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El verdadero test de un buen gobierno

Opinión
 
 
"Las administraciones serán juzgadas por su éxito o fracaso en reducir la presencia de pobreza según su medición oficial. Aun cuando una sola familia esté por debajo de la línea oficial de pobreza, ningún político podrá reclamar la victoria en la lucha contra la pobreza o ignorar el repetido y solemne reconocimiento de las obligaciones de la sociedad para con sus miembros más pobres".


James Tobin, Premio Nobel de Economía en 1981

El autor de la cita fue miembro del Consejo de Asesores Económicos del presidente Kennedy, muchos años antes de recibir la máxima distinción en la disciplina. También fue uno de los primeros en comparar a los mercados financieros con un gran casino. Y para evitar el exceso de especulación en desmedro de las actividades productivas, hasta llegó a proponer un impuesto a las transacciones financieras internacionales, el cual lleva hoy su apellido.

A pesar de haberse especializado en inversión, mercados financieros y política monetaria, en la frase que encabeza el artículo este economista keynesiano parece proponer un simple pero riguroso test para evaluar gobiernos. Porque en un mundo en el cual los ingredientes de la prosperidad son conocidos, las administraciones que enfrentan condiciones generales favorables que permitan resolver el flagelo de la pobreza serán tarde o temprano evaluadas por su éxito en dicha empresa.

El kirchnerismo comenzó su gestión en mayo de 2003 con una pobreza que afectaba al 55% de la población. Este índice fue descendiendo hasta alcanzar 29% a fin del mandato de Néstor Kirchner. En esos tiempos, muchos comparaban dichas estadísticas con las imperantes durante los 90, cuya media fue del 26%. La acusación implícita en dicho ejercicio era a todas luces injusta. Es cierto que el promedio de pobres durante la convertibilidad era menor, pero la insostenibilidad de dicha estructura económica hizo eclosión hacia fines de 2001 dejando nada menos que a casi seis de cada diez argentinos en situación de pobreza. Esa tendenciosa comparación era como juzgar a mitad de su recorrido a alguien que tiene que llevar una piedra desde la base de un monte hasta la cima de la cual cayó, diciéndole que la roca había estado mucho más alta en otra época.

En un mundo en el cual los ingredientes de la prosperidad son conocidos, las administraciones que enfrentan condiciones generales favorables que permitan resolver el flagelo de la pobreza serán tarde o temprano evaluadas por su éxito en dicha empresa

Pero en 2007 algo cambió. Con su política en el Indec, el Gobierno mostró que prefería privilegiar las apariencias antes que la resolución de las cuestiones de fondo, concentrarse en el adjetivo "oficial" de la cita y no en el significado más profundo de la misma. Aun frente a la oportunidad que el cambio de administración y la asunción de Cristina Fernández de Kirchner representaban, las voces internas que abogaban por una corrección de las prácticas de medición de precios y un combate a la inflación fueron sistemáticamente desoídas. Hoy, las desacreditadas cifras de dicho organismo constituyen una falaz guía para que la Presidenta comprenda la magnitud del desafío pendiente.

La medición habitual de pobreza por ingresos procede de una manera sencilla. En primer lugar, estima la cantidad de calorías que requiere un adulto para renovar su energía diariamente. Luego, en base a los usos y costumbres de la sociedad, establece el costo de adquirir los alimentos para mantener una dieta que aporte esa ingesta calórica mínima. Ese modestísimo valor es el precio de la Canasta Básica Alimentaria y aquéllos con ingresos que no alcancen dicho número son considerados indigentes. Posteriormente, se estima por cuánto hay que multiplicar los gastos en alimentos para incorporar otras necesidades adicionales, como hogar, vestimenta, salud, educación, etcétera. En la Argentina esa cifra es de aproximadamente 2,1 veces, lo cual también es un valor exiguo.

En el cálculo de la pobreza por ingresos se procede así como en esos juegos de vértigo de los parques de diversiones que requieren una altura mínima para subirse. En este caso hay dos medidas: la de la indigencia (más baja), y otra (de aproximadamente el doble) que corresponde a la pobreza. La gran diferencia con respecto a las ferias de atracciones es que los que no alcanzan esas varas pierden mucho más que la diversión: no alcanzan a cubrir necesidades consideradas como mínimas por la sociedad.

Hoy, las desacreditadas cifras de dicho organismo constituyen una falaz guía para que la Presidenta comprenda la magnitud del desafío pendiente.

En la imagen anterior, subestimar sistemáticamente la inflación de la Canasta Básica Alimentaria equivale a ir bajando cada vez más la altura reglamentaria de la vara con respecto a la que en realidad corresponde. Alguien podrá decir que cada vez más gente disfruta de la atracción, pero la verdad es que sólo estamos descuidando su situación, poniendo a esa persona y los suyos en riesgo.

Las últimas cifras oficiales disponibles indican que el nivel de indigencia en Argentina es del 1,7%, y que el de pobreza alcanza a 6,5%. Sin embargo, dichos valores se basan en la altura de la vara establecida por el Indec. Si, en cambio, se trabaja con la suba de costos que reflejan las provincias, la indigencia afecta ya al 8% de la población, y la pobreza nada menos que al 25%. Y, como consecuencia de la inflación, ambas cifras vienen en franco ascenso desde sus pisos -que se dieron con posterioridad a la implementación de la Asignación Universal por Hijo- de 6.4% y 20%, respectivamente. Lamentablemente, dentro de poco volveremos a tener los niveles promedio de la Convertibilidad y ya hemos sobrepasado los guarismos de 1995, a pesar de que en aquel entonces el desempleo era más de dos veces y media el actual.

Un gobierno puede tener un discurso tan progresista como quiera o pueda transmitir. Pero ello contrasta tarde o temprano con la dirección de sus políticas para resolver el flagelo de la pobreza, tal como propone el examen de Tobin. Y es en este sencillo test que el Gobierno viene fallando desde hace un buen tiempo..

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