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La familia de Leonela sufre y pide que nadie se olvide de ella

Seguridad

Sandra Fewkes, la madre de la joven muerta en la avenida Santa Fe, al ser atropellada por un taxi, teme que la causa quede en la nada

Por   | LA NACION

TRES ALGARROBOS.- "Una lucha para criarlos y un desgraciado te la roba. Necesito que se haga justicia", dice entre lágrimas Sandra Fewkes, la mamá de Leonela Noble. La joven de veintidós años murió atropellada el martes pasado a raíz del accidente que provocó el taxi conducido por Rubén Darío Botta, que se desplazaba a gran velocidad y a contramano por la avenida Santa Fe. Acompañada por la familia del novio de su hija , y con el apoyo de todo su pueblo, Fewkes asegura que no va a descansar hasta ver que se haga justicia.

En la vereda de la casa de Leonela se agrupan los vecinos de esta pequeña comunidad de 3000 habitantes. Hay caras de dolor y ojos rojos de tanto llanto. Esperan para saludar a Sandra, que está adentro de la casa atendiendo visitas de pésame y el teléfono, que no para de sonar.

Leonela era hija única de una familia pequeña. Sus padres estaban separados desde que la joven tenía cuatro años. Leonela vivía en Buenos Aires y estudiaba Licenciatura en Arte y Curaduría en la Universidad del Museo Social Argentino. Le faltaba un año para recibirse. Estaba de novia con Darío Sánchez, un joven de América, un pueblo vecino, desde hacía seis meses.

"Desde que se conocieron nunca se separaron", cuenta la mamá. "Era artista de alma, le gustaba mucho dibujar desde chiquita", dice Sandra. Según Leonor, la abuela, el don de artista era herencia familiar. "Salió a mi marido, que pintaba muy bien", dice y muestra cuadros colgados en la pared del pequeño living. Mientras cuenta, la abuela va y viene. Prefiere no quedarse sentada mucho tiempo recordando, porque las lágrimas afloran con facilidad.

La que sí habla es la madre. Está sentada en una silla con la foto de egresada de su hija en una mano. Con el otro brazo sostiene a Dalí, el perro de su hija. En el aparador que está a su espalda hay portarretratos; en todos está Leonela: cuando era bebe, cuando egresó del secundario y con la abuela Leonor.

Sandra se quiebra de a ratos. Cuenta que cada vez que viajaba para visitar a su hija y no tenían dinero para una salida importante, caminaban por la ciudad. "Íbamos mirando los edificios y ella me explicaba todo: cuándo había sido construido, por quién, de qué estilo era". Sonríe y sigue: "Cuando cumplió quince no quiso fiesta; me pidió conocer Bariloche. Me acuerdo que estando allá un día les hizo de guía a un grupo de turistas. Estábamos en la capilla que hay en el Llao Llao; les explicó todo".

 

"Anoche la escuchamos llorar", dice después la mujer, y cuenta que ella y Darío -el novio de su hija- habían salido a la vereda. "Estábamos allí y escuchamos el llanto de una mujer. Fui a ver si eran mis padres. Pero no eran ellos. Y no había nadie más en la casa", asegura. Antonio y Daiana, el padre y la hermana de Darío, afirman haber vivido una experiencia semejante en ese momento, cuando estaban en la estación de servicio.

"No sé qué pensar. Tengo una cosa aquí...", la madre no termina la frase y se toca el pecho. Piensa que no podrá ver más a su hija y se conmueve.

"Necesito ser fuerte y luchar mucho para que nadie se olvide de mi hija. Ella era un sol, era toda mi vida", dice aunque no entiende bien cómo va a lograrlo. Hablaba con ella por teléfono varias veces al día. La última vez fue el mismo martes, un rato antes del accidente. "Me dijo mamá, me voy a cobrar este cheque y en diez minutos vuelvo. Y no volvió nunca más", recuerda.

Darío, el novio, dice no poder irse de la casa de su suegra. "Siento que acá está Leonela, por eso no me puedo ir". Antonio Rubén Sánchez es el padre de Darío. Enviudó hace muchos años y ahora dice sentir mucha angustia, porque sabe por el momento por el que está pasando su hijo. "Verlo a él es volver a vivir lo que viví yo", dice. Para Antonio es terrible lo que pasó con su nuera. "No entiendo cómo alguien que evidentemente no está en capacidad de manejar puede estar al frente de un taxi. Estamos todos locos", expresó. Sus ojos se llenaban de lágrimas y pensaba en voz alta: "¿Cómo va a hacer ahora mi hijo para salir adelante? Perdió a su mamá, hace poco a su abuela y a su mejor amigo, y ahora a esta nena".

Darío también dice que va a luchar hasta conseguir que la Justicia ponga en su lugar al culpable. "Quiero verlo al tipo éste que la atropelló a la cara. No le haría nada, pero me gustaría verle la cara de arrepentido, y que nos pida perdón a todos por lo que hizo, no pido más", afirma. Él la recuerda todo el tiempo: "La última vez que nos vimos, ese mismo día temprano, me dijo que me amaba".

El próximo martes, a las 20, la familia volverá a pedir justicia en Santa Fe y Junín, en Capital. Mientras, esperan a que el abogado les diga los pasos por seguir..

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