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Las mil y una curiosidades de Buenos Aires

Buenos Aires

Diego M. Zigiotto convirtió su pasión por la ciudad en una colección interminable de anécdotas, mitos, y leyendas sobre los 48 barrios; hoy, enseña a recorrerla como si fuera la primera vez

Por   | LA NACION

 
El colorido barrio de La Boca, un clásico de la ciudad que ni turistas ni porteños desean perderse. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz
 

En "Balada para un loco", el poeta y letrista Horario Ferrer recreó ese "qué se yo" asociado a las tardecitas y calles de Buenos Aires que tiempo después alimentaron otros tantos autores con su propia pasión y admiración por la ciudad. Ese sentimiento, variado, simple y profundo, alcanzó también a muchos que, sin fama, le rindieron su pequeño tributo. Así ocurrió con Diego M. Zigiotto, porteño de nacimiento y por elección, que supo convertir un interés personal en una radiografía completa de sus 48 barrios.

"Nací en Flores, al año me fui a vivir a Lanús y a los 29 volví a la Capital. Siempre me gustó residir en Buenos Aires y no podía estar lejos", reconoce durante la entrevista con LA NACION. Además de porteño, Diego es periodista y agente de viajes. Desde marzo de 2004, lidera un circuito que propone a los visitantes alejarse del tour tradicional para "mostrar hallazgos insólitos, ocultos en las calles, plazas y monumentos de Buenos Aires". Todo ese bagaje de datos y anécdotas culminó en "Las mil y una curiosidades de Buenos Aires", un proyecto, que finalmente tomó forma de libro en 2007 y que ya alcanzó la séptima edición.

"Con frecuencia los mismos participantes me indicaban su deseo de quedarse con algo escrito, una vez transcurrida la excursión. Y así, de a poco, se fue armando como un complejo puzzle", recuerda. "El objetivo es que el público se sorprenda en las calles de esta ciudad en la que vivimos, trabajamos o estudiamos, y en la que estamos siempre urgidos, sin tiempo para mirar aquello que ofrece", asegura en el prólogo.

 
 

¿Dónde radica el encanto de la ciudad? La pregunta recorre las casi 450 páginas que conforman su obra, en la que nada, ni siquiera los nombres de las calles, los fantasmas o los personajes legendarios, parece escaparse de su cuidadoso registro.

Como resultado del diálogo que mantuvo con LA NACION acerca de esta colección de misceláneas, se desprende una especie de mapa que invita a recorrer Buenos Aires como si fuera la primera vez.

Los recomendados del autor

El listado de imperdibles que propone este porteño oscila entre sus puntos más clásicos, con datos desconocidos, hasta zonas originales, que escapan de las sugerencias más comunes:

 
Se trata del primer monumento emplazado en Buenos Aires. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz
 

Pirámide de Mayo
- Inaugurada en 1811, al conmemorarse el aniversario de la Revolución de Mayo, representa el primer monumento construido en la ciudad.
- Estaba originalmente emplazada frente a la Catedral, pero en noviembre de 1912 -mientras se realizaban las obras de construcción a cielo abierto del subte A- fue trasladada del "centro" de la plaza. En realidad, aclara Zigiotto, nunca quedó en el centro exacto, sino que por errores de cálculo se desplazó un metro hacia la izquierda, si se la ve desde el nacimiento de la Avenida de Mayo.
- Un dato no menor es que el cantero que la rodea contiene tierra de cada una de las provincias argentinas.

La Boca
- La mayoría de los conventillos de fines del Siglo XIX contaba con un sólo baño, pese a que el promedio de habitantes por inquilinato era de 56 personas.
- "La casa del fantasma", una de las paradas obligadas del itinerario dominguero de los vecinos del lugar, era una suerte de castillo, ubicado en el triángulo que forman las calles Almirante Brown, Benito Perez Galdós y Wenceslao Villafañe. Según una leyenda urbana, en el torreón superior, que escondía un tanque de agua, habitaban fantasmas durante el año.

 
La bóveda más antigua data de 1823. Foto: LA NACION / Maxie Amena
 


Cementerio de la Recoleta
- Aloja a casi todas las personalidades ilustres del país, aunque paradójicamente no reposa allí su creador, Bernardino Rivadavia, que tiene su mausoleo en la plaza Miserere.
- Concentra un total de 4780 bóvedas, 80 de las cuales fueron declaradas Monumento Histórico Nacional. La más antigua pertenece a la familia Bustillo y fue edificada en 1823, un año después de la inauguración de la necrópolis.
- Los entierros importantes debían, a fines del Siglo XIX, pasar por la calle Florida antes de ir hacia el cementerio.


Puente de la Mujer
- Diseñado por el valenciano Santiago Calatrava, el puente se inauguró un día polémico para los argentinos: el 20 de diciembre de 2001, cuando caía el gobierno de Fernando De la Rúa.
- Su tramo central puede girar sobre su eje 90 grados en tan sólo dos minutos, y ubicarse paralelo a los diques para cederles el paso a los barcos.

