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Por qué Máxima se perfila como una nueva "reina de corazones"

PARA LA NACION
Lunes 28 de enero de 2013 • 19:13
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El gran triunfo de Máxima ha sido aprender. Al principio, a través del silencio, de la observación, asimiló una nueva cultura, la de un pueblo tan antiguo como el flamenco-holandés. No buscó la cámara y los flashes. No creyó que porque era bonita y agradable tenía que empezar a posar.

La inteligencia de Máxima estuvo en ponerse siempre un paso detrás de su marido y dos pasos detrás de la reina, respetando cada posición en la familia real.

Su camino a la corona no fue nada fácil. Tuvo que enfrentar momentos muy difíciles. Que sus padres no hayan podido asistir a su casamiento, estoy seguro que fue un golpe muy fuerte para ella. Sin embargo, no hizo ningún comentario de más, no dramatizó. Su tristeza la llevó con mucha altura, algo admirable en una persona latina, ni noble ni real.

Su comportamiento, siempre intachable, merece ser destacado. Lo comparo con Diana que venía de una familia noble, y aunque ella era inexperimentada tuvo una educación más cercana a un palacio. Máxima vivió en un departamento, en una casa normal en Buenos Aires. El haber podido asimilar esa cultura, llevar esas alegrías, esas tristezas sin sobresaltos le valió, sin dudas, el respeto de la reina. Fue muy compañera, aceptó dignamente momentos complicados. Demostró una seriedad enorme en sus viajes a la Argentina. Nunca sobreactuando ni haciendo ostentación de su poder.

Creo que hoy, la reina y el Parlamento holandés se dieron cuenta que está preparada para tomar la función de ser reina. Madre ejemplar, compañera de su marido, elegantísima, siempre fresca, agradable, es un ejemplo de educación argentina.

El desafío que se le impone ahora es enorme. Ser comandante de una nación es ser comandante de un barco: hay que estar siempre en el puesto de mando. Como mujer inteligente que es va a tener que sostener una disciplina y una vida que en el fondo es privilegiada pero va a tomar una responsabilidad enorme. Ser reina no es usar la corona y vestir brillantes, y ella lo sabe mejor que ninguna.

Máxima consiguió la síntesis perfecta entre la cultura anglosajona y la calidez latina para convertirse en la princesa más querida y ahora llevará la corona de Holanda, después de Inglaterra, la Casa Real más poderosa de Europa. El pueblo holandés es un pueblo de clima gris, y ella llevó alegría, simpatía y se mostró siempre muy empática con la realidad. No la ves ostentando, no es una estrella de Hollywood.

Como Grace Kelly y como Lady Di, Máxima encontró su estilo propio a partir de una lenta evolución. Solo basta con mirar cómo empezó y cómo evolucionó en su ropa, en sus zapatos, en la manera de moverse. Siempre estuvo bien. Un ser como ella no puede tener revoluciones, tiene que tener una evolución que lleve a la conformación de su imagen dejándola en una posición de dignidad real. Ni la princesa Letizia de Borbón ni Kate Middleton lograron lo que logró Máxima. Es única, tiene una magia propia, una luz especial, como Diana, son seres únicos. Y esto es solo el comienzo.

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