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Entrevista

Iván Petrella: "El peronismo está perdiendo, de manera lenta pero inexorable, su componente emotivo y mítico"

Enfoques

En la Argentina nadie quiere ser de derecha y los intelectuales que pesan con sus reflexiones sobre la opinión pública prefieren ubicarse a la izquierda. Salvo Iván Petrella.

A la hora de discutir con los pesos pesados de la intelectualidad K, allí va este flaco de 43 años, ex profesor de tenis que, sin perder los buenos modales, les presenta batalla en debates públicos y programas de cable a Horacio González, Artemio López, Glenn Postolski o Gustavo López, por nombrar sólo a algunos de los más connotados de la escudería oficial.

Tras su aspecto informal y juvenil, Petrella esconde elevados títulos académicos. Es tan ecléctico como para ser, al mismo tiempo, un experto en teología de la liberación y en política exterior argentina.

Fue profesor asociado en el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Miami y hoy da clases de religiones comparadas en la carrera de Humanidades de la Universidad de San Andrés, y de religión y violencia en la carrera de relaciones internacionales de la Di Tella.

Pero hay una vocación política más allá de su faz docente en Petrella. Y por eso trabaja muy entusiasmado como director académico de la Fundación Pensar, la "usina de ideas" de Pro. Desde allí se asesora a los diputados del bloque partidario, se producen documentos sobre los grandes temas nacionales y se trabaja en un futuro plan de gobierno para la eventualidad de que Mauricio Macri llegue a la presidencia en 2015.

En sus oficinas de la calle Chacabuco, casi Belgrano, mantuvimos el siguiente diálogo:

¿Por qué nadie quiere ser de derecha en la Argentina?

-Aquí tiene un estigma que no hay en otras partes. En Brasil, Chile y Colombia hay partidos de centroderecha que ganan elecciones.Son partidos que gobiernan bien, la gente los vota y no cargan con ese peso. En la Argentina el debate político está totalmente fuera de su centro. Igual, yo soy de la idea de que las nociones sobre derecha e izquierda ya no aplican en el mundo y que a futuro tampoco van a aplicar en la Argentina. La división política va a pasar por otro lado.

-¿Por qué lado?

-Para mí la división es un eje que se da entre pasado y futuro. Por un lado está la clase política, que argumenta desde la izquierda, pero cuya estructura mental representa políticas públicas y una retórica del siglo pasado. Y por el otro lado estamos la gente que vivimos con las preocupaciones del siglo XXI, que son vivir mejor, poder ahorrar, llevarnos bien el uno con el otro. Esta Argentina además es pujante como primer productor de commodities del mundo, exportadora de reactores nucleares; es una Argentina que lanza satélites al espacio, que tiene el mayor número de empresas de biotecnología de América latina. Es la Argentina del siglo XXI, cuyos problemas no pueden ser solucionados por una clase política anclada en las peleas del siglo XX.

-Podrán no llamarse más izquierda ni derecha, pero siempre habrá administraciones que se inclinen más por el estatismo, mientras otras querrán privatizarlo todo...

-Esas divisiones son muy fáciles de enunciar, pero no se relacionan con la realidad. Doy el ejemplo de Sergio Fajardo, que fue alcalde de Medellín y que, según muchos, fue el gran responsable de la transformación de esa ciudad. Cuando asumió en 2004 Medellín era de lejos la ciudad más peligrosa del mundo. Cuando se fue, en 2007, la tasa de homicidios había pasado de 6300 por año a sólo 700. ¿Cómo lo hizo? Por un lado, con un componente muy progresista, que sería de izquierda, porque puso su atención en las zonas más pobres, construyendo los mejores colegios y plazas, para que esas comunidades pudiesen ver cómo iba cambiando esa realidad. Para poder llevar a cabo lo que hizo debió contratar y equipar una cantidad inmensa de policías, porque no se podían hacer esas obras si antes la zona no pasaba a ser controlada por el Estado. Esa política, para muchos en la Argentina, sería claramente de derecha. Pero no es de derecha ni de izquierda. Es una etiqueta que quedó antigua. La meta debe ser facilitarle la vida a la gente.

-Te decía que nadie quiere ser de derecha y ahora te pregunto si la izquierda no existe y tan sólo hay un "relato" que intenta serlo.

