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El análisis

Golpe al corazón del relato

Buenos Aires

La contundencia del mensaje de los familiares de las víctimas de la tragedia de Once y de reconocidos representantes de organizaciones de derechos humanos, como el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel y la principal referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas , impactó de lleno en el gobierno nacional y demostró que a muchos argentinos que probablemente votaron en su momento a Cristina Kirchner se les cayó la venda del relato oficial.

Los abucheos e insultos hacia la Presidenta y algunos de sus funcionarios, a quienes se caracterizó como "asesinos de escritorio"; las comparaciones entre su gobierno y el menemismo, y los "nunca más", que llenaron de simbolismo las demandas de justicia expresadas ayer, no serán olvidados fácilmente.

El 22-F es ya en una fecha emblemática, como el 13-S y el 8-N, en el camino de buena parte de la sociedad que trata de construir un modelo diferente, alejado de la corrupción, de la impunidad, de la inseguridad y del miedo. Y no debería descartarse que entre muchos de los ciudadanos de a pie que ayer protagonizaron el reclamo al Gobierno esté el germen de una renovación política.

Si algo le molesta al gobierno kirchnerista es que lo corran por izquierda. Y aunque el derecho a viajar seguros no es de derecha ni de izquierda, resulta claro que en las diferentes manifestaciones del multitudinario reclamo de justicia producido ayer no se hallaban los supuestos sectores "destituyentes" o de "derecha" a los que el relato K les endilga sus infortunios.

La tragedia ferroviaria de Once sigue conmoviendo a toda la sociedad, probablemente porque le pudo haber tocado a cualquiera, más allá de sus 51 muertos y sus más de 700 heridos, a quienes hay que sumar desde hace poco al maquinista Leonardo Andrada, uno de los testigos importantes en la causa judicial, misteriosamente asesinado en Ituzaingó. Este último episodio instaló nuevamente el tema del miedo, como lo manifestó ayer el actor Manuel Callau, quien participó de los actos y señaló: "Siempre uno tiene miedo cuando se expone: a quedarse sin trabajo, a que te pase algo o que le pase algo a tu familia. Pero el miedo tiene que servir para avanzar, porque si no nos paralizamos".

Las sospechas que despertó el crimen de Andrada en la opinión pública potenciaron los temores de que, una vez más, pudiera triunfar la impunidad.

Para avalar tal presunción hay que recordar que, a poco de producida la masacre de Once, Cristina Kirchner instruyó al ministro Julio De Vido para que el Estado nacional se presentara como querellante en la causa judicial, algo que hubiera impedido que funcionarios gubernamentales pudieran ser investigados como responsables de lo sucedido junto al grupo concesionario del Ferrocarril Sarmiento. La Justicia, finalmente, rechazó ese pedido del Gobierno.

Tampoco puede olvidarse que el 29 de noviembre de 2010, en Mercedes, la propia Presidenta elogió públicamente a Claudio Cirigliano, concesionario de la línea, durante el anuncio de un tren de doble piso. Habló de confort y afirmó: "Cuando el Estado subsidia este tipo de emprendimientos, está dando calidad de vida y agregando valor a lo que cada uno de ustedes cobra en su salario". Hoy el propio Gobierno ha dado signos del agotamiento de su modelo de capitalismo de amigos sustentado en la subsidiocracia, y está girando hacia el estatismo.

Los excesos del relato oficial se convirtieron en un búmeran para Cristina Kirchner. Varios familiares recordaron ayer que desde el Gobierno se sugirió que en Once hubo muertos porque ahora hay más trabajo y, por ende, muchos más usuarios de trenes. También se recordó que la Presidenta atribuyó al pago de las deudas derivadas del corralito bancario la insuficiente inversión en infraestructura, ocultando los millonarios subsidios que la concesionaria de Cirigliano recibió del Estado. Desde 2004 hasta el día de la tragedia, el Estado transfirió a las empresas de transporte público el equivalente a unos 16.000 millones de dólares en forma de subsidios, sin incluir a Aerolíneas Argentinas. En el mismo período, ignoró olímpicamente advertencias de la Auditoría General de la Nación sobre los peligros que finalmente desencadenaron la masacre. Por eso esta vez, la jefa del Estado no pudo impedir que la rozara el escándalo..

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