bangalô" ("Eu nem sei se quero amar otra vez, Não vou ficar em bar, vencido, não mais, não vou chorar amor perdido"). Y por si no le bastase su propia opinión ya ha habido más de un crítico que juzga, certeramente, que si bien esta Rua dos amores no significa un cambio radical en su carrera sí lo descubre en el período de mayor creatividad de los últimos años. Quizá desde Malasia (1996), un disco que precedió a la exitosísima colección de clásicos (2 millones de discos vendidos) de su doble álbum Ao vivo.

Confianza no le faltó de todos modos para atreverse a abrir el programa de un Gran Rex desbordante de público mayoritariamente joven con una de las novedades. Precisamente la que le prestó el título a la flamante placa: "Rua dos amores". La recepción fue, de todos modos, calurosa, si bien en esa parte inicial alguna frialdad y alguna estridencia fueron salvadas por Djavan con más profesionalismo que compromiso. Con "Acelerou"; que ya tuvo sus primeros coros espontáneos; otra de las felices novedades, "Ja não somos dois", y un bienvenido (y muy cantado) clásico, "Meu bem querer", creció el brillo y la emoción de los artistas y el calor de sus fans y el show fue viento en popa de ahí en adelante.

Empujado tanto por canciones nuevas muy bien recibidas como las ya citadas "Vive" o "Bangalô" y "Ares sutis" ("cuanto mais eu sei menos eu sei quem sou"), como por los hits que perduran en la memoria de los espectadores, algunos de ellos, como "Oceano" favorecidos por un nuevo arreglo, también prueba de la elegancia y la sofisticación de Djavan. Otros, tan infalibles como "Seduzir" "Serrado" y "Flor de Lis" o tan irresistibles como "Samurai", que puso a todo el mundo a bailar. La fiesta, en el final, fue de todos..

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