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Tango para volar pelucas

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El Chino Laborde y Dipi Kvitko, entrela mística del barrio y la desacralización del género

Por   | LA NACION

 
 

"Somos de la generación que viene a desacralizar el tango, que viene a sacarle un poco de solemnidad, con respeto. Nos podemos reír y joder como lo hicieron Rubén Juárez o Goyeneche, porque el peso emocional de cada una de las piezas es tan grande que, si no, nos matamos todos. Son tangos pesados para la lágrima y eso nos gusta", define el Chino Laborde. Es mediodía y el cantor está desayunando un café con leche con medialunas después de una noche larga con la Orquesta Fernández Fierro. Su compañero, el guitarrista Dipi Kvitko (33), discípulo de Aníbal Arias, lo sigue con la mirada cómplice y acota: "Al Chino le gustan los dramas discepolianos. Su vida es un poco así". Los dos sonríen.

La autenticidad es una de las claves de este dúo, que con tres discos editados, el último Tango Tango Vol. 3. De luxe, conforma una de las parejas más mentadas del circuito. "El espíritu del dúo es el disfrute y la amistad. Con la excusa de tocar viejos tangos vamos buscando nuestro lenguaje y nos tomamos ciertos atrevimientos", cuenta Dipi. Las otras claves del dúo, que esta noche se presenta con un ciclo anual en el CAFF, son ese repertorio de tangos de antaño con una vuelta de rosca, y la mística del vivo. "Nuestros conciertos son como misas de barrio", destaca el Chino.

La dupla de Kvitko y Laborde recrea ese espacio intimista del tango, donde conviven lo social y lo artístico, donde se rompe la barrera del escenario. "El escenario suele ser una barrera para la comunicación, pero creo que nosotros hemos logrado que en el CAFF, un lugar con escenario, se genere esa cosa que se da en lugares como el bar El Faro con Cucuza y sus muchachos, que todos terminen cantando una canción. Mi padrino, que se hizo fanático del dúo, me dijo la otra vez: «Le devolvieron la alpargata al tango, es como era en las pulperías antes o como en esos patios de barrio, donde uno canta con una viola y la gente sale a bailar. Y eso te da una emoción»", dice Laborde, acentuando la frase final.

Un repertorio de tangos, como "Anclado en París", "Nido gaucho", "Destellos", "Sin palabras", "Cascabelito", "Cuando me entres a fallar", "Cicatrices", conforman la base estética de esta propuesta en dúo, que combina la personalidad desprejuiciada del Chino y los arreglos de guitarra de Dipi. "El Chino es el más músico de todos los cantores. Hay mucha gente que canta porque tiene garganta o afina. Otra cosa es cuando el músico canta. Entonces cuando un músico canta uno puede compartir más cosas y no es el tipo que está imitando a Gardel con el traje y la gomina. Humildemente, pero sin pedir permiso, como dice un amigo de Villa Urquiza, tengo la aspiración de que abramos el género. Y con el Chino se puede hacer eso porque interactuamos todo el tiempo, como puede pasar en el jazz. Siempre le digo que tiene una trompeta como garganta." Hay un fondo de cocción profundo en esta amistad musical. La densidad de las piezas que trabajan tienen mucha importancia en la alquimia emocional que produce el dueto. "La mayoría de estos tangos el Chino los conoce hace mil por su propia historia familiar. Pero más allá de que están buenos el Chino te los canta de una manera que uno los siente de verdad", dice el guitarrista.

"Son los tangos que nos gustan. Muchos vienen de esa línea sentimental de tangos que van al corazón. No estamos para el tango de protesta ni los tangos suaves como «Mariposita», que a mí no me gustan porque para mí el tango tiene que tener esa carga emocional que pareciera que te estás muriendo en ese momento."

"El Chino se regodea un poco en sus dramas discepolianos y un poco lo disfruta", ironiza Dipi, y mira a su compañero

"Es un poco así, pero no podría cantar un tango como «El firulete» o valsecitos románticos. Necesito de esos tangos brutales porque el tango pasa por una cosa bien visceral", agrega el Chino.

Dipi confiesa que varias veces Laborde lo hace lagrimear sobre el escenario. "¿Sabés lo difícil que es tocar mientras estás llorando?" En cada recital hay una frase clave. «Yo lo miro a Laborde y le digo: haceme llorar»." Eso siempre funciona.

El Chino Laborde también se deja llevar por esa emoción. "Cuando vos estás cantando es difícil que te lleve la emoción porque estás concentrando en que la obra salga bien, pero acá eso nos pasa. Y creo que ese algo más, que te saca de la máquina, emociona al resto también."

Para este nuevo ciclo en el CAFF (Sánchez de Bustamante 764), el dúo convocará a gente como Guillermo Fernández (hoy, a las 22), Adriana Varela, Raúl Lavié y Rubén Rada, abriendo el juego a nuevos públicos, y dejará descansar los encuentros con sus amigos del dúo Cucuza Castiello y Moscato Luna (otra de las duplas del momento) que arrancan hoy su ciclo en el Bar El Faro. "Cada vez que tocamos con ellos es una fiesta. Lo lindo es saber que ahora hay público para todos.".

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