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Marginalidad

El trabajo infantil se quedó sin brújula en la Argentina

Economía

Los datos oficiales son de 2004; los números privados revelan que no hubo cambios en los últimos años

Por   | LA NACION

Casi en cuclillas, levemente apoyada en el cordón de la vereda y con un gran contenedor verde de fondo, Jaqueline revuelve un gran montón de basura que se apila en el piso.

El fuerte sol veraniego se transforma en penumbra. Son las 20.30 y algunos todavía escapan del Microcentro porteño y del final de su jornada laboral. Nadie mira a la joven de 15 años que busca cartones a mitad de la cuadra de la calle Paraguay, a pocos metros de Florida. Sólo algunos turistas registran la escena.

Flaca, algo desgarbada y con el pelo atado hacia un costado, viste una remera blanca a rayas rojas y unos shorts de jean. Cada uno de sus movimientos va acompasado con la cumbia que suena en un único auricular sobre su oreja de la que sobresale un aro blanco en forma de botón.

"Trabajo hasta las 12", cuenta a LA NACION la joven de Quilmes que dice ser la del medio en una familia de diez hermanos. "Mi papá y otra de mis hermanas están acá a unas cuadras, cartoneando", aclara con una sonrisa tímida y desconfiada.

Jaqueline no va al colegio. "Porque tengo problemas", explica cuando se la consulta sobre el motivo sin dar mayores precisiones. "Sí", se entusiasma, le gustaría empezar este año a estudiar. Pero se acaba el tiempo para la charla y la niña debe seguir su recorrido, de un montón de basura a otro. Recorrido que, según constató LA NACION, se repitió al día siguiente.

A pesar de las postales cotidianas geográficamente transportables a cualquier punto del país, en la Argentina no existen datos oficiales actualizados sobre el trabajo infantil.

En cambio, estudios privados estiman que la situación de este flagelo no se modificó sustancialmente en los últimos años de gran bonanza económica y bajo el modelo que izó la bandera de la "inclusión social".

El trabajo infantil -chicos de entre cinco y 17 que son empleados en actividades orientadas al mercado o en tareas domésticas- es un problema complejo y con varias causas determinantes, entre las que aparecen la precarizarión laboral tanto en el ámbito rural como en el urbano, la insuficiencia de los ingresos familiares, la falta de acceso a la educación y varios aspectos culturales.

Los últimos datos, de 2004, fueron realizados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) antes de que Guillermo Moreno desmantelara el organismo estatal. En ese relevamiento denominado Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (Eanna), que no pudo proyectarse a nivel nacional, se afirmó que 6,5% de los niños de 5 a 13 años trabajó en la semana de referencia en actividades equivalentes al trabajo adulto, un 4,1% produjo bienes primarios o participó en actividades de autoconstrucción para el propio hogar y 11,4% realizó tareas domésticas por 10 horas semanales o más.

Los datos más actuales los procesa la Universidad Católica Argentina (UCA) en su Barómetro de la Deuda Social de la Infancia. Entre 2010 y 2011, el porcentaje de niños y niñas de 5 a 13 años urbanos que trabajan en actividades orientadas al mercado se redujo de 8,4% a 7,2 por ciento. Si bien hay una tendencia a la baja, el dato es similar -en rigor algo superior- al que en 2004 midió el Indec.

Pero el mayor problema está en la otra punta. Según la UCA, la tasa de adolescentes de 14 a 17 años que trabajan se incrementó de 20,8% a 21,7 por ciento en el mismo período.

"Prácticamente, el trabajo infantil se mantiene sin cambios. Por el margen de error que tiene la encuesta, no se puede decir que descendió", explica Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la UCA.

Silvia Miorin, coordinadora de la Comisión Nacional del Trabajo Infantil (Conaeti), que depende del Ministerio de Trabajo, descree de la encuesta privada. "Es pequeña y no es representativa", critica.

Miorin cuenta que se está trabajando con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec para tener un módulo que pueda medir el fenómeno y que esa información estaría disponible en junio de este año. "Mientras tanto -agrega- trabajamos en el fortalecimiento de las comisiones provinciales y en mejorar las inspecciones."

El mayor avance -a pesar de que no pueda medirse cuantitativamente- fue fundamentalmente legal. Impulsada por el Gobierno, el país aprobó en 2008 la ley 26.390 de Prohibición de Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente, y además ratificó todos los tratados de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el tema.

"La incorporación prematura de los niños y adolescentes al mundo laboral es contraria a nuestros valores de justicia social, de democracia, de defensa de los derechos humanos. El desafío, entonces, no concierne al ámbito de la percepción ni a la ética de las ideas, sino a la perspectiva que impone la acción", escribió el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en el prólogo del libro El trabajo infantil en la Argentina. Análisis y desafíos para la política pública, aparecido en 2007, el mismo año en el que se intervino el Indec.

Esta compilación trabaja sobre las diferentes causas determinantes del trabajo infantil a través de una mirada interdisciplinaria y compleja. Allí se dan diferentes explicaciones relacionadas a la precaridad laboral de padres e hijos, la insuficiencia de los ingresos, la falta de acceso y valoración de la educación, y otras razones culturales. Se trata, según explican los autores, de un problema multifacético y de difícil solución.

La OIT, que participó de la publicación oficial, afirma que los sectores más comunes en el que se desarrolla el trabajo infantil son la agricultura, la pesca, el servicio doméstico, la minería, el cartoneo y la venta ambulante. En el caso del campo, en el que aparece constantemente, el trabajo infantil es consecuencia -según estiman los expertos- de arraigadas tradiciones familiares.

"La temática del trabajo infantil no está vinculada a una condición socioeconómica en particular, sino a la situación socio ocupacional de la familia", afirma Tuñón. A pesar del crecimiento del trabajo registrado en los últimos años, el trabajo informal alcanzaba en el tercer trimestre del año pasado a 35,5% de la Población Económicamente Activa (PEA). Según la especialista, son esos sectores lo que buscan capitalizar toda la fuerza de trabajo en sus hogares.

Adolescentes en crisis

En un contexto de alta inflación, la insuficiencia de los ingresos sigue siendo importante pese a la aparición de la Asignación Universal por Hijo (AUH), que no tuvo la intención de terminar con el trabajo infantil sino de impulsar la inclusión educativa y sanitaria.

"El desafío de mayor relevancia está vinculado a los adolescentes y los jóvenes, comenzando por la situación de los 900.000 jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan", analizó en un paper el actual presidente de Poder Ciudadano y ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo.

"Se trata de jóvenes que no tienen problemas para aprender la tarea en sí sino para aceptar la rutina del trabajo. Para entender esta realidad es necesario recordar que muchos de jóvenes no vieron a sus padres o madres -y en algunos casos tampoco a sus abuelos- trabajar todos los días", explica el especialista.

"El principal problema lo viven los adolescentes -coincide Tuñón-. La inclusión primaria es plena pero los adolescentes entran al mundo laboral desde la total precariedad y ese es un tema que debería interpelar al estado nacional."

Una realidad con pocos avances

    Entre 2004 y 2011, los índices se estancaron
  • Datos oficiales
    Los datos del Indec (2004) revelan una tasa de trabajo infantil de 6,4 por ciento.
  • Números privados
    La UCA, en su último boletín (2011), indica que ese dato está en 7,2 por ciento.
  • Los adolescentes
    Según el Barómetro de la Deuda Social, el 21% de los adolescentes trabajan actualmente.
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