Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Literatura

Esencia de una tierra convulsionada

ADN Cultura

Mo Yan, el seudónimo con el que firma sus obras el reciente Premio Nobel de Literatura chino, quiere decir "no hables" y viene de la invitación a la prudencia que sus padres le transmitían desde la infancia dada la realidad política que vivía el país desde los años cincuenta. Alude a una parquedad y una mesura que pueden haber determinado rasgos de su carácter, pero poco tienen que ver con el estilo de esta dura novela de cuya prosa febril, apasionada y profusa hay un temprano ejemplo en la página 2, cuando el narrador define el escenario de la extensa historia: "Hasta que hube crecido, no comprendí que el municipio de Gaomi Noreste es, sin duda, el lugar más bonito y el más repulsivo, el más extraño y el más vulgar, el más sagrado y el más corrompido, el más heroico y el más cobarde, el más bebedor y el más sensual del mundo". Tamaña facundia denota más bien cierto temor del silencio; en su lugar se enciende un exacerbado realismo ya presente en las impactantes contradicciones, que abundan en todo el libro, sobre todo en las violentas escenas de la lucha contra el invasor japonés y en las que describen los no menos sanguinarios enfrentamientos de las guerras civiles.

En ese tono, a través de la memoria de tres generaciones de una familia, Sorgo rojo abarca cuatro décadas de historia china y a ella, a la a veces lírica pintura de la naturaleza y al crudo retrato de la vida campesina, yuxtapone fantasías, rituales, mitos y supersticiones del mundo rural. Al premiarlo, la Academia Sueca mencionó a García Márquez y a Faulkner (influencias decisivas según reconoció el autor), pero habló también de un realismo "alucinatorio". Tal vez no podía haber hallado un adjetivo más preciso para aplicar a la obra de Mo Yan. Al menos a Sorgo rojo, el título que le dio popularidad en su país y se hizo conocido en Occidente gracias al film que, basado en dos de sus cinco relatos, dirigió Zhang Yimou, reveló a Gong Li y triunfó en el Festival de Berlín de 1988.

En algunos sentidos, más que la sutil herencia de alguna tradición china, incluida la oral, quizá manifiesta en los pasajes volcados a una visión poética, se hace visible esa fuerte influencia de la literatura occidental. Puede percibirse en los trazos definidos con que pinta sus vívidos personajes y en las tramas fuertemente dramáticas tanto como en otros recursos que Mo Yan emplea y que imponen cierto ritmo vertiginoso a la novela, desde los desplazamientos cronológicos que a veces pueden dificultar la lectura hasta la fragmentación constante de las acciones. Las tramas que encierran otras subtramas son desarrolladas en un encadenamiento de escenas generalmente breves, que se interrumpen y se alternan, yendo y viniendo de una historia a otra, de un personaje a otro, de un tiempo a otro.

 

La construcción narrativa es compleja. Cuando la novela se inicia, el narrador en primera persona ha vuelto en 1980 a su pueblo natal para reconstruir la historia de su familia. La abre en 1939 cuando su padre, todavía adolescente e hijo del bravo bandido Yu Shan'ao, se apresta a secundarlo en la emboscada que tenderá a un convoy japonés el grupo de voluntarios que él encabeza. La batalla en el puente del río Negro será el hecho central de la novela.

Mientras marcha a través de los campos de sorgo rumbo al lugar, el Abuelo, hombre de vida novelesca que devendrá héroe legendario, evoca su pasado. Recuerda al tío Arhat, que fue hecho prisionero y desollado vivo por el invasor; a la bella Dai, su amante, que caerá bajo la metralla enemiga y será venerada como una santa después de haber dado muestras de su heroísmo y de la fortaleza de su carácter. Vuelve aún más atrás, a 1923, a los días en que la conoció y se enamoró de ella a tal punto que tuvo que matar para liberarla del adinerado enfermo de lepra y propietario de la destilería de vino de sorgo al que la habían entregado sus padres como esposa. Poco después, heredada la empresa, la joven, el personaje más positivo del libro, revelará su talento para el negocio.

El sorgo rojo, siempre presente, es un personaje más; no sólo resiste y permanece como símbolo del equilibrio de la naturaleza que trasciende a todas las adversidades, a los fenómenos del clima y los efectos de las querellas humanas por salvajes que éstas sean; tambien sirve de refugio a los guerreros, los bandidos y los amantes (en el sorgo se consuma la apasionada y emocionante historia de amor de los abuelos del narrador). Y cura y alimenta y prodiga su riqueza: el vino, que embriaga, da calor, desinfecta y protege de la lepra. Es la esencia misma de esta tierra convulsionada, descripta por Mo Yan sin ahorrar crudezas ni detalles.

La novela prosigue con el relato de los acontecimientos que marcan el dramático destino de la familia y los personajes vinculados con ella, desde el período anterior a la guerra chino-japonesa (1937-1945) hasta los tiempos más recientes del nieto narrador. Son historias de amores, celos, venganzas, asesinatos, masacres, violaciones, castraciones, agonías interminables. Hasta de una estremecedora guerra de perros contra humanos, pero también de animales que tanto pueden socorrer a las personas como tomar posesión de sus espíritus. En Sorgo rojo, lo que se cuenta como real -todas las atrocidades de la que puede ser capaz la criatura humana- suele sonar más inverosímil que lo fantástico. Y a veces el descarnado detallismo de Mo Yan se hace difícil de tolerar. Pero en esa misma prosa con tanta carga sensitiva que los aromas se huelen y los colores se ven reside uno de sus irresistiles atractivos.

Sorgo rojo


Mo yan
Océano
Trad.: Ana Poljak
514 páginas
$ 115.

TEMAS DE HOYParo del transporteEl caso de Lázaro BáezCristina KirchnerElecciones 2015Superclásico