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El cementerio olvidado del lago Epecuén

Cientos de tumbas y nichos quedaron bajo el agua cuando en 1985, cuando se se inundó la villa turística ubicada al lado de ese lago salino; hoy, solo abandono y vandalismo

Sábado 23 de marzo de 2013 • 15:56
La cruz de una tumba entre los arbustos, el reflejo del abandono del cementerio del lago Epecuén que quedó bajo agua en 1985. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Crucifijos y placas de bronce robadas  en episodios de vandalismo cuando bajó el agua y las tumbas quedaron en la superficie. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Entre los arbustos se ven los pabellones de nichos que, por la presión del agua, se abrieron y dejaron salir los ataúdes. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
El viejo predio está cerca de Carhué, a unos 12 kilómetros de Epecuén, donde se construyó un cementerio nuevo. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Algunos familiares aún dejan flores en las tumbas de sus familiares; en el fondo se ven árboles secos por la acción del agua. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
La cruz en soledad y los restos de los nichos; Epecuén está a 570 kilómetros de Buenos Aires y contaba con 1.500 habitantes. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
El interior de un nicho abierto; los pueblerinos recuerdan que, tras la inundación, se veían flotar los ataúdes. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Fundada el 23 de enero de 1921, Epecuén era el destino turístico de la época; su cementerio sufrió las consecuencias del agua. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Oxido, flores secas y abandono lo que se observó en las tumbas cuando comenzó a bajar el agua que amenazó a Carhué. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
Entre los matorrales y los árboles secos aún quedan cruces en pie; algunas tumbas fueron trasladadas al nuevo cementerio. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
A pesar del abandono del lugar, muchas personas aún se esmeran por mantener las tumbas en buenas condiciones. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
La cruz del cementerio de Epecuén, un símbolo del lugar, se quebró por el impacto del agua; detrás, las ruinas de las paredes y los nichos. Foto: LA NACION / Mauricio Giambartolomei
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La madrugada del 10 de noviembre de 1985 una sudestada sepultó el destino de una de las villas turísticas más pujantes de la época en la provincia de Buenos Aires. Ubicada a 12 kilómetros de Carhué y a 570 de la Ciudad de Buenos Aires, la localidad de Epecuén tenía una población estable de 1.500 personas y la capacidad para recibir 5.000 visitantes. Todo quedó bajo el agua cuando se perforó el terraplén que contenía la fuerza del lago.

La villa se fundó el 23 de enero de 1921 y hasta de la inundación contaba con 220 establecimientos aptos para recibir turistas. Allí arribaban miles de abuelos que buscaban alivio en las aguas con alto contenido salitroso.

El recuerdo de sus habitantes, el reflejo fotógrafico de la época de esplendor y las actuales y la historia se reflejan en el siguiente especial multimedia que publicó LA NACION en 2010.

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