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Cómo sacarse la mochila de problemas en el veraneo

Dejar de lado las preocupaciones no resulta fácil; el desafío es relajarse durante el merecido descanso

Martes 05 de febrero de 2013 • 09:38
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Un delfín, un tribal, el yin y el yang...el error de haber grabado a fuego el nombre de un amor… Imposible describir la cantidad de tatuajes que podemos encontrar en la playa. Tal vez, a quien esté en busca de un "juego de verano", así como quien junta caracoles, le resulte interesante hacer un ranking de "los tatoos más elegidos" por la gente.

Pero si hay algo que muchos llevan tatuado en la espalda es la bendita "mochila". La carga, más o menos pesada, de la que no logramos liberarnos ni en pleno momento de descanso.

Es que "los de la mochila tatuada" difícilmente logren regalarse o permitirse siquiera unos días de relax.

Hay tantos tipos de mochilas como mochileros.

"Las mochilas cargadas con trabajo pendiente o con la expectativa de lo que estará pasando en la oficina suelen ser recurrentes"

Dependerá, entre otros motivos, de la estructura o estilo de personalidad del viajante; de la magnitud, real o ficticia, del motivo de preocupación; de las particularidades y posibilidades, reales o supuestas, de este momento; de la influencia de las experiencias registradas como foto en "vacaciones" pasadas...

Las mochilas cargadas con trabajo pendiente o con la expectativa de lo que estará pasando en la oficina o de lo que pasará a nuestro regreso, suelen ser los "motivos" más recurrentes.

Sin embargo, cada quien sabe (o sería saludable identificar) cuáles son sus causas de alerta permanente: el dinero, la facultad, alguna afección de salud...

En este sentido prestemos atención a una posible trampa o trazo fuera de línea: puede que confundamos el motivo real de preocupación o desvelo. Puede que el motivo no sea cierto o concreto sino una creencia errónea o una construcción fuera de foco. Puede que seamos víctimas de una falsa atribución.

Con todas sus posibles formas y figuras, la mochila tatuada es eso, la obsesión y la ansiedad. Es, en definitiva, la incertidumbre, la sensación de peligro, el temor de haber perdido (o estar perdiendo) el control remoto de una situación. Motivos todos que calan, más o menos profundo.

Es muy común escuchar "recién logro desconectarme después de la primera semana".

No hay estadísticas que demuestren cuánto tarda un turista en dejar de lado sus preocupaciones habituales o el conflicto en cuestión de este verano. Cada uno sabe, también, cuánto tiempo nos lleva la carga y descarga habitual. Ya iremos descubriendo cómo ir reduciendo los días de resistencia.

"Está en este momento en mis manos una posible solución? ¿Es momento para remediar algo? ¿De qué sirve o cuánto suma que siga enganchado con el asunto?"

Mientras otros buscan tatuajes y caracoles, por qué no tratar de salir por un momento de la oscuridad del bolso y preguntarnos: ¿Soy de los del bando de los mochileros? ¿Cuán pesada es mi mochila? ¿Cuánto me afecta? ¿Qué hay dentro? ¿Hay algo que pueda sacar para aliviar el peso? ¿Qué estoy llevando a cuestas que no me pertenece? A muchos les ayudará tomar lápiz y papel y creer que está haciendo un crucigrama distinto, con uno mismo.

"Darnos cuenta" es siempre el primer gran paso. Preguntarnos cómo (más que por qué) es el siguiente casillero. Tal vez no sea momento de echarnos culpa, flagelarnos con cuestionamientos o salir en búsqueda de soluciones, sino de modificar o menguar (lo mucho o poco que se pueda) el peso que tanto nos abruma.

No es negar o resistirse a lo que sentimos sino que, más allá de las preguntas que nos hicimos una líneas más arriba, disponernos a reflexionar en forma piadosa: ¿Está en este momento en mis manos una posible solución? ¿Es momento para remediar algo? ¿De qué sirve o cuánto suma que siga enganchado con el asunto?

Para algunos, cortar contacto con el foco de incendio es una solución ("A la vuelta vemos").

A diferencia de lo que creen muchos, para algunos otros tatuados es contraproducente alejarse o alejarlos de la torre de control o del faro que los mantiene a flote, previendo cualquier hundimiento. En estos casos, sería conveniente que ya sea por sí solos o con la ayuda de su pareja, familiares o amigos, puedan regular los tiempos de exposición a ese sol que nos quema a fuego lento.

En estos casos es conveniente conectarse a Internet una monitoreando el tiempo, que sea reducido. Revisar los mensajes del teléfono o hacer un llamado en el horario que crea que lo afecte menos o pueda ser más productivo. En el tiempo restante, promover encuentros o actividades placenteras. Las redes o vínculos saludables, así como las fuentes de goce, suelen ser el antídoto perfecto.

Es muy probable que, con el correr de los días, a conciencia plena y compromiso con la situación, se puedan reducir la cantidad de horas o momentos de conexión con esa realidad que nos persigue.

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