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El escenario

Maduro y la forzada creación de un líder

El Mundo

Por   | Para LA NACION

"Mientras Nicolás esté al mando, todos unidos con Nicolás, con Diosdado, todo el equipo, una sola patria."

El 9 de diciembre, Hugo Chávez repartió sus últimas instrucciones, espada de Bolívar en mano. Llevado por la emoción, hizo un amago de entregársela a Nicolás Maduro, a quien había ungido como sucesor 24 horas antes. Un detalle trascendental en la revolución de los símbolos. Dos meses después, por las manos del vicepresidente ya pasaron otros íconos: la lanza de Zamora, la pluma de Sucre? Sólo le falta la espada del libertador.

Tocado por la palabra del líder, Maduro se lanzó a afianzarse como su sucesor: cadenas de televisión, consejos de ministros, inauguraciones, discursos históricos y viajes a Cuba se suceden a toda velocidad y sin descanso. Tan forzado a veces que el vicepresidente parecía una de esas copias que se venden en los puestos de CD piratas: acelerado y sobreactuado.

"Maduro carece de un perfil político propio; entonces es imposible crear uno nuevo para él en poco tiempo. La estrategia del oficialismo se basa en afianzar su perfil sobre la base de la fidelidad con el teniente coronel [Chávez]", explica José Rafael López, histórico pensador de la izquierda.

"Intentan crear un líder, pero sin eliminar el anterior -sostiene el analista Alfredo Yanez-. Cualquier intervención está precedida de la precisión de que se trata de una inspiración de Chávez."

El nuevo Maduro habla distinto, viste de otra forma, es más radical y extremó su veneración al líder. En sus discursos, cada día más agresivos, repite los mismos insultos. Tanto quiere imitar al gran líder que incluso gesticula como él y aburre con largas anécdotas, imitando sin éxito los tics oratorios. El resultado está en las antípodas del jefe.

Su estética también se adaptó: camisas rojas, guayaberas cubanas y, sobre todo, el buzo tricolor, ya usado por Chávez y Capriles. Tanto han querido enfatizar este punto sus asesores que, el 4 de febrero pasado, en el aniversario del golpe de Chávez, encabezó una marcha así ataviado y rodeado de uniformes rojos y verdes. La televisión lo destacaba en todos sus planos. Era el único distinto.

Pero lo que más sorprende es la radicalización de su discurso. "Cualquiera que quiera sucederlo debe mostrarse más chavista que Chávez", concluye Yanez.

"No es tarea fácil. Se trata de suplir en muy corto plazo la imagen del salvador de una nación, del talentoso estadista que ama a los pobres, del infalible generador de felicidad", ironiza López.

Un guión que lo ha forzado a sujetar vírgenes o a lanzar arengas a los militares. Pero donde Maduro ha demostrado ser el mejor es en la veneración al líder. "Chávez es la razón de la vida de todos nosotros", dijo anteayer, feliz con la repetición de su imposible metafísico favorito..

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