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Otra amenaza de las FARC

Miércoles 23 de enero de 2013
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Cuando en noviembre pasado, en La Habana, Cuba, se iniciaron las negociaciones de paz entre los representantes del gobierno de Colombia y los de las FARC, los insurgentes anunciaron el comienzo de una tregua unilateral de dos meses, que parecía coherente con los esfuerzos para alcanzar la paz. Ya entonces pretendieron suscribir con las autoridades constitucionales de Colombia un "alto el fuego bilateral" o lograr, alternativamente, la firma de un "tratado de regularización de la guerra", como si se tratara de dos partes que están en idéntica situación jurídica.

Finalizado el plazo, la guerrilla acaba de anunciar que reiniciará las hostilidades mientras no se detienen las conversaciones de paz, lo que representa toda una contradicción.

Mientras el presidente Juan Manuel Santos expresó que obviamente las fuerzas del orden estaban preparadas para responder a las acciones armadas de la guerrilla, no es imposible que las FARC vuelvan, como lo han hecho durante décadas, a atentar cobardemente contra civiles inocentes. Si lo hacen, volverán a incurrir en responsabilidades directas por esos crímenes que, cuando se cometen en momentos de conflictos armados internos, son delitos de lesa humanidad. A ello, seguramente habrá que sumar el recrudecimiento del narcotráfico con el que las FARC han obtenido ingentes recursos para financiar sus operaciones criminales.

Por lo demás, las autoridades colombianas han detectado más de cincuenta casos en los que las FARC violaron abiertamente su propia declaración unilateral de cese del fuego. Como lo ha expresado Santos, si las FARC regresan a la violencia tan sólo recogerán el rechazo generalizado que, desde hace años, provocan en la enorme mayoría de la población.

En busca de obtener la cuota de legitimidad de la que carecen, las FARC pretenden acordar con el gobierno colombiano una política relacionada con la reforma agraria y que el ministro Juan Camilo Restrepo les explique la llamada "ley de desarrollo rural". Ello es una inaceptable temeridad. La responsabilidad de gobierno está únicamente en manos de las autoridades que han sido elegidas por el pueblo.

Está visto que las FARC están procurando mejorar su mala imagen a través de las conversaciones de paz que tantas expectativas han abierto, pero cuyos resultados parecen aún muy lejanos.

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