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La pasión de escuchar música sin amplificación

Se construyen varias salas en el país, incluida una en la Villa 21

Sábado 16 de febrero de 2013
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LA NACION
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Según un informe que especialistas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata presentaron en la XX Conferencia de la Asociación Argentina de Musicología, en nuestro país existen 2346 salas para espectáculos artísticos entre las cuales hay 80 auditorios. Y de éstos, sólo dos (el de San Juan y el joven espacio de la Usina del Arte) fueron creados especialmente para música sinfónica y están en pleno funcionamiento. Más allá de las cifras -que suelen ser el puntapié inicial para comenzar una investigación- lo que llama la atención es el interés por los espacios para la música. Hasta hace cinco años Buenos Aires no tenía, ni siquiera, una sala con condiciones acústicas de calidad. Sólo el Auditorio de Belgrano servía de refugio de propuestas sinfónicas, como la de la Orquesta Nacional. Sin embargo, luego de la reapertura del Teatro Colón, se inauguró la Usina del Arte y se espera, para 2015, la apertura del centro cultural que funcionará en el ex edificio del Correo Central. Tendrá una gigantesca nave con un bloque de concreto de unos cincuenta metros de largo y un auditorio en su interior.

A todo esto hay que sumarle la avidez que existe por este tipo de espacios. Lo demandan ciudades como Buenos Aires y zonas turísticas del litoral, polos artísticos como el que en algunos años se terminará de conformar en la ciudad de San Juan y villas de emergencia ubicadas a la vera del Riachuelo.

El caso de la Villa 21 es el mejor ejemplo de esta situación. Fueron los propios vecinos los que pidieron un espacio cultural que funcionara como lugar de contención para chicos y jóvenes. El gobierno porteño cedió el terreno y el nacional se está encargando de este proyecto que, por lo que va a representar para la comunidad del sur de la ciudad, será tan importante como la inauguración del centro cultural del ex Correo Central.

Gustavo Basso es, con Rafael Sánchez Quintana, uno de los responsables de que estos espacios suenen. Es de las personas que se encargan de medir y diseñar los espacios para que tengan una buena acústica. Ambos son los responsables de que el Colón suene como antes de su refacción y de proyectos como el de la Usina o del Correo.

"Todo esto es un demanda directa de la sociedad. Nosotros tenemos dos maneras de entrar al trabajo que hacemos. Con Rafael -que además de ser un colega es una leyenda de la acústica en Argentina por haber trabajado para el Auditorio de San Juan, el Teatro San Martín o la reforma del Colón de los años sesenta- nos dedicamos a la labor profesional y también realizamos los estudios para los proyectos de la Universidad de La Plata. Vimos que hubo un cambio muy grande en la última década. El 1995 hicimos el primer estudio en el que veíamos que la gente se recluía cada vez más en sus casas. Esto tiene que ver con el concepto de «no lugar» que desarrolla el filósofo francés Marc Augé y se reflejaba en el hecho de que las salas se estaban quedando sin gente. El final de los noventa, una década individualista, coincide con un cambio de paradigma. Hubo gente que se quedó sin trabajo o sin qué hacer en su trabajo. Esa gente se deprimió o salió a buscar pares. En esa época, desde la facultad dimos asesoramiento gratuito para salas y centros culturales de La Plata. Y vimos que ese encriptamiento se estaba revirtiendo. Sólo en La Plata relevamos 26 nuevos centros culturales en un año. Evidentemente, la gente necesitaba el contacto directo y la música en vivo con poca gente genera ese tipo de empatía casi catártica. Escuchar a un guitarrista en un living no es lo mismo que verlo en River. Así fue que no sólo tuvimos pedidos de lugares chicos. El caso del Teatro 25 de Mayo [de Villa Urquiza] fue paradigmático porque fue un pedido de los vecinos. Estaba destinado a ser una pista de baile y la gente juntó firmas para que se rescatara como lugar de encuentro para la comunidad."

Algo similar está sucediendo en el barrio de Barracas, donde está ubicada la Villa 21. "Hace un año y medio o dos la gente del lugar pidió un espacio para que sus chicos puedan pasar el tiempo haciendo algo de provecho. El pedido fue de abajo hacia arriba. Y eso se replica hasta las grandes salas. Hoy hacer un teatro es algo que está bien visto, porque vuelve a la comunidad con un valor agregado muy grande".

Según Basso en otros tiempos sucedía lo contrario, por el concepto tecnocrático de la cultura. Un funcionario tenía una idea, la llevaba adelante y luego le decía a la comunidad que usara lo que había construido. "Pero la gente no terminaba de hacerlo propio. Lo tomaba como algo impuesto. Fijate el caso contrario. El Centro del Conocimiento, de Posadas, se comenzó a utilizar antes de estar terminado. Hay un cambio de perspectiva enorme."

Muchas personas nunca escucharon el sonido real de un violín. Por eso, el reclamo de espacios tiene tanto que ver con el pedido de los amantes de la música de cámara o sinfónica como con la curiosidad de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de estar frente a una orquesta sonando al natural.

"En general, lo que veo es que primero se sorprenden y después les empieza a gustar. Ahí se logra esa magia, cuando uno participa en el mismo espacio que el músico. Hay necesidad de lugares y de mantener los que ya están, como el Teatro de Bahía Blanca, que está impecable".

Hace casi tres años se recicló el Cine Teatro Altos Hornos Zapla, de Palpalá (Jujuy). En abril de 2011 se inauguró en medio del paisaje selvático misionero, cercano a la ciudad de Santa Ana, una cruz de más de ochenta metros que está posada sobre un auditorio para conciertos. En Buenos Aires se está terminando la Casa del Bicentenario de la Villa 21, en Iriarte al 1600, excelente proyecto impulsado por la Secretaría de Cultura de la Nación. En realidad, es considerada como una hermana de la Casa del Bicentenario del barrio de Recoleta, pero se estima que para su inauguración los vecinos de la villa de Barracas le pondrán otro nombre. Para 2015 no sólo debería estar terminado el centro cultural del Correo, también está previsto que en San Juan se inaugure el Teatro del Bicentenario, con una superficie cubierta de 21.600 metros cuadrados y dos salas para música de primer nivel. La Argentina sonora se hace escuchar.

Mapa sonoro

Desde la buena acústica del Teatro Colón y la Usina del Arte hasta salas en la selva misionera y en villas de emergencia porteñas

Casa del Bicentenario Villa 21 (en construcción)Multiespacio para actividades culturales y artísticas con sala para 400 personas, que no requerirá amplificación para determinadas músicas.

Usina del ArteEs la gran inauguración acústica de los últimos tiempos (1200 personas).

Centro del ConocimientoUbicado en las afueras de la ciudad de Posadas, con una sala "lírica" (750 personas) y otra "de prosa" (250 personas).

Parque temático de la CruzEn medio de la selva misionera, en el monte de Santa Ana se construyó una cruz de 82 metros de altura con un auditorio en su base (250 personas).

Teatro del BicentenarioProyecto sanjuanino que debería estar terminado en 2015, con una sala de ópera (1100 personas) y otra para música de cámara (400 personas), más salas de ensayo. Junto al auditorio Juan Victoria y a proyectos de formación musical harán de San Juan un importante polo musical.

La "ballena azul"El ex Palacio del Correo Central está siendo convertido en el Centro Cultural Bicentenario. Se espera que esté terminado para 2015. El ala que da a la entrada de la calle Sarmiento fue conservada. El corazón del edificio (la "parte industrial") contendrá un gran bloque de hormigón con forma de ballena que contendrá un auditorio para 2000 personas, 100 músicos y un órgano. Estará sostenido por tres tacos de goma para que las vibraciones del tránsito y del subte no la afecten. Sería la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional.

BUENOS AIRES ACÚSTICA"La tipología del Teatro Colón es la herradura italiana. La de la Usina es la de una caja de zapatos, como el Symphony Hall de Boston o el Musikverein de Viena. En el Correo Central, como es un lugar al que le han vaciado la parte industrial del edificio, no tenía sentido armar una sala larga y finita. Por eso se pensó en una tipo arena, como la de la Filarmónica de Berlín –explica el especialista en acústica Gustavo Basso–. En algunos años habrá en la ciudad tres salas de gran nivel que van a sonar muy diferentes entre sí."

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