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Un cruel espejo del humo y de la muerte de Cromagnon

El Mundo

Son muchas las similitudes entre el incendio de ayer y el de 2004 en Buenos Aires

Por   | LA NACION

Separadas entre sí por más de doce años y 1100 kilómetros, los incendios en las discotecas Cromagnon, en el barrio porteño de Once, y Kiss, cerca de Porto Alegre, son espejos que reflejan la fiel imagen de la tragedia y de la muerte.

Cada noticia que se conocía sobre las circunstancias que rodearon la tragedia en Brasil activaba el espejo y el recuerdo de la noche que viví el 30 de diciembre de 2004 cuando participé en la cobertura informativa de la tragedia en Once.

Al ver las primeras imágenes que llegaban de Brasil, se podía advertir un gran parecido con el panorama que encontré al llegar a Bartolomé Mitre al 3000, después de cruzar la plaza: una autobomba en medio de una calle encajonada, con las ambulancias que no podían llegar hasta la puerta del boliche debido a que la calle estaba cubierta de cuerpos.

En la salida de emergencia, los socorristas habían logrado después de mucho esfuerzo abrir la puerta, que según los testigos estaba cerrada con candado y alambre. Igual que en Brasil. Similar al incendio en el shopping Bolaños, en Asunción.

Frente a Cromagnon, los espectadores que lograban salir a la vereda y parecían encontrar la salvación, caían fulminados. Así, los cuerpos, que tenían en la nariz, en las comisuras de los labios y en la barbilla una mucosidad mezclada con el negro del humo que respiraron en el boliche, se acumularon en la puerta del local. Los socorristas no podían saber quién estaba vivo y quién muerto. Las primeras fotos que llegaban de la tragedia en Kiss mostraban la misma escena. El mismo dolor, pero otro país.

Después de la tragedia, las autopsias determinaron que los 194 espectadores que concurrieron al recital de Callejeros murieron al respirar el humo gris plomo producido por la combustión de los paneles acústicos de espuma de poliuretano colocados en el techo de Cromagnon. Desde el público habían disparado una bengala que encendió esos paneles. En el juicio oral, uno de los forenses declaró que "Cromagnon fue una cámara de gas donde la concentración de un gas derivado del cianuro provocó la muerte a 194 personas".

Igual que en Cromagnon, en Brasil los 233 espectadores que concurrieron al recital no murieron quemados, sino por inhalar un gas derivado del cianuro. En ambas tragedias hubo incendios, pero ninguna de las víctimas murió quemada, sino que murieron asfixiadas, con las vías respiratorias superiores destrozadas.

En Cromagnon, para muchos sobrevivientes la diferencia entre la vida y la muerte fue quedar boca arriba o boca abajo en la avalancha que se formó al escapar del boliche. Quien quedó boca abajo evitó respirar el gas que caía del techo. Mientras que aquellos que quedaron boca arriba recibieron todo el veneno de frente. Similar a lo que parece haber ocurrido en Brasil.

En ambos casos, los músicos fueron responsables. En Brasil uno de los integrantes de la banda habría arrojado la pirotecnia. En Cromagnon, la bengala que provocó el incendio fue arrojada por un espectador que habría introducido el elemento favorecido por los controles laxos que estaban a cargo del grupo Callejeros, que, al igual que la banda brasileña, fomentaba el uso de bengalas en recitales.

Además, ambos boliches debían estar cerrados. El certificado de incendio de Cromagnon se había vencido 20 días antes de la tragedia y de Kiss tenía la habilitación vencida desde agosto.

Y en los dos escenarios, las decenas de zapatillas desparramadas en el piso representaron el más doloroso símbolo de tragedia.

Hay un camino en el que todavía es prematuro encontrar equivalencias. Por Cromagnon, después de una extensa causa judicial, hubo un fallo. Fueron condenados el gerenciador del lugar; los músicos que organizaron el recital y promovieron el uso de bengalas; el jefe policial que hizo la "vista gorda", y los funcionarios que eludieron su labor de control. Esa sentencia nunca alcanzará para borrar las terribles imágenes y el dolor imperecedero.

SIN VÍCTIMAS ARGENTINAS
El cónsul en Uruguayana (circunscripción a la que pertenece Santa María), Alfredo Ortiz Baeza, confirmó ayer a LA NACION que no hubo argentinos entre los muertos ni entre los heridos en la discoteca Kiss. Según dijo, se pudo comunicar con los seis argentinos registrados en esa ciudad..

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