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"El progresismo está en Macri"

Mientras trabaja en la temporada de 2015, Pedro Pablo García Caffi analiza su gestión y los trabajos pendientes en el primer coliseo

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LA NACION
Sábado 26 de enero de 2013
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"Es posible que no sea el director general del Teatro Colón que todos quieren, es posible que me demoré en las cosas más de lo que me gustaría, es posible que haya soñado tener a esta altura un teatro con mayor producción y con una resonancia internacional que no sea la de los errores sino de las virtudes; pero es un trabajo que me gusta y que me cuesta porque me hacen hablar, y yo prefiero que hable mucho más fuerte la acción que las palabras", comenta casi al pasar, en medio de una extensa charla con LA NACION, Pedro Pablo García Caffi, director del ente autárquico.

En los papeles ("aunque nunca se sabe"), él estará ocupando el despacho que da a esta sala de reuniones tan llamativamente impersonal, para un edificio al que le sobra personalidad, hasta diciembre de 2015. Justamente, la temporada en la que ahora dice estar trabajando. Claro que más allá de sus criterios como programador artístico, desde hace un tiempo asumió como propia la defensa de la gestión de Mauricio Macri, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

–¿De peronista se trasformó en macrista?

"El Colón-Ring nunca fue para mí ni ostentoso ni grandilocuente", dice García Caffi sobre la obra más polémica de la temporada 2012
"El Colón-Ring nunca fue para mí ni ostentoso ni grandilocuente", dice García Caffi sobre la obra más polémica de la temporada 2012. Foto: LA NACION / Maxi Amena

–Bueno... soy alguien que no quiere al país que María Elena Walsh describió tan maravillosamente como aquel "país de jardín de infantes" y que tampoco quiere al país que Ricardo Darín describió como "país niño". Yo quiero un país en el cual las acciones hablen mucho más fuerte que los discursos. Sé que muchos van a pegar el grito, pero si me preguntan dónde está el progresismo debo reconocer que el progresismo está en Macri. Yo lo vivo. Algunos dirán que es porque me nombró director del Colón. No. Fue el trabajo de estos cuatro años...

–¿Al jefe de gobierno le tomó cuatro años convencerlo de que se "convirtiera" en macrista?

–No... [se ríe]. Así como mantengo mis raíces populares vigentes encuentro en la raíz de la realización mucho del peronismo. Y ese costado de la realización es muy importante. Entonces, me gusta ser un hombre de los hechos y no de las palabras, debe ser por eso que me cuestan mucho los reportajes. Debe ser por eso que he dicho frases que molestaron a otros, aunque nunca fueron dichas con el ánimo de molestar.

Cierto, ha dicho frases que levantaron polémicas. En el ejercicio de la memoria, el 13 de marzo de 2009, cuando abrió su gestión, entre otras cosas dijo: "El Colón es un teatro de producción y no un seguro de empleo público que apila gente en los pasillos, negándoles el mandato bíblico de ganarse el pan con el sudor de su frente".

Hace pocos días, casualmente, releyó aquellas palabras. Ahora, acota: "Hay dos cosas maravillosas en todo ese discurso. Primero, que lo haya pensado. Segundo, que lo haya dicho. Pero lo que más interesa de todo es que el 80 por ciento de las cosas que aparecían ahí hoy no necesitaría decirlas. Ésa es la satisfacción del trabajo realizado sabiendo todo lo que falta". O sea, hombre de hechos. O de realización.

A contramano de la tradición, la programación de la actual temporada se anunció sin conferencia de prensa alguna. "El recorte presupuestario y lo que significó la producción de Colón-Ring hizo que ese anuncio fuera más humilde de lo que pretendíamos –reconoce–. El jefe de gobierno nos había pedido evitar actos ostentosos porque estamos viviendo en un país en el cual la ostentación no vale, y tampoco era cuestión de gastar dinero en algo innecesario."

–Entonces, si comparamos la foto de la última producción del año pasado –el Colón-Ring con su aire ostentoso o grandilocuente o el término que prefiera– con el perfil bajo del anuncio...

–Para mí nunca el Colón-Ring fue algo ni ostentoso ni grandilocuente [interrumpe]. Desde el punto de vista de producción, La fuerza del destino fue similar al Colón-Ring . Hubo cosas que, quizás, hicieron entender que era una superproducción, pero no fue tal.

–El simple hecho de tratarse de una representación de 7 horas lo transformaron en un hecho extraordinario.

–Por eso hablo de una gran producción que requirió un esfuerzo significativo. De todos modos, fue un trabajo que estuvo muy bien diseñado, muy bien planificado aunque hayamos tenido algunos imponderables, como que la directora de escena haya sido otra.

Se ríe haciendo obvia referencia a la abrupta partida de Katherina Wagner y la llegada, a último momento, de Valentina Carrasco. Claro que, más allá de ese "detalle", convocó a la bisnieta de Wagner para la programación de la próxima temporada (2014). "Fue un divorcio amistoso. De hecho, resignó parte de su paga", apunta sobre esas dos funciones, en las que se invirtieron 1.260.000 euros ("otros montajes de óperas salen más caros").

La bella, la bestia

Este año, la programación de la sala comenzó con la proyección en 3D de la coreografía La bella durmiente del bosque, por el Ballet Estable, con coreografía de Karl Burnett. A los pocos días del estreno, Burnett envió una carta en la que, si bien reconoce que no había leído detalladamente su contrato, se queja porque nunca "me informaron fehacientemente de que tenían la intención de proyectarla ante un público que pagara una entrada". También cuestiona duramente a Lidia Segni, directora del Ballet, porque figura como editora de la película. "¿Con qué derecho o autoridad se mete a tocar el trabajo de otro?", se pregunta.

"La carta me resultó extraña –apunta García Caffi–. Primero, porque ese señor me pidió ser el director del Ballet, y yo le dije que no. Segundo, porque plantea que se dio cuenta de que firmó un contrato que no había leído bien. Bueno, ante eso yo no puedo hacer nada. El material que produce el Colón es del Colón y, luego, puede editarlo o trabajarlo como lo considere. Su queja es un hecho desgraciado. Pasan muchas cosas en el mundo artístico y yo intento empujar aquellas que tengan cierto valor, cierta trascendencia. El resto, intento descartarlas."

En su gestión una de las cuestiones que tuvo que descartar es el abono Bicentenario. ¿La razón? No iba gente. "Yo creo mucho en los grandes directores artísticos de los teatros y creo que una de sus virtudes es que la gente confíe plenamente en ellos. Esa confianza en el público yo no la gané por errores propios y por la situación general que estamos viviendo –reconoce–. Cuando trajimos a Arcadi Volodos fue toda una bofetada porque muchos abonados ni vinieron. El abono Bicentenario no era el de los grandes nombres, sino el de los grandes artistas. Pero parece que podemos gastar 4000 pesos para ver a un artista que está muy bien posicionado en los grandes medios de producción y no tenemos 1500 para ver uno como Volodos."

–Y más allá de la situación general, ¿cuáles serían sus errores?

–Ser un mal comunicador en el sentido que, en el marco de lo que digo, a un artista hay que mostrarlo de una manera distinta para crear cierta ansiedad previa a su llegada. Este sistema de producción se podría replantear, pero no me gustaría poner técnicos especialistas en comunicación en el Colón. Prefiero poner el dinero y el tiempo en lo que tenemos que hacer.

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