-Todo pasa en cómo definís izquierda. Si consiste en una preocupación importante por mejorar la vida de la gente más humilde entonces, desde ese punto de vista, el Gobierno no es de izquierda. El estilo de vida que más ha mejorado en los últimos años es el de sus funcionarios, pero eso no es ser de izquierda. La izquierda moderna busca a través de la gestión, sin mesianismo ni creer que encarna la Patria, mejorarle la vida al vecino y especialmente a la gente más humilde. Desde esa argumentación muchos se reirían, pero quien representaría mejor esa izquierda en la Argentina de hoy sería Pro, ya que es el primer partido en urbanizar villas y otorgar títulos de propiedad, que puso inglés en las escuelas públicas como materia obligatoria, una medida revolucionaria, ya que su dominio es la herramienta principal para moverse en el mundo globalizado, una ventaja que hasta ahora sólo tenían los colegios privados.

¿Por qué creés que Pro no puede ser tomado seriamente como un partido de izquierda?

-Porque hoy en día nos gobierna una retórica que es la izquierda concebida como en los años 70. Para este momento del siglo XXI atrasa literalmente 40 años. Respecto de un flagelo como la inflación, que no existe casi en ninguna parte del mundo, nosotros seguimos preguntándonos si es buena o es mala, y cómo se soluciona, cuando esto ya se sabe.

-Hay en la búsqueda que hace Pro de celebrities como candidatos, un espasmo parecido al del menemismo. Además de ser conocidos, ¿qué otras ventajas agregarían?

-Pro nace como un partido que impulsa una renovación de la clase política. Lo fundamental de la búsqueda de celebrities no pasa tanto por el hecho que sean conocidos, sino por el intento de incorporar figuras nuevas y distintas a los "sospechosos de siempre" que gobiernan la Argentina hace décadas a pesar de sus errores, malos manejos, y la declinación que viene sufriendo el país en sus manos. Por eso, no hay renovación del país sin una renovación de sus dirigentes. Creemos que esa renovación hay que buscarla en todos los ámbitos: el espectáculo, el empresariado, la academia y la política misma. Algunos critican que reclutar famosos es "farandulizar" la política como si los escándalos políticos no dieran de por sí solos para una tragedia televisiva. ¿Por qué no sumar un famoso si es una persona bienintencionada, honesta, con capacidad de escuchar y asimilar lo que le enseñan personas de mayor preparación técnica en distintos temas? Personas así serían un gran aporte al país. Para Pro el intento de sumar gente nueva a la política no se da solamente entre famosos. Se da, casi sin transcendencia en los medios, entre académicos e intelectuales. Federico Sturzenegger, Miguel Braun y Diego Valenzuela son algunos ejemplos. La creación de la Fundación Pensar de parte de Mauricio Macri y liderada por Francisco Cabrera refleja también la seriedad con la cual se encara el proyecto de renovación. Ahí tenemos jóvenes con doctorados y maestrías de las mejores universidades del país y del mundo. No es casualidad que fuéramos elegidos como el segundo mejor think tank partidario de América latina por la Universidad de Pensilvania. Pensar es la única institución argentina en esa lista.

-¿Por que en Europa la demagogia se encarna mejor en líderes de derecha, mientras que en América latina, eso funciona más en los pretendidamente de izquierda?

-Es que, insisto, la división izquierda-derecha confunde. Lo que tienen en común esos líderes es su inclinación populista. En Europa tiene que ver con uno de los grandes temores que subsisten y que es el tema de la inmigración y la problemática religiosa, donde se ve al islam como una amenaza. Y yo creo que es un error.

-¿Por qué?

-La inmigración musulmana en Europa es una gran esperanza para el futuro religioso del mundo porque de ahí surgirán nuevos líderes musulmanes con un islam que se va a adaptar realmente de manera productiva al siglo XXI.

-Desde el prejuicio, el islamismo encarnaría una ortodoxia extrema y peligrosa.

-Pero de la misma manera que es un error pensar que Pro es de derecha, es un error pensar que el islamismo está ligado al extremismo. El islam como religión cuenta con muchas tendencias y corrientes. Tiene mucho más prensa la parte fanática que la gran mayoría, tolerante y progresista. El surgimiento de inmigrantes dentro de países donde son minoría va a llevar hacia una identidad intelectual teológica que hará del islam una de las fuerzas progresistas más importantes del siglo XXI, la segunda religión entre las más grandes del mundo.

-¿Qué consecuencias puede traerle a la Iglesia la renuncia de Benedicto XVI?

