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Apenas una carta de Chávez para celebrar la gran fiesta

El chavismo celebró en la calle el 21er aniversario del intento golpista que lanzó al presidente a la fama; Maduro leyó el mensaje enviado desde Cuba

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PARA LA NACION
Martes 05 de febrero de 2013
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CARACAS.- Por ahora, tampoco. Hugo Chávez, c uya voz en audio se esperaba ayer para conmemorar el 21er aniversario del golpe de Estado que lo hizo famoso, permanece en silencio mediático 57 días después de su última intervención. Sus seguidores tuvieron que conformarse, en el día de la fiesta grande del chavismo, con la lectura de una carta presidencial, de siete páginas, llegada desde La Habana.

El famoso "por ahora" del 4 de febrero de 1992 que acercó a Chávez al imaginario popular gravitó durante toda la maratón bolivariana de ayer, incluidos los 25 minutos que el vicepresidente Nicolás Maduro necesitó para leer la misiva.

Ni una declaración ni una foto ni siquiera un tuit, sólo una larga epístola que ni siquiera parecía escrita por el comandante y cuyo leitmotiv "Chávez por ahora y para siempre" fue develado un día antes en las redes sociales por una de sus hijas.

Soldados venezolanos sostienen un póster de Chávez, ayer, durante la conmemoración del golpe de 1992
Soldados venezolanos sostienen un póster de Chávez, ayer, durante la conmemoración del golpe de 1992. Foto: AFP

"Cuánto lamento estar ausente físicamente del territorio patrio, pero así lo exige la batalla que estoy dando? Estoy con ustedes llevando la boina roja y el brazalete de soldado, sintiendo el amor que me sana y que me da la vida. ¡Bendito sea el 4-F!", leyó el vicepresidente.

El primer 4 de febrero sin Chávez, tras 14 años en el poder, comenzó en el Fuerte del Museo Militar, cuartel donde el presidente se escondió durante el golpe que costó la vida a 20 militares, 7 policías y 5 civiles, incluida una chica de nueve años. Las salvas de honor disparadas ayer por las víctimas olvidaron a la chica y a los enemigos de aquel día.

Soldados con la cara pintada con los colores nacionales, pañuelos colorados al cuello, banderas rojas y sólo uno de ellos, Maduro, vistiendo el jogging de Venezuela, tal como acostumbra Chávez. Un escenario que parecía salido de un Novecento criollo, la teatralización exacerbada del día que marcó "la génesis de la nueva patria", según Diosdado Cabello, que fue uno de los alzados en armas hace 21 años.

La parafernalia militarista invadió la fiesta chavista, aderezada con algunos toques románticos habituales de la revolución, en este caso la canción titulada "4-F, madrugada de amor".

El toma y daca de costumbre, que en esta ocasión recayó en el presidente de la Asamblea Nacional, quien puso en marcha su conocido ventilador de las amenazas. Nadie se libró. Burgueses, opositores, medios de comunicación, imperialistas y, sorpresivamente, también algunos compañeros revolucionarios. "Quien se salga de las líneas de instrucción del comandante Chávez el pueblo se lo va a cobrar", soltó de forma misteriosa.

La contundencia de Cabello contrastó con las dudas que arrastró Maduro durante sus dos largas intervenciones. El vicepresidente, fuera de lugar, leyó un caótico recorrido por la historia de Venezuela tan aburrido que consiguió que las banderas rojas dejaran de ondear. En el segundo round, realizado horas después en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, superó el vértigo ayudado por varios artistas simpatizantes del proceso revolucionario.

A esa hora, miles de las "sorpresas cívico-militares" preparadas para la ocasión corrían de mano en mano: gorras tricolor (azul, amarillo y rojo, los colores de la bandera), diseñadas por Cabello y copia de la que popularizó Capriles durante su campaña electoral. La gorra que lució el gobernador de Miranda durante semanas se convirtió en un símbolo de libertad para la oposición, tras los intentos del Consejo Nacional Electoral de que no la portase durante sus mítines o recorridos casa por casa.

Mientras la Venezuela oficialista estaba de fiesta, la antichavista se lamentaba: hasta la gorra les quieren quitar. "Jamás podrán expropiarla, tampoco el futuro de los venezolanos", protestó Henrique Capriles, quien además quiso dejar claro que no había "nada que celebrar, mucho que recordar y mucho que cambiar en nuestro país".

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