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Editorial II

La desafiante Corea del Norte

Opinión

 
 

Hasta ahora la aislada, impredecible y peligrosa Corea del Norte -con relación a su programa nuclear y de armas de destrucción masiva- había desafiado abiertamente a la comunidad internacional incumpliendo los tratados internacionales existentes en esa materia, y las resoluciones específicas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero, pese a ello, había mantenido, al menos relativamente, relaciones bastante buenas con la vecina e inmensa China, su proveedora esencial de energía y alimentos, y su socio comercial más importante y una suerte de padrino regional.

No obstante, desde 2006 -cuando hizo su primer ensayo nuclear- este país jamás escuchó las tibias llamadas de atención de China en ese capítulo. En 2009, recordemos, realizó, a pesar de las advertencias de la comunidad internacional, un nuevo ensayo nuclear, siempre de espaldas al mundo entero y en procura de transformarse en una potencia nuclear, capaz de amenazar con sus misiles de larga distancia a cualquier nación del globo, aunque destilando sus profundos resentimientos especialmente contra los Estados Unidos, su "archienemigo".

Por esto, Corea del Norte ha debido vivir bajo un régimen de sanciones económicas que le ha provocado ciertamente perjuicios graves y restricciones severas, pero que no ha detenido su alocada carrera por tratar de alcanzar la ambicionada categoría de potencia nuclear. Con ese inusual perfil, no resulta sorprendente que Corea del Norte haya realizado, hace apenas unos días, un nuevo ensayo nuclear, el tercero, en procura de diseñar una ojiva nuclear pequeña, capaz de ser transportada en sus misiles de largo alcance.

Esta vez, China había sido bastante más concreta. Antes del reciente ensayo había advertido a Corea del Norte que, si lo llevaba a cabo, la relación bilateral sería "revisada". Y que, de concretarlo, podría tener que pagar "un precio muy alto" por el desafío. Corea del Norte no se inmutó ni cambió de curso.

China tiene una relación cercana con Corea del Norte, aunque signada por varias preocupaciones. Por una parte, no quiere que sufra hambrunas ni desestabilizaciones de ninguna naturaleza que pudieran provocar que una verdadera marea humana trate de refugiarse en China. Por la otra, no desea que una península de Corea, reunificada y cercana a los Estados Unidos, esté tan cerca de sus principales centros neurálgicos. Además, no quiere perder el acceso a los puertos norcoreanos, cruciales para el desarrollo de su región nordeste. Por esto las permanentes ambivalencias que han inundado la relación bilateral entre ambas naciones. Por esto también, luego del reciente ensayo, China se limitó a señalar que, pese a todo, mantiene "una oposición firme" al programa nuclear norcoreano.

Corea del Norte sigue desafiando a su vecino inmediato, sin que, a tenor de las circunstancias, su gran padrino regional se haya, al menos por ahora, disgustado demasiado. Desde Pyongyang, el joven y nuevo líder del Partido Comunista local, Kim Jong-un, mantiene el rumbo, pero también la política, conservando asimismo las viejas mañas que caracterizaron el andar de su padre y el de su abuelo..

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