-La necesidad de definir una postura ante el hecho de que el catolicismo es una religión principalmente del mundo en vías de desarrollo. Un 42% de lo católicos del mundo residen en América latina, un 15% en África y un 11% en Asia, pero estas dos regiones son las de mayor crecimiento. Sólo el 7% de los católicos del mundo habitan en América del Norte, mientras que un 24% vive en Europa. Todo hace pensar que es sólo una cuestión de tiempo antes de que las necesidades del mundo en desarrollo pasen a dominar la agenda del Vaticano. Confirmar que se reconocen estas realidades sería la elección de un papa proveniente de las regiones donde el catolicismo florece. Otra consecuencia es la necesidad de definir si se quiere una Iglesia más abierta a los cambios que se están dando en muchas sociedades. El Concilio Vaticano II, por ejemplo, intentó adaptar a la Iglesia, ponerla al día si se quiere. Pero también abrió la puerta a demandas que los papas que vinieron después, entre ellos Juan Pablo II, trataron de cerrar. Demandas de cambio en temas como la homosexualidad, el anticonceptivo y el sacerdocio femenino, entre otras.

¿El peronismo es una religión?

-Hay componentes simbólicos y emotivos que se asemejan a una religión. El peronismo tiene en Perón su Dios y en Evita su Virgen María. Tiene santos como Rodolfo Walsh aunque lo sea solamente para el peronismo de izquierda y la división entre los que forman parte del grupo y los que no, tan característica de las religiones. El peronismo tiene peregrinajes, o sea, las grandes marchas y movilizaciones, un credo como las veinte verdades, sus canciones como la marcha, y su misa, que sería el estadio lleno y la ovación de los fieles. Además, el líder peronista generalmente se presenta como una figura carismática, un profeta, que se legitima por su cercanía espiritual a Perón. Por eso dentro del peronismo gobernar es encarnar la voluntad popular; el gobernante pasa al frente como la cara visible del pueblo y su persona importa más que su gestión.

-¿Y esto va a ser siempre así?

-Cambios irreversibles en la sociedad argentina están haciendo que el peronismo pierda, de manera lenta pero inexorable, este componente emotivo y mítico. Hoy el electorado es más volátil y pragmático, le interesa poco la política y no se guía por ideologías. Surge una generación democrática. Todo argentino nacido a partir de 1965 votó siempre y si nació a partir de 1983 tiene 30 años y vivió siempre en democracia. Además, en 2015 alrededor del 50% del electorado tendrá cuarenta años o menos. Por primera vez en nuestra historia surge una mayoría que nunca convivió con Perón. Se acaba el contacto directo con el fundador de la religión peronista. Estos cambios demográficos significan que vamos a ir dejando atrás, con nuevas generaciones de argentinos, los mitos del pasado, así como sus divisiones y rencores. Sé que la "larga agonía de la Argentina peronista" es realmente larga y nada de lo que digo significa que se acabe el peronismo como partido o la derrota segura de sus candidatos, pero sí creo que presagia el fin de su mística cuasi religiosa.

-Si el acuerdo con Irán previsiblemente no llega a gran cosa en Teherán, ¿qué pierde la Argentina y que gana Irán?

-De ninguna manera se puede votar a favor de este acuerdo. No sólo porque el rechazo de la opinión pública es casi total, sino también por cómo lo ha encarado nuestro gobierno. En primer lugar, una cosa es esclarecer datos fundamentales y otra es negarse a hacerlo o dar la impresión de que ni siquiera se han pensado. ¿Quiénes serán nuestros representantes? No es lo mismo elegir a individuos reconocidos por sus conocimientos jurídicos y políticos, además de sus cualidades morales, que caer en amigos ideológicos del Gobierno. Segundo, una cosa es este acuerdo habiendo dialogado con Israel, un país con el que nos unen fuertes lazos de amistad, y otra es crear, de forma unilateral, una pelea cuando nos pide información a través de los canales diplomáticos normales. Tercero, una cosa es impulsar un acuerdo con Irán en un contexto de buenas relaciones con Occidente, y otra es cuando hemos sembrado conflictos con Europa, Estados Unidos, Israel, y nuestras alianzas internacionales son dudosas incluso para los estándares de nuestra subregión. Como viene la mano, haciendo las cosas mal como hasta ahora, la Argentina perdería aún más credibilidad a los ojos del mundo..

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