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Editorial II

EE.UU.: reforma inmigratoria

Opinión

La iniciativa de Barack Obama para legalizar a once millones de inmigrantes en su país constituirá un gran paso adelante

 
 

En un discurso reciente pronunciado en la ciudad de Las Vegas, el presidente norteamericano, Barack Obama, ratificó que ha asignado a la reforma inmigratoria una alta prioridad política.

Ocurre que hay once millones de inmigrantes ilegales que alimentan la esperanza de poder regularizar su situación y salir de la precariedad en la que deben vivir. Por lo demás, el tema tiene claros ribetes políticos, porque los votos de los latinos, que conforman buena parte de ese enorme contingente de inmigrantes ilegales, son los que finalmente aseguraron la reelección de Obama. Por esto, el primer mandatario no puede desatender a esa minoría y, también por ello, los republicanos se esfuerzan por no quedar afuera de la solución que en su momento se edifique. No es entonces demasiado sorprendente que haya cuatro senadores demócratas y otros tantos republicanos que están promoviendo una salida bipartidista a la delicada cuestión y trabajando en su construcción e implementación.

Hasta al momento al menos, la idea común es la de regularizar la situación de ese enorme contingente de personas, aunque a cambio de mejorar significativamente la seguridad de las fronteras, especialmente de la que separa a los Estados Unidos de la vecina México, y conformar, asimismo, un nuevo sistema de visas temporarias y especiales para aquellos que tengan especialización en temas vinculados con la alta tecnología. Sistema de vigilancia que debe permitir seguir adecuadamente la situación de los titulares de esas visas y garantizar que sus respectivos términos se cumplan.

Esta sería la primera reforma regulatoria de la delicada cuestión de los inmigrantes que se edifique desde que, en 1986, el entonces presidente Ronald Reagan estructurara la última de ellas, regularizando entonces a unas tres millones de personas que entonces estaban ilegalmente en los Estados Unidos.

Desde esa reforma, los Estados Unidos han gastado miles de millones de dólares en tratar de asegurar el cumplimiento de las normas migratorias con resultados más bien pobres. Pese a los 700 kilómetros de cerco, a los aviones no tripulados que recorren la zona de frontera, a los miles de sensores que procuran detectar movimientos humanos en torno de la zona de frontera, y a los 21.000 oficiales migratorios que tienen a su cargo la vigilancia de las fronteras del país del Norte, en 2011 unas 340.000 personas lograron burlar los obstáculos e ingresar en los Estados Unidos.

En rigor, la inmigración ilegal sólo disminuyó como consecuencia de la recesión de 2007-2008 y la disminución consiguiente de las oportunidades de encontrar trabajo más o menos fácilmente.

Por el momento, los Estados Unidos tienen un sistema según el cual otorgan "tarjetas verdes" que legalizan la presencia de sus tenedores en suelo norteamericano, a unas 366.000 familias por año, con un "techo" por país que no puede exceder el 7 por ciento del total de esos documentos. Esto, además de las 25.620 visas que los empleadores pueden solicitar año por año. Este mecanismo reemplazó al sistema anterior, uno de cuotas, altamente discriminatorio, pues favorecía a la inmigración del norte de Europa y excluía a los asiáticos. Como el mundo ha cambiado radicalmente, nadie propone retornar a mecanismos de este tipo. El camino por recorrer no será nada fácil. Los sindicatos, por ejemplo, han sido siempre enemigos de este tipo de regularizaciones de inmigrantes, y los conservadores consideran que la propuesta es, de alguna manera, un inaceptable premio para aquellos que vivieron, conscientemente, al margen de la ley.

Pero la decisión política parecería estar tomada y la definición de la alternativa que en definitiva se elija para resolver el tema es tan sólo una cuestión de tiempo. Habrá seguramente discusiones y encontronazos. Pero cabe esperar que esta reforma resolverá la situación de los millones de personas que hasta ahora viven sumergidas en una permanente ansiedad. Ellas apostaron a reconstruir una vida en un país que sigue siendo atractivo por ser un auténtico crisol de razas y tierra de oportunidades para todos..

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