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La boda real, el día que se selló el otro romance

El Mundo

Ésa celebración marcó el fin de la polémica por el padre de Máxima

Por   | LA NACION

WASHINGTON.- Había empezado mucho antes . Pero el lazo entre Máxima Zorreguieta y los holandeses cristalizó bajo los conmovedores acordes de "Adiós Nonino", primero, y horas después, bajo una sucesión de besos que la porteña arrancó a su flamante -y sorprendido- marido, en los balcones de palacio y la vista de millones de personas.

Fue el 2 de febrero de 2002 (el 02-02-02). Máxima se acababa de casar con Guillermo Alejandro y la plaza de Amsterdam estalló de júbilo cuando la pareja salió a saludar.

Miles de banderas anaranjadas con la leyenda "kiss" (beso) estampada en letras negras, pedía el típico gesto a los recién casados que saludaban desde lo alto. El cierre esperado del cuento rosado. Lejos de pudores, Máxima no se hizo rogar y regaló no uno sino decenas de besos.

Fue esa espontaneidad, después de todas las polémicas por Jorge Zorreguieta, el padre de Máxima, la que arrancó las primeras carcajadas de un público que, con los años, la consagró como el miembro de la casa real con mejor imagen. No es poco, sobre todo en un tiempo en que esas instituciones están en objeción permanente. Dicen que es siempre la novia el alma de un casamiento.

A lo largo del día, la princesa hizo que los holandeses lloraran, primero, con ella, y luego, que rieran y bailaran. Atrapada en la fiebre de esa boda real, Amsterdam cerró esa noche con multitud de fiestas populares en sus tabernas.

Pero, en todo caso, la novedad fue que, cada tanto, los altavoces se arrancaban con un acordeón y el lamento de "Adiós Nonino", la música que hizo llorar a la novia -y junto con ella, a toda Holanda- en la ceremonia religiosa.

Fue el primer regalo de Máxima a la sociedad que la adoptaba. Junto con él fueron Astor Piazzolla, las clases de tango, los jóvenes que querían aprender a tocar el bandoneón y, como un toque frívolo, se impuso entre las mujeres el uso de la pashmina, que la porteña usaba, por entonces, como sello distintivo a la hora de abrigarse.

Fue el comienzo de una adopción mutua. Eran tiempos convulsos para la Argentina, que asistía al cuento de hadas desde lo peor de su crisis. Apenas 40 días antes de la ceremonia había caído el gobierno de Fernando de la Rúa. El país tenía la sensación de hundirse y desde esa agonía miraba, como en una fantasía, la suerte de la futura princesa.

La crisis también alcanzó los festejos: dicen que hubo invitados argentinos que necesitaron ayuda financiera para poder asistir, en tiempos en que el famoso "corralito" se había llevado, junto con los dólares, cosas peores que los fondos para alquilar el jacquet.

No fue lo único. El casamiento tuvo que pasar también por el mal sabor político. Los padres de la novia no pudieron asistir a la ceremonia, por el cargo que ocupó su padre durante la dictadura militar, que generó controversia en Holanda. Máxima eligió entonces a uno de sus hermanos como padrino..

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