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El análisis

Ante la necesidad de abrirse para sobrevivir

El Mundo

Por   | LA NACION

JERUSALÉN.- Benjamin "Bibi" Netanyahu , el hombre fuerte de Israel, protagonista del escenario político israelí en los últimos veinte años, descubrió anoche que es mucho más frágil que cuando llamó a elecciones anticipadas el año pasado. Y que tiene por delante días complicados .

Aunque recién hoy se conocerán los resultados oficiales de estos comicios, las proyecciones dejaron en claro que, aunque podría formar una coalición de gobierno con los partidos de ultraderecha y religiosos, ahora el premier tiene a casi la mitad del Parlamento en contra.

Consciente de que ya no tiene el poder que solía tener, tal como él mismo anunció anoche al conocer los primeros resultados, tratará de formar una coalición "lo más amplia posible".

"Por motivos estrictamente económicos, Netanyahu no se puede pelear ni con Estados Unidos ni con la Unión Europea y por eso no hará una coalición de gobierno estrecha, inclinada hacia la derecha extrema nacionalista y religiosa, sino que va a tratar de incluir a las formaciones de centro", dijo a LA NACION Mario Sznajder, profesor de Ciencia Política de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

"Una coalición lo más amplia posible no sólo sería más digerible para la comunidad internacional, sino sobre todo sería más estable", agregó.

Netanyahu intentará incluir al partido Yesh Atid del ex popular periodista televisivo Yair Lapid, de centro y la revelación de estas elecciones al convertirse en la segunda fuerza del país. Además, tratará de incorporar al centrista Hatnua (Movimiento), de la ex canciller Tzipi Livni, al partido ultraortodoxo sefardí Shas y al del Judaísmo Unido de la Torah, asquenazí. De lograrlo, podría excluir a su ex asesor Naftali Bennett, líder de un partido ultranacionalista y religioso que no quiere un Estado palestino.

"La gran pregunta es el precio que va a tener que pagar Netanyahu a los partidos de derecha religiosa y a los de centro, sin contar las peleas que van a surgir a la hora de tener que hablar de distribución de dinero y presupuesto", apuntó Sznajder.

Aunque hay quienes no creen en la posibilidad de una coalición amplia, para satisfacer a la comunidad internacional. "En los últimos 43 años los gobiernos israelíes siempre hicieron lo que quisieron, pese a la comunidad internacional", dijo a LA NACION el rabino Ron Kronish, del Consejo del Centro Interreligioso israelí.

"El juego de póquer que empieza ahora en Israel y que durará varias semanas funciona de acuerdo con qué se ofrece a quién", agregó.

Sznajder y Kronish coincidieron en que el gran error del Laborismo, que quedó tercero, fue centrar su campaña en la cuestión social y dejar en segundo plano el tema del conflicto palestino-israelí, tradicionalmente prioritario para este histórico partido de centroizquierda.

"Shelly Yachimovich hizo una desestructuración del mensaje histórico del laborismo, sin entender que los problemas sociales están ligados al conflicto con los palestinos, por el gran gasto de defensa que éste significa para el presupuesto nacional", subrayó Sznajder.

Coalición

Según el sistema electoral israelí, a partir de la publicación de los resultados oficiales por parte del Comité Central Electoral, el presidente invita al líder del partido con el mayor número de bancas a formar un gobierno en 42 días. Nunca en la historia de Israel un partido ganó la mayoría absoluta (61 bancas) por sí solo, sino que siempre se vio obligado a formar una coalición de gobierno.

Más allá de las complejas negociaciones que "Bibi" ya comenzó a entablar, finalmente las urnas no certificaron una derechización de Israel, como algunos analistas habían adelantado. La campaña que hizo el premier, que puso énfasis en la seguridad de este país permanentemente en guerra con sus vecinos -alterados por sus "primaveras árabes" y el auge del islamismo-, cayó en saco roto.

Pocos electores compraron su discurso basado en la necesidad de un "primer ministro fuerte", en momentos en que Siria se desmorona e Irán ultima su bomba atómica. Las urnas dijeron que, en un país complejo y fragmentado como Israel, muchos están cansados del mismo discurso "guerrero" y que quieren un cambio..

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