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En Mali, alegría fugaz y miedo constante

Los vítores a la llegada de los franceses no dispersan el temor al acecho de extremistas

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PARA LA NACION
Sábado 19 de enero de 2013
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SÉGOU, Mali.- Como si fuera un desfile en los Campos Elíseos, varios soldados franceses y malienses pasan entre la muchedumbre a bordo de sus vehículos, sonrientes, en la ruta que conduce de Bamako hacia el Norte.

Se los ve orgullosos, erguidos en sus puestos y con gafas de sol de espejo, saludando a los habitantes que les vitorean a ambos lados del camino tras su reciente victoria.

Sus tropas acaban de liberar Konna y Diabaly, las dos localidades invadidas por los islamistas radicales más cercanas a la capital, Bamako. La toma de Konna el pasado 10 precipitó el lanzamiento de la operación militar Serval, liderada por Francia. "¡Menos mal que han venido!", dice el dueño de una tienda que, bajo una simple choza de paja, sirve café y bocadillos de tortilla a los clientes.

Sin embargo, la alegría se desvanece tras el efímero desfile de la victoria y el miedo regresa a los ojos redondos y sabios de Debé, un anciano arrugado sentado junto al comercio. "Todavía están ahí", le dice a un hombre a su lado, al tiempo que gira la cabeza con temor hacia Gao y Tombuctú, dos ciudades del Norte.

Allí, el año pasado, se instaló un frente de combatientes radicales islámicos, algunos ligados a Al-Qaeda, que pretenden instaurar un califato islamista al estilo talibán, con una sharia (ley islámica) interpretada con suma dureza y rechazada por la mayoría de la población de Mali, en especial la del Norte, que profesa un islam más moderado.

Los malienses del Norte vieron con horror cómo los radicales destruyeron por "impíos" algunos de los 16 mausoleos de Tombuctú, que conservan miles de manuscritos preislámicos y medievales.

En su ofensiva de esta semana, lo más cerca que llegaron los insurrectos de Bamako fue Diabaly, donde irrumpieron el pasado lunes y combatieron cuerpo a cuerpo con las fuerzas especiales francesas.

La operación comenzó con bombardeos aéreos que tuvieron que detenerse cuando las milicias rebeldes tomaron las casas de los habitantes, utilizándolos como escudos humanos, según algunos de los que consiguieron huir, de modo que la victoria se consiguió por tierra, calle por calle. Ambas operaciones se desarrollaron con especial secretismo.

Muchos de los habitantes de Gao, Tombuctú y Diabaly se refugiaron en Mopti y en la turística Ségou, junto al río Níger, en casas de familiares y en algunos hoteles baratos.

"Yo no puedo regresar a mi hogar, porque cuando llegó esa gente cortó la electricidad, son muy violentos y peligrosos", cuenta Umar, un joven estudiante oriundo de Tombuctú, la histórica ciudad del Norte conquistada el año pasado por los radicales.

"Entraban a las casas y atemorizaban a la población, incluso hubo violaciones de mujeres", asegura.

En tanto, la Unión Europea (UE), cuyos socios han dejado en solitario a Francia en esta aventura militar en la arena del Sahel, intentan compensar a París con el anuncio de una ayuda de 50 millones de euros para la fuerza de intervención africana que reforzará las operaciones en la zona, aunque se estima que la cifra total que necesita el despliegue de la Misión Internacional de Apoyo a Malí (Misma) será de entre 150 y 200 millones de euros.

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