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El pequeño sueño de los acuerdos de precios

Opinión
 
 

Otra vez saltan a las tapas de los diarios supuestos congelamientos de precios. Con cadenas de supermercados primero y con casas de electrodomésticos después. Seguramente se sumarán con el correr de los días algunos otros.

Que el Gobierno apele nuevamente a este mecanismo es una muestra cabal de que la inflación existe y de que preocupa. Que para resolver el problema apele a un método que fracasó repetidamente indica que no se comprende su real magnitud. Ello es paradójico porque la gravedad de la situación actual en materia de aumento de precios está señalada por el mismísimo hecho de que esta vez sólo se han podido alcanzar compromisos limitados y que rigen... ¡por apenas un bimestre!

Que el Gobierno apele nuevamente a este mecanismo es una muestra cabal de que la inflación existe y de que preocupa

Ese plazo es también un lamentable signo de cómo las autoridades nacionales han ido reduciendo sus expectativas: de soñar con un gran acuerdo nacional que nos pusiera en una senda de mayores inversión, elevada productividad, mejores salarios y menor conflictividad social (con Alemania como modelo a seguir según la propia CFK) pasa a contentarse con pactos de precios de dos meses de duración con algunos negocios minoristas.

Quizás uno de los pocos experimentos de control de precios exitosos en el tiempo sea el de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt. La misma está narrada en detalle en Una Teoría del Control de Precios, cuyo autor fue el responsable de dicho programa, John Kenneth Galbraith. En ese breve libro, este economista canadiense detalla las condiciones bajo las cuales se puede esperar que este tipo de políticas funcione. Claramente, no son las hoy vigentes en nuestro país.

Más allá de los condimentos políticos de esta nueva ronda de controles, lo cierto es que volverán a fracasar en su objetivo principal.

Pero los argentinos no precisamos leer dicha obra para llegar a la conclusión de que los controles que deleitan al secretario Guillermp Moreno fallan continua e irremediablemente. La administración kirchnerista recurrió por primera vez a los mismos(aunque en una versión más ambiciosa) hacia fines de 2005 y luego en 2006. En ese entonces la inflación rondaba, por primera vez desde 2003, la marca de los dos dígitos. No funcionaron y vino luego el desaguisado del Indec. Mientras tanto, se profundizaba el descontrol de las políticas fiscal y monetaria. Hoy, cuando el Gobierno vuelve a la carga con la misma herramienta, la inflación va camino a ser el triple de lo que era en aquellos primeros intentos.

Hay, naturalmente, otros motivos para persistir en el error. Los acuerdos que se logren pueden revestirse de un poder simbólico de cara a un conflicto anunciado entre la Presidenta y los representantes gremiales. El relato incorporaría así una nueva pregunta: si se subió el mínimo no imponible y los empresarios ponen su cuota de arena manteniendo los precios de sus productos ¿qué intereses inconfesables persiguen los gremialistas?

Más allá de los condimentos políticos de esta nueva ronda de controles, lo cierto es que volverán a fracasar en su objetivo principal. Padecemos una inflación elevada y creciente, origen de los principales problemas que ha venido enfrentado el Gobierno en los últimos años (subsidios desbocados, corrida cambiaria, cepo al dólar, surgimiento del mercado blue, cierre de importaciones, etc.) pero que durante mucho tiempo fue ignorada y cuya severidad es aún hoy minimizada. En lugar de insistir en instrumentos improvisados y probadamente erróneos ¿no sería mucho más sencillo reconocer el diagnóstico y hacer política económica en serio?.

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