 
Integran este particular edificio 105 departamentos. Foto: LA NACION 
 

Edificio Kavanagh
- Se trata del primer edificio con aire acondicionado y calefacción de la Argentina, y la estructura de hormigón armado más alta de Sudamérica.
- Actualmente, no tiene cocheras ni portero eléctrico. Cada visitante debe anunciarse en la recepción, y desde allí se da aviso, por teléfono, a alguno de los 105 departamentos.
- La Unesco lo declaró Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad en 1999. En consecuencia, la distinción exime a los propietarios de pagar impuestos municipales.


Facultad de Ingeniería de la UBA
- Muchos peatones suponen que el edificio de estilo neogótico que se levanta en Las Heras y Azcuénaga es una iglesia. De hecho, se persignan cuando pasan por delante. Sin embargo, constituye una de las sedes de la Facultad de Ingeniería, aunque hasta 1950 funcionó allí la Facultad de Derecho. Por esa razón varios vitrales conservan todavía el símbolo de la balanza, que hace alusión a la Justicia.
- En 1938 la obra quedó interrumpida por su alto costo. Eso explica por qué todavía se percibe la falta de revoque en sus paredes exteriores.

 
Su gemelo está ubicado en París. Foto: LA NACION / Rodrigo Néspolo
 

Pasaje Rodolfo Rivarola
- Es uno de los pasajes más peculiares de la ciudad. Diseñado en 1924, tiene entrada por Bartolomé Mitre al 1300 y salida por Teniente General Perón a la misma altura. Cuenta con un gemelo en París: en ambos casos, los frentes de las casas de las veredas opuestas son idénticos, como si se reflejaran en un espejo.

Mirador Massué
- La esquina de Tucumán y Talcahuano conserva la torre del que fuera el palacio Massué. Construido en 1907 por el arquitecto homónimo, era uno de los más extravagantes edificios de Buenos Aires, sobre todo, por su mirador en forma de templete griego. Hoy, esas vistas panorámicas podrían obtenerse desde el Obelisco, si se pudiera subir, o desde alguna habitación en la planta alta o terraza del Hotel Panamericano, ubicado en Carlos Pellegrini al 500.

 
Defensa y San Lorenzo, una de las esquinas que mejor refleja el espíritu porteño, según el autor. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz
 

Calle Defensa
- "Los Altos de Elorriaga" es la casa más antigua aún en pie, situada en el ángulo noroeste de Adolfo Alsina y Defensa. Su propietaria original fue doña Leocadia Segurola, viuda de Elorriaga. Desde la década de 1970 el lugar pertenece al patrimonio del Museo de la Ciudad.
- En un local diminuto cuyo horno a leña funciona desde 1923, se encuentra "Pirilo", una pizzería que en los años cincuenta colocaba en una pizarra los resultados de los partidos de fútbol. Hoy sigue siendo una tradición comer una porción de pizza "de parado", acompañada por un vaso de vino moscato. Se la puede visitar en Defensa al 800.

Dónde visitarlos



Sobre las primeras veces...

Edificio público (1595): Se trata de la Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria, más conocido como El Fuerte. Contaba con un foso -que estaba siempre repleto de basura- y un puente levadizo -que nunca se usó. La cerradura y la llave del portón de hierro del antiguo Fuerte se conservan en el Museo Histórico Nacional.
Confitería (1605): También era una dulcería, que pertenecía a Pedro Copacho, y estaba instalada sobre la actual calle Florida.
Barbero (1605): Se llamaba Manuel Alvarez. Además de afeitar a los vecinos, cumplía labores de médico, con pociones, ungüentos y brebajes provistos por el Cabildo.
Hospital (1611): Era el Hospital San Martín, de la Ciudad o del Rey, y tenía capacidad para veinte enfermos. Comenzó como hospicio para los militares de la guarnición de Buenos Aires, y sólo cuando los soldados dejaban libre alguna cama podían ocuparla los indigentes enfermos.
Comisaría (1826): Funcionaba en Maipú 118, en el barrio de San Nicolás, a cargo del comisario Juan Perichón.
Parque público (1875): Se trata del parque Tres de Febrero, conocido popularmente como los "bosques de Palermo".
Bicicleta (1885): Era un "velocípedo" importado de Francia para la familia Nouguier. Sus llantas eran de acero exigían pedalear con mucha fuerza para lograr avanzar. Dos años después, se abrió la primera bicicletería en la ciudad.
Bautismo (1611): Se realizó en la Iglesia Mayor y la niña se llamaba Antonia Sosa. Intervino el sacerdote Juan Martínez de Macedo.
Casamiento (1611): Los contrayentes fueron Francisco Gery y Francisca Rodríguez, cuya boda se celebró en la misma iglesia y fue oficiada por el mismo sacerdote.
Librería (1759): Estaba ubicada en el barrio San Nicolás y contaba sólo con unos veinte o treinta libros para vender a sus clientes, básicamente a funcionarios virreinales y curas.
Teatro (1783): Era La Ranchería, que recibió su nombre por su cercanía a la zona de ranchos de soldados, negros y aborígenes. En 1792 se incendió por una cañita voladora disparada desde el atrio de una iglesia cercana